ArtFutura en Madrid

 

 

Una nueva edición de ArtFutura comienza hoy, 28 de octubre, con el  tema «De la Realidad Virtual al Internet 3D». Más de 20 ciudades alrededor del mundo participan en el festival presentando lo último en 3D, virales, motion graphics y nuevas estéticas. Se trata de un festival en red en el que todas las ciudades adscritas comparten el mismo tema, catálogo, página web y programa audiovisual. En la actualidad, ArtFutura está presente en: Alicante, Bangkok, Barcelona, Berlín, Bogotá, Buenos Aires, Granada, Ibiza, Londres, Madrid, México DF, Miami, Montevideo, Murcia, París, Palma de Mallorca, Punta del Este, Saint-Brieuc, Santiago de Chile, Tenerife, Torino y Zaragoza.

Desde su creación en enero de 1990, ArtFutura ha recogido los proyectos y las ideas más importantes surgidas en el panorama internacional del new media, el diseño de interacción, los videojuegos y la animación digital, tratando de mostrar que, desde los inicios del nuevo milenio, arte y ciencia transitan por caminos paralelos.

 

 

 

 

En Madrid, ArtFutura se celebra en la Fundación Telefónica durante este fin de semana. Siete bloques temáticos conforman la programación de la presente edición: Premiere Artfutura 2016, que presentará en versión original subtitulada una selección con lo más destacado del festival; Hacia una realidad expandida, con un programa especial dedicado al tema de este año; 3D Futura Show, que incluye las obras internacionales de animación digital más relevantes de 2016 y refleja la evolución de este nuevo campo creativo; Futura graphics con el pase de cortometrajes, virales, videoclips y otras obras que abordan nuevas estéticas y lenguajes; Artworks, una nueva sección dedicada a instalaciones new media y su documentación mediante los nuevos sistemas de grabación y edición; Feeding the web, un bloque dedicado a mensajes y obras audiovisuales producidos directamente para la web; y Playground, minidocumentales «ferozmente rápidos» y diseñados para ser consumidos a través del smartphone y ser viralizados de forma inmediata.

La entrada al festival es libre hasta completar aforo. Para participar, reserva tus entradas en la misma web de artfutura. Las entradas son independientes para cada una de las jornadas.

 

 

Todos conocemos la famosa frase “una imagen vale más que mil palabras”. Y así es en muchas ocasiones. Nuestra realidad se alimenta de multitud de imágenes que consumimos a diario en la era de la sobreinformación. Según datos recopilados en 2017, cada minuto se suben 65.000 fotos a Instagram, 400 horas de vídeo a Youtube y 243.000 imágenes a Facebook. Las estadísticas habrán variado un poco en estos dos años, pero siempre al alza. Precisamente por ello, a veces cuesta poner en valor la fotografía como disciplina artística, ya que existe la noción, comúnmente extendida, de que obtener una buena imagen está al alcance de todos. Por eso nos preguntamos ¿cuál es el futuro de la fotografía en el siglo XXI?

Primera imagen de la historia con una persona, de Louis Daguerre, 1838

Repasando la historia de la fotografía, no debemos olvidar que en sus inicios no era considerada propiamente una disciplina artística. A mediados del siglo XIX, la captura de la imagen se veía como un alarde técnico que permitía congelar un instante del tiempo para el recuerdo, con una finalidad más bien documental y de registro histórico que como una creación genuina. Esta técnica carecía de las cualidades atribuidas tradicionalmente a las obras de arte: no había una factura manual, no era necesaria formación previa, no se producía nada nuevo y se limitaba a reproducir la realidad.

Robert Doisneau, “La Dame Indignée”, 1948 (imagen de 1stdibs.com)

La expansión de la fotografía para hacer retratos, y la progresiva sustitución de la pintura para estos fines, coincidió en el tiempo con el movimiento naturalista, que abogaba por una representación objetiva de la realidad desprovista de las composiciones rebuscadas y la permanente búsqueda de los cánones de belleza tradicionales. La fotografía se adaptaba tan bien a este movimiento que supuso de hecho un gran impulso para su expansión. A esto se sumaron algunos avances técnicos del momento que contribuyeron a la popularización de esta disciplina, cada vez más accesible y portátil, con cámaras más pequeñas y fáciles de mover fuera de los cuartos oscuros de los fotógrafos de retratos.

Jeff Wall, “Invisible man”, 1999-2000 (imagen de MoMA)

Actualmente, nadie pone en duda que la fotografía sea arte. El problema radica en mantener la integridad de una disciplina con unos contornos tan imprecisos entre lo que el artista puede hacer y lo que está al alcance de todo aquel que tenga, no ya una cámara, sino un teléfono móvil. Incluso cuando la fotografía se hizo enormemente popular, a partir de la década de los 50 del siglo pasado, las imágenes mantenían el encanto de la captura espontánea, de los retazos de vida auténtica robados a sus protagonistas, de la magia de lo que se salva del olvido en un segundo de tiempo donde coinciden casualidad y pericia. Con el paso de los años, los fotógrafos se fueron quejando de que ya no había esa espontaneidad en la gente, la sobreprotección de la imagen propia resta naturalidad a las composiciones y hay menos fotos que surjan del azar.

Isabel Muñoz “Sin título”, de la serie “Agua”, 2017.

Es cierto que los tiempos imponen nuevas pautas. La fotografía contemporánea avanza gracias a la sofisticación de los propios equipos y al uso de otras herramientas que permiten tomar imágenes jamás pensadas antes. Además de esto, la propia idea en torno a esta disciplina ha cambiado, y comienzan a distinguirse subgéneros. Algunos de ellos tienen una vocación claramente artística mientras que otros buscan un mensaje distinto, más orientado al documental o al reportaje. No es por eso extraño que algunos artistas aborden proyectos fotográficos con dos fases de creación, y que produzcan primero sus propios escenarios de los que luego toman la imagen. La hibridación con las técnicas digitales también es muy común, si bien se suele distinguir entre la auténtica fotografía, tomada tal cual, y la composición digital, cuando está más intervenida. Es difícil predecir qué derroteros seguirá la fotografía en los próximos años, pero una cosa que jamás ha cambiado es la curiosidad que el ser humano siente por sus congéneres y el poder que una mirada sincera tiene en nosotros mismos. Eso nunca cambiará.