INK AND MOVEMENT EN ART MADRID’18, ART PROJECTS & ARTIST MANAGEMENT

Ink and Movement es un grupo de profesionales movidos por su pasión por el nuevo arte contemporáneo y el compromiso con sus artistas y en #ArtMadrid18 son uno de los principales colaboradores.

Okuda San Miguel. Mural 'Kaos Temple'

Que Okuda San Miguel sea Artista Invitado en la 13ª edición de Art Madrid ha sido una apuesta por el futuro del arte y ha sido posible gracias al trabajo de Ink and Movement, pioneros en la organización de grandes eventos de arte urbano, expertos en gestión de proyectos artísticos junto a marcas comerciales, creadores de iniciativas culturales inimaginables y, sobre todo, indiscutibles aliados de los artistas en el desarrollo y promoción de su trabajo.

Ink and Movement trabaja en el desarrollo y promoción de las carreras de artistas contemporáneos y les conectan con instituciones, promotores y grandes marcas comerciales a nivel global para llevar su trabajo a todos los rincones del mundo, ayudándoles con la difusión de su carrera. Así lo hacen con Okuda San Miguel, Spok Brillor, Daniel Muñoz… y muchos otros a los que hemos visto crecer exponencialmente en los últimos años de la mano de Ink and Movement, responsables también de que las marcas se alíen con la creación artística y sean cómplices de la cultura participando activamente en ella.

Theriomorphisme

No son una agencia, ni una galería, Ink and Movement se definen como ART PROJECTS & ARTIST MANAGEMENT, ese es su moto, su lema, son comisarios, gestores culturales, creadores de eventos únicos y motores imparables que impulsan la carrera de algunos de los artistas más significativos de nuestros días. Ink and Movement es un proyecto en constante evolución y búsqueda de nuevos retos, y ArtMadrid quiere contagiarse de su fuerza.

Art Truck Project

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.