Art Madrid'26 – ALBERT OEHLEN SOBRE LA MUERTE DE LA PINTURA

Sin título, 1994. Serigrafía y acrílico sobre lienzo. Albert Oehlen

 

 

Albert Oehlen, Renania 1954. Comenzó su formación en la Escuela Superior de BB.AA. de Hamburgo, más tarde recibió conocimientos sobre publicidad y esto impulsó su carrera artística. Comenzó hacia los años 80 en el seno de una generación de artistas tan conocidos como Martin Kippenberger o Werner Büttner. Este grupo de inconformistas no ocultaban su desacuerdo con la ideología dominante de su época. En cuanto a su obra, hay que destacar sus comienzos dentro del expresionismo abstracto en el “Neue Wilde”, obras de gran tamaño con un marcado tono de crítica social.

 

 

Sin título (Cabeza de idiota) 1988. Óleo sobre lienzo. Albert Oehlen

 

 

El tema principal del artista es la libertad artística. Esta fuerza, se ve reflejada en su obra con la incorporación de nuevas técnicas que hacen un guiño al pasado y generan una sensación novedosa, que articula un discurso tanto diferente como familiar. Con su trabajo, Oehlen aporta su pequeño granito de arena hacia el debate suscitado a finales del S.XX sobre la muerte de la pintura. Su respuesta, seguir pintando, ese es su medio de expresión y de protesta.

 

 

Sin título (Árbol 1) 2013. Óleo sobre Dibond. Albert Oehlen

 

 

La muestra que presenta en el Museo Guggenheim de Bilbao, comisariada por Petra Joos, explora hasta qué punto somos capaces de ver más allá de la obra del artista. Una de las características de dicha puesta en escena es la diversidad entre las diferentes etapas de la exposición, igual que la obra de Oehlen es dispar y familiar a partes iguales. El núcleo común las une y las complementa articulando un discurso antológico del artista.

 

 

Óleo sobre lienzo. Albert Oehlen

 

 

La exposición, “Albert Oehlen: Detrás de la imagen” muestra toda la esencia de este genio reconocido por todos como un célebre artista de posguerra, exhibe su complejidad pictórica. La muestra, no pretende ser una retrospectiva sino una declaración de intenciones que podéis disfrutar hasta el 5 de febrero de 2017. Las partes, “Autorretratos”, “Pinturas por ordenador”, “Pinturas abstractas” y “Árboles” se completan con una serie de actividades que revelan todas las claves internas de la exposición.

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.