PELLO IRAZU Y LA RENOVACIÓN DE LA ESCULTURA VASCA
“Panorama” es el nombre de la exposición del escultor vasco Pello Irazu, que podréis visitar hasta el 25 de junio en el Museo Guggenheim de Bilbao. La muestra reúne más de un centenar de obras que recorren toda la trayectoria del escultor vasco, quien durante treinta años ha experimentado con todo tipo de materiales, para dar vida a sus especiales creaciones.
EXPOSICIONES
Mayo 3, 2017

Pello Irazu La tierra que duerme, 1986. Acero y óleo 66 x 120 x 39 cm. Colección Soledad Lorenzo. Depositada en MNCARS © VEGAP, Bilbao, 2017

 

 

Pello Irazu (Guipúzcoa, 1963) es un artista español de origen vasco. Conocido por sus dotes escultóricas, también realiza dibujos y murales. Influenciado por el también escultor vasco Jorge Oteiza, el espacio y su influencia en las prácticas artísticas, es un referente en la renovación de la escultura vasca de los años 80. Una de las características principales de su obra es la experimentación con los materiales, buscando la emoción del espectador más que la imagen que proyecta.

 

 

Pello Irazu El buen maestro (sobre la mesa siendo un pedazo de madera)

 

 

Sus esculturas alternan propuestas tridimensionales mínimas con híbridos objetuales y con grandes instalaciones. “Panorama” no es solo una exhibición de escultura, también muestra fotografía, dibujo y pintura mural. Irazu ahonda en la problemática entre las múltiples relaciones entre nuestro cuerpo con las imágenes, los objetos y el espacio. La exposición ha sido articulada por el propio escultor y parte de una serie de fotografías tomadas por él mismo. El germen de esta muestra es su primera obra en acero, la cual cubre su contundencia con una capa de pintura añadida.

 

 

El artista Pello Irazu (Andoain, 1963), ante una de sus obras en el Guggenheim

 

 

El muro y su función ante el espectador son dos cuestiones a tener en cuenta. La pintura mural y la ubicación de los diferentes objetos dotan de un nuevo significado a dicha construcción literaria. Ya en los años 90, Irazu se traslada a Nueva York y comienza a trabajar con otros materiales como el tablero contrachapado o el plástico. Estas texturas, representan a la perfección el guiño a los espacios domésticos. Reconstruir objetos cotidianos de forma discontinua despierta en el espectador una doble sensación de afecto y extrañamiento que cambia el significado de dichos objetos.

 

 

Pello Irazu Feliz, 1988. Construcción en acero y óleo 22 x 22 x 14 cm. Colección particular, Barcelona © VEGAP, Bilbao, 2017

 

 

En el año 2000 vuelve a Bilbao e inicia una nueva fase de producción donde recurre a formas sugerentes para el espectador, que insinúan una sensación de familiaridad, ambigüedad y extrañeza. Un artista volcado en la innovación, que supo dar un nuevo aire al concepto de la escultura vasca. Ahora, se le reconoce en su tierra, en el Museo Guggenheim de Bilbao, hasta el 25 de junio.

 

 

 

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