PARADOJAS VISUALES: UN ENGAÑO PARA LOS SENTIDOS

Las paradojas se refieren a situaciones o razonamientos que escapan de la lógica que el sentido común señala, produciendo un efecto de contradicción e incertidumbre que nuestro subconsciente rechaza como verdadera. El arte ha dado también muestras de preocuparse por esta cuestión y algunos creadores han querido jugar a engañar nuestros sentidos con imágenes imposibles y trucos visuales. El acierto, en estos casos, es que las obras resultantes son perfectamente reales, pero las ideas plasmadas son inverosímiles y nos obligan prestar especial atención a lo que vemos.

Escher, “Ascending and Descending”, 1960

Los juegos de perspectivas y las ilusiones ópticas se alimentan de los esquemas que nuestra mente tiene implantados tras años de observación e interacción con el entorno. Tendemos a encasillar las cosas que vemos dentro de las pautas de normalidad y frecuencia que nuestros sentidos nos dictan. Así, si analizamos una forma similar a un cubo, nuestro cerebro reconstruye las caras que no vemos para crear una imagen mental de la figura. Son precisamente estos mecanismos los que permiten las paradojas visuales, las perspectivas imposibles y las falsas apariencias.

Dibujo anamórfico del artista húngaro István Orosz

Este es también un extenso campo de expresión en operaciones de cálculo matemático y de juegos geométricos. En muchos de estos acertijos se esconde una trampa imperceptible que engaña a la razón y nos impide ver la realidad. Nada es lo que parece. Y nuestra lógica está poco acostumbrada a que la confundan con trampantojos y golpes de efecto. Sin embargo, este puede ser un buen aliciente para potenciar el pensamiento alternativo y forzarnos a enfocar las cosas desde nuevos puntos de vista.

Fotograma de “Origen”, de Christopher Nolan, 2010

Aunque el uso de este tipo de recursos parece más propio del circo tradicional y la magia, concebidos para distorsionar la realidad, no deja de ser un elemento de gran impacto que, usado con pericia, produce un golpe de efecto genial. Así lo hizo Christopher Nolan en la película Origen, donde los protagonistas debían trabajar su imaginación para crear laberintos visuales de los que poder huir en caso de necesidad, como las escaleras circulares que ascienden de forma infinita, algo, obviamente, imposible.

Escultura paradójica de Nancy Fouts

Un artista que ha trabajado mucho esta idea es Escher. Su obra está plagada de juegos visuales que confunden al espectador y que desafían las leyes de la gravedad y de nuestro (previsible y conocido) espacio tridimensional. Esa es la ventaja del dibujo, que permite trazar estas ilusiones ópticas sin limitación alguna sobre el papel. Otros artistas exploran el campo de las paradojas conceptuales, y crean piezas con ideas contrapuestas en trabajos que muchas veces esconden una lectura humorística de la realidad, porque las contradicciones también sirven para eso (¿qué es, sino, la ironía o el sarcasmo?). Un verdadero regalo para los sentidos.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.