Art Madrid'26 – La Galería Arancha Osoro estará en Art Madrid15

La galería de arte contemporáneo Arancha Osoro, inaugurada en abril de 2012, ocupa un lugar privilegiado en el centro de la ciudad de Oviedo. Situada frente al Hotel Reconquista, la galería es más que un lugar de exposición, un espacio creativo con diversas propuestas artísticas y culturales para acercar el arte actual al público y hacerlo de manera activa, estimulando los sentidos, y encendiendo la imaginación.

Bernardo Sanjurjo. Sin título.

 

Dirigida y fundada por Arancha Osoro, su propuesta es sencilla en esta época de constantes cambios, con los nuevos soportes multimedia y las nuevas realidades que nos rodean, "por eso es necesario que el arte se acerque a nosotros de una manera más estimulante y activa", asegura Osoro, y se propone descubrir nuevos artistas, ayudarles a a subir, conseguir que se consagren y promover los nuevos soportes, multimedia, fotografías, vídeo, sin olvidar el arte más tradicional.

Oliver Montesinos. Nena.

 

En la feria de Arte Contemporáneo Art Madrid'15, la galería Arancha Osoro, espacio creativo, participa con una propuesta muy fresca en la que cuenta con obra de Adolfo Manzano, Bernardo Sanjurjo, Marta Fermín, Oliver Montesinos, José Ferrero y dos de nuestros artistas favoritos este año y de los que os ampliamos brevemente la información: Iria do Castelo y Guillermo Ocio. Para ambos, está será una de sus primeras exposiciones en Madrid. ¡Bienvenidos!

Iria do Castelo. Tetera que ríe.

 

Iria do Castelo (A Coruña, 1977). Especializada en Escultura y en Estampa y obra gráfica contemporánea, su trabajo abarca la escultura, ilustración, obra gráfica e instalación. Se trata de una figuración de corte surrealista que evoca poderosamente libros de hadas, bestiarios mágicos y añosas estampas de otro tiempo. Apasionada del libro-objeto, en su iconografía se pasean Mark Twain, Lewis Carroll, Jules Verne,?Henry Holiday, John Tenniel… con gran influencia del lowbrow art o el surrealismo pop entre otras.

 

Guillermo Ocio Forascepi. La escritura del agua.

 

Guillermo Ocio Forascepi (Oviedo (1963). Formado en el taller experimental de Humberto y pulido en varias disciplinas artísticas, Guillermo Ocio alimenta siempre su afan constructivo. Al artista le ineteresan las claves del movimiento y el lenguaje de las formas y de los colores, lo que le lleva a usar el círculo esencial y el rojo como elementos estructurantes y compositivos, o el azul cobalto, de fondo marino, como símbolo de una obra que cada vez adquiere mayor profundidad, es más segura y no se deja arrastrar como la espuma de los días.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.