Un ciclo cultural para reflexionar sobre la historia del activismo LGTBIQ

 

 

Aunque hoy en día hablar del colectivo LGTB es habitual y se han superado (por fortuna) muchas barreras sociales sobre el entendimiento, asimilación e integración de este grupo, lo cierto es que sigue habiendo un amplio desconocimiento sobre la naturaleza de la problemática transgénero. De hecho, ya no se habla de LGTB, sino de LGTBIQ, para incluir en estas siglas una realidad que no es nueva, pero que solo en tiempos recientes ha empezado a entenderse y atenderse por el conjunto de la sociedad.

 

 

 

 

La iniciativa reúne los trabajo de activistas, artistas e investigadores en un programa que reúne talleres, exposiciones, cine, música y performances. Pero el ciclo quiere también documentar los cambios producidos en la conciencia colectiva, el tratamiento político y la construcción cultural en relación al colectivo desde la Transición democrática. El objetivo es ahondar en la visibilidad de este grupo con una perspectiva histórica para entender su diversidad desde una dimensión sociológica y política, y cuál ha sido su evolución en los últimos cuarenta años.

 

 

 

 

La programación se ha articulado en torno a tres localizaciones principales: el Centro Cultural Conde Duque, CentroCentro y Matadero Madrid. La dirección artística del proyecto ha estado a cargo de Fefa Vila Núñez y se enmarca dentro de la programación del World Pride 2017 del Ayuntamiento de Madrid.

Precisamente en estos días la Cineteca de Matadero Madrid acoge la proyección del documental “Talking back. Memorias transfeministas queer/cuir”. La obra se centra en entender esta figura, que toma su nombre directamente del inglés y ha desarrollado un significado evolucionado más allá del sentido peyorativo de “raro” asociado a la homosexualidad que tradicionalmente se le atribuía al término.
 

 

 

 

 

Y hasta el 1 de octubre está abierta en CentroCentro la exposición “Nuestro deseo es una revolución. Imágenes de la diversidad sexual en el Estado español (1977-2017)”, que recoge en imágenes la evolución del activismo del colectivo desde la primera manifestación reivindicativa por los derechos de gays y lesbianas en 1977.

 

Las imágenes están tomadas de la página oficial del Ayuntamiento de Madrid donde se explica el ciclo.

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.