La galeria Fernando Latorre en Art Madrid\'15

Obra de Fabio Camarotta.

 

De raíces zaragozanas, la galería Fernando Latorre se fundó en 1991 en la ciudad aragonesa y en ella desarrolló una intensa labor de promoción de jóvenes talentos durante más de una década. En 2003 Fernando decide dar el salto a la capital, abriendo un espacio consagrado al arte contemporáneo en Doctor Fourquet, eje central del barrio de las artes de Madrid. En 2012 llega una nueva etapa en esta trayectoria y se aventura a abrir un amplio local en Rivas Vaciamadrid, al tiempo que mantiene su sede en Doctor Fourquet. El espacio de Rivas ofrece una superficie de 200 m2 totalmente consagrada a la promoción y exposición de sus artistas, un local diáfano cuyas paredes nunca estás desnudas.

 

Obra de Daniel Merlin.

 

La Galería Fernando Latorre acude a Art Madrid’15 con obra de: Fabio Camarotta, Belin, Eok Seon, Soo Koo y Daniel Merlin.

Fernando sabe identificar a jóvenes artistas con una perspectiva prometedora. Entre ellos podemos mencionar a Daniel Merlin, pintor de 30 años que fue galardonado recientemente con el premio BMW de Pintura. Nació en Buenos Aires, donde comenzó su contacto con el arte y sus primeros estudios de pintura. Después, da el salto al viejo continente y estudia con la pintora Emma Gans en Madrid y acude al taller de dibujo y pintura de la Casa de la Cultura de San Lorenzo de El Escorial, a cargo del pintor Álvaro Sellés. Los retratos de este artista, de grandes dimensiones, producen un fuerte efecto de atracción y desconcierto. Emplea la técnica con un resultado semejante a un enorme collage, fraccionando los rostros, seccionando, a modo de teselas pictóricas, las facciones y el gesto, sin faltar nunca a la esencia del retratado. Los fondos neutros de sus piezas ayudan a potenciar este efecto de contraste y a remarcar la importancia de las miradas y las expresiones.

 

Obra de Eok Seon.

 

Por otro lado, cabe mencionar la novedosa propuesta del artista coreano Eok Seon, quien, exiliado de su ciudad natal, tras un largo periplo personal por varios países en búsqueda de una estabilidad emocional y vital, decide instalarse definitivamente en Madrid en 1993. Centrado de lleno en la escultura y en el trabajo con la geometría y el espacio, emplea diversos materiales que van de la madera al cristal. Su obra se encuentra actualmente en numerosas colecciones públicas y privadas, como la Fundación Privada Allegro (Madrid), la Fundación Casa Museo “A Solana” (Pontevedra), el Schema Art Museum de Chong Ju (Corea del Sur) y varias colecciones particulares en Las Vegas e Indianápolis (EE.UU.), entre muchas otras.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.