Art Madrid'26 – PERFORMANCE: VOY RASPANDO LA HOJA Y LA VOZ. VALENTINA ALVARADO MATOS

RAÍCES AFUERA. CICLO DE PERFORMANCE X ART MADRID'25

Art Madrid celebra veinte años de arte contemporáneo del 5 al 9 de marzo de 2025 en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles. Durante la Semana del Arte, se convierte en una plataforma expositiva para galerías y artistas nacionales e internacionales. En esta edición, con el propósito de ofrecer un espacio de enunciación para los artistas que trabajan en torno a las artes performativas, la feria presenta Raíces Afuera, un ciclo de performance que explora las nociones de pertenencia y la necesidad de arraigo en un mundo contemporáneo caracterizado por la fragmentación, el desplazamiento y la desconexión. Situado en el contexto de la feria como un espacio crítico y reflexivo, el proyecto desafía la relación del individuo con su entorno, su comunidad y su sentido de identidad.


PERFORMANCE: VOY RASPANDO LA HOJA Y LA VOZ. VALENTINA ALVARADO MATOS

7 de marzo | 19:00h. Galería de Cristal del Palacio de Cibeles.


Propiedades de una esfera paralela. Doble proyección 16mm. 2020. Valentina Alvarado Matos.


voy raspando la hoja y la voz es una pieza que fusiona imagen, texto y sonido para crear un recorrido sensorial y conceptual sobre la memoria del paisaje. En ella, la voz se convierte en un relato fragmentado, un hilo que teje recuerdos personales mientras reflexiona sobre cómo los paisajes se desplazan, se transforman y se reconfiguran a través del tiempo y del espacio. El viaje, lejos de ser lineal, se presenta como un paseo que transita entre lo tangible y lo simbólico, desdibujando los límites entre el lugar físico y el lenguaje que lo describe. La obra también se ocupa de cómo ciertos territorios son representados, descritos o distorsionados desde otros puntos de vista, cuestionando las narrativas dominantes. El lugar que se explora no solo es un territorio, jardín, parque o bosque, sino también una construcción lingüística, un espacio que se reimagina a través del lenguaje, invitando a reconsiderar las fronteras entre lo físico y lo simbólico, entre lo real y lo narrado.


Notas y apariciones. Libreta de apuntes . 2021/2024. Valentina Alvarado Matos.


SOBRE VALENTINA ALVARADO MATOS

Valentina Alvarado Matos (Maracaibo, Venezuela, 1986) es una artista que explora la imagen en movimiento con una mirada crítica hacia la diáspora, el paisaje y el gesto. Su obra ha sido exhibida en importantes espacios como Artium, LIAF Bienal, IFF Rotterdam, Punto de Vista, Ambulante, Loop, Cinemateca Madrid, entre otros. Ha sido residente en Hangar, La Escocesa, Cultura. Resident, LIFT Toronto y Matadero.

En 2024, presenta su trabajo en Barcelona con Carlos Vásquez Méndez en el otro aquí en La Capella y totalmente rostro en La Virreina Centro de la Imagen. Además de su práctica artística, ha impartido clases en instituciones como Massana, Eina, Universitat de Barcelona, La Universidad del Zulia, LAV, CC Albareda, EICTV en Cuba, entre otros. Sus films forman parte del catálogo de distribuidoras como Light Cone, XCèntric y Hamaca, y su obra ha sido incluida en el libro Remains–Tomorrow Themes in Contemporary Latin American Abstraction de Cecilia Fajardo-Hill.

La práctica artística de Valentina Alvarado Matos se centra en la materialidad y fragmentación de la imagen, empleando diversos medios con un énfasis en las cualidades táctiles de la película. Le interesa cómo los materiales dejan huellas del tiempo y la memoria. El cine y la cerámica, disciplinas en las que trabaja, requieren procesos manuales que implican tiempo y paciencia, como manipular bobinas, amasar arcilla o cortar y empalmar tiras de película. Estos métodos deliberados contrastan con la producción rápida, y tanto la artesanía como el cine se vinculan estrechamente con gestos y procesos táctiles en sus enfoques conceptuales y formales. El collage ocupa un lugar central en su obra, permitiéndole superponer fragmentos de imágenes y materiales para explorar y deconstruir significados simbólicos, especialmente en torno a la identidad diaspórica, el paisaje y la pertenencia. La superposición no solo es una técnica en su estudio, sino también un método narrativo que establece diálogos entre el paisaje y el cuerpo, lo personal y lo político, lo macro y lo micro.




CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.