REGOYOS, NUESTRO IMPRESIONISTA VIAJERO
El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid dedica una fantástica exposición a la obra de Darío de Regoyos.
ART MADRID
Abril 22, 2014

Finales del s. XIX: pérdida de colonias, inestabilidad política, económica y social, gobiernos depuestos, regencias, intentos de reforma estériles y una larga lista de desdichas. Podría ser suficiente para que Darío de Regoyos, animado por amigos conocedores de las posibilidades del exterior, decidiera pasar gran parte de su vida en Bruselas y París, aunque siempre realizó numerosos viajes a España.

Su biografía lo emparenta con los grandes precursores del arte de vanguardia de la época. James Ensor, el grupo de Les XX, Pizarro, Seurat, Signac, describieron con su pintura la época patria a la vez que buscaban nuevas formas estéticas y representativas. Las nuevas corrientes se abrían en el mercado artístico europeo, no siendo así en España. El academicismo influyente en la estética y temática hacía difícil que los muchos artistas que disfrutaron la experiencia europea pudieran desarrollar las novedades.

 

“La España Negra”, libro de 1899 escrito por el poeta belga Émile Verhaeren e ilustrado por Darío de Regoyos, fruto de un viaje por distintas comarcas de Castilla, retrataba la realidad social dividida entre la tradición y modernidad. Más allá de la connotación negativa del calificativo (habría años después un concepto de “España Blanca” asignada a Sorolla, por el ensayista Aureliano de Beruete) era un intento regenerativo del ámbito cultural español. El testigo lo tomaría Zuloaga, quien profundiza más en una pintura casi tenebrista de los tipos castizos de la época, o José Gutiérrez Solana, pintor y escritor, que recorrió las grandes ciudades como excusa para describir la falta de modernización y las anquilosadas prácticas religiosas, entre otros destacados artistas de múltiples ámbitos.

El contenido de las obras de Regoyos irá tomando fuerza respecto a la técnica pictórica. Sus inicios belgas están marcados por el interés sobre los efectos de la luz y las formas. La ciudad y los adelantos tecnológicos que conoce en Bruselas son el contrapunto para desarrollar una etapa posterior más simbólica: la “España Negra” de pincelada post-impresionista y gran colorido, viaja a lo más profundo de las tradiciones. El desarrollo de obras gráficas reafirmó la temática social, aunque por otro lado, siempre estuvo interesado en la pintura de paisaje, quizás por su formación inicial con Carlos de Haes o por la libertad que le ofrecía pintar “au plein air”.

Son muchos los nacidos en España de finales del s. XIX que ayudaron a impulsar el arte moderno como hoy lo conocemos. Regoyos en particular, no era un virtuoso de la paleta, más bien era simple y reiterativo. Pero cumple una de las reglas del artista ibérico: preocupación por mejorar su tierra natal. Vivió una larga temporada en Vizcaya y luego se trasladó a Barcelona, falleciendo poco después. Se han hecho múltiples exposiciones conmemorando el centenario de su muerte (1913) que ponen en valor la importancia de un artista que se codeó con los mejores artistas de la época.

En el Museo Thyssen-Bornemisza hasta el 1 de junio podéis disfrutar de una muestra comisariada por Juan San Nicolás experto en el pintor, que recorre ampliamente su carrera artística.

 

 

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