Art Madrid'26 – LEXUS RZ POR MARTA DE LA FUENTE EN ART MADRID'25: ¡BUEN PROVECHO!

LEXUS RZ POR MARTA DE LA FUENTE EN ART MADRID'25: ¡BUEN PROVECHO!

Lexus participa por segunda ocasión en Art Madrid, sumándose a la celebración de los veinte años de arte contemporáneo de la feria del 5 al 9 de marzo en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles. Este año, la marca da un paso más en su compromiso con el arte y la creatividad, presentando una instalación artística que desdibuja los límites entre el diseño, la tecnología y la expresión visual. En colaboración con la reconocida artista Marta de la Fuente, Lexus transforma su modelo RZ en una obra de arte en movimiento, fusionando dos universos que comparten filosofía, sensibilidad y pasión: la gastronomía y la cultura de España y Japón.


Intervención de Marta de la Fuente. Lexus RZ. Art Madrid'25. Imagen cortesía de Lexus.


La pieza titulada Itadakimasu ("¡Buen provecho!" en japonés) es un homenaje a la experiencia de viajar a través de los sentidos. Marta de la Fuente plasma en el Lexus RZ un collage visual que evoca momentos culinarios emblemáticos de ambos países, conectando paisajes, sabores y emociones. La comida es, después de todo, un lenguaje universal, un puente entre ambas culturas.

El concepto de la instalación nos transporta a esos instantes de placer que surgen al descubrir un nuevo plato, una mesa compartida o un paisaje que se despliega ante nuestros ojos mientras avanzamos por la carretera. Las imágenes proyectadas sobre el vehículo y las paredes del stand recrean este diario de viaje visual. Podemos ver estampas de un campo verde con casas tradicionales de Shirakawa, un plato de ramen inolvidable, unos nigiris de salmón, un cocinero entregado a su arte, unas gambas en una taberna castiza de Madrid, unas gildas compartidas con amigos, una copa de vino, una sonrisa cómplice. Cada imagen, cada destello de luz sobre la superficie del Lexus RZ, es un fragmento de memoria, una invitación a redescubrir el placer del viaje y la gastronomía como experiencias transformadoras.


Shokunin. 160 x 110 cm. Óleo sobre lienzo. 2025. Imagen cortesía de Lexus.


Pero Itadakimasu no solo es un homenaje a la cocina y el viaje, sino también una exploración del movimiento como expresión artística. El propio Lexus RZ se convierte en símbolo de trayecto y descubrimiento, integrando la sensación de velocidad, los paisajes en constante cambio y las personas que encontramos en el camino. A través del uso de proyecciones en movimiento, la instalación juega con la percepción y la distorsión, generando un efecto visual dinámico que refuerza la idea del viaje como una sucesión de instantes fugaces. Esta técnica, conocida como anamorfosis, permite que cada espectador experimente la obra desde una perspectiva única, recordándonos que los recuerdos no son lineales, sino fragmentos que se superponen y reconstruyen en nuestra memoria.


La participación de Lexus en Art Madrid es parte de la II Edición del Lexus Art Month, una iniciativa que refuerza su vínculo con la escena artística contemporánea.Desde su fundación en 1989, Lexus ha sido sinónimo de lujo, tecnología e innovación, pero también de una visión que trasciende el sector automotriz para abrazar la creatividad en todas sus formas.


Con Itadakimasu de Marta de la Fuente, Lexus invita al espectador a participar de una experiencia sensorial donde el viaje y la gastronomía se convierten en arte. Una celebración de la tradición, el movimiento y la memoria, del placer de saborear y descubrir el mundo con cada kilómetro recorrido.



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CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.