ARRANCA CASA//ARTE, ESPÍRITU INNOVADOR POR SEGUNDO AÑO

ARRANCA CASA//ARTE, ESPÍRITU INNOVADOR POR SEGUNDO AÑO

Venus Grotto 20, Sergio Belinchón. Galería Invaliden

 
 
Se ha inaugurado este jueves, la segunda edición de CASA//ARTE, Feria de Iniciación al Coleccionismo que, después del éxito del año pasado, vuelve con propuestas frescas y de calidad.
 
La feria de arte contemporáneo CASA//ARTE se estrenó en 2012 en el COAM de Madrid como una novedosa apuesta por incentivar a los nuevos coleccionistas y por acercar la adquisición de arte contemporáneo a más público, además de darle al coleccionista experto nuevas propuestas e interesantes oportunidades. Ahora, del 12 al 15 de diciembre, la feria ha trasladado su espíritu innovador a la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles con 40 galerías y más 150 artistas nacionales e internacionales.
 
Entre las galerías participantes se encuentra Blanca Soto, 3 Punts, AJG Contemporary Art Gallery, Blanca Berlín, Siboney, La Zúa, BAT, Rafael Pérez Hernando, Marita Segovia, Galería Alegría, 6más1, Mondo Galería o la berlinesa Invaliden.
 
Dentro del espacio compartido con el Programa General de CASA//ARTE estrenan, además, THEWALLPROJECT, nueva sección en la que las galerías expondrán obra con un precio inferior a 800 euros… para ayudar a hacer regalos navideños con mucho arte.
 
El Comité de Selección de este año ha estado formado por Blanca Berlín, Juan González de Riancho, los coleccionistas José Serrano Suñer y Enrique Vallés, el artista Eugenio Ampudia y Javier Martín, director de la plataforma Hablarenarte.
 
Para las apuestas más jóvenes, CASA//ARTE ha desarrollado el espacio SOLO PROJECT//ABSOLUT COLLECTION que expone obra de artistas emergentes que no están representados por ninguna galería. Mesas redondas, ponencias y talleres completan el programa de la feria.
 
CASA//ARTE cierra y pone la guinda a las ferias de arte contemporáneo de Madrid de 2013 y da el relevo a la Semana del Arte Contemporáneo de la capital, en febrero de 2014.
 
 
ENLACE PÁGINA DE LA FERIA: http://www.casaarte.es/

 

Todos conocemos la famosa frase “una imagen vale más que mil palabras”. Y así es en muchas ocasiones. Nuestra realidad se alimenta de multitud de imágenes que consumimos a diario en la era de la sobreinformación. Según datos recopilados en 2017, cada minuto se suben 65.000 fotos a Instagram, 400 horas de vídeo a Youtube y 243.000 imágenes a Facebook. Las estadísticas habrán variado un poco en estos dos años, pero siempre al alza. Precisamente por ello, a veces cuesta poner en valor la fotografía como disciplina artística, ya que existe la noción, comúnmente extendida, de que obtener una buena imagen está al alcance de todos. Por eso nos preguntamos ¿cuál es el futuro de la fotografía en el siglo XXI?

Primera imagen de la historia con una persona, de Louis Daguerre, 1838

Repasando la historia de la fotografía, no debemos olvidar que en sus inicios no era considerada propiamente una disciplina artística. A mediados del siglo XIX, la captura de la imagen se veía como un alarde técnico que permitía congelar un instante del tiempo para el recuerdo, con una finalidad más bien documental y de registro histórico que como una creación genuina. Esta técnica carecía de las cualidades atribuidas tradicionalmente a las obras de arte: no había una factura manual, no era necesaria formación previa, no se producía nada nuevo y se limitaba a reproducir la realidad.

Robert Doisneau, “La Dame Indignée”, 1948 (imagen de 1stdibs.com)

La expansión de la fotografía para hacer retratos, y la progresiva sustitución de la pintura para estos fines, coincidió en el tiempo con el movimiento naturalista, que abogaba por una representación objetiva de la realidad desprovista de las composiciones rebuscadas y la permanente búsqueda de los cánones de belleza tradicionales. La fotografía se adaptaba tan bien a este movimiento que supuso de hecho un gran impulso para su expansión. A esto se sumaron algunos avances técnicos del momento que contribuyeron a la popularización de esta disciplina, cada vez más accesible y portátil, con cámaras más pequeñas y fáciles de mover fuera de los cuartos oscuros de los fotógrafos de retratos.

Jeff Wall, “Invisible man”, 1999-2000 (imagen de MoMA)

Actualmente, nadie pone en duda que la fotografía sea arte. El problema radica en mantener la integridad de una disciplina con unos contornos tan imprecisos entre lo que el artista puede hacer y lo que está al alcance de todo aquel que tenga, no ya una cámara, sino un teléfono móvil. Incluso cuando la fotografía se hizo enormemente popular, a partir de la década de los 50 del siglo pasado, las imágenes mantenían el encanto de la captura espontánea, de los retazos de vida auténtica robados a sus protagonistas, de la magia de lo que se salva del olvido en un segundo de tiempo donde coinciden casualidad y pericia. Con el paso de los años, los fotógrafos se fueron quejando de que ya no había esa espontaneidad en la gente, la sobreprotección de la imagen propia resta naturalidad a las composiciones y hay menos fotos que surjan del azar.

Isabel Muñoz “Sin título”, de la serie “Agua”, 2017.

Es cierto que los tiempos imponen nuevas pautas. La fotografía contemporánea avanza gracias a la sofisticación de los propios equipos y al uso de otras herramientas que permiten tomar imágenes jamás pensadas antes. Además de esto, la propia idea en torno a esta disciplina ha cambiado, y comienzan a distinguirse subgéneros. Algunos de ellos tienen una vocación claramente artística mientras que otros buscan un mensaje distinto, más orientado al documental o al reportaje. No es por eso extraño que algunos artistas aborden proyectos fotográficos con dos fases de creación, y que produzcan primero sus propios escenarios de los que luego toman la imagen. La hibridación con las técnicas digitales también es muy común, si bien se suele distinguir entre la auténtica fotografía, tomada tal cual, y la composición digital, cuando está más intervenida. Es difícil predecir qué derroteros seguirá la fotografía en los próximos años, pero una cosa que jamás ha cambiado es la curiosidad que el ser humano siente por sus congéneres y el poder que una mirada sincera tiene en nosotros mismos. Eso nunca cambiará.