Art Madrid'26 – DI_FOOD diseño y gastronomia en Matadero Madrid

 

 

 

Gastronomía y diseño se pueden disfrutar en la Central de Diseño / DIMAD de Matadero Madrid con las propuestas de DI_FOOD, una iniciativa de la Asociación de Diseñadores de Madrid para explorar todas las interacciones posibles entre estas dos disciplinas.

Buscar experiencias gastronómicas, compartirlas con el público, generar nuevas relaciones entre artistas, creadores, cocineros y alimentos… En DI_FOOD se exploran las sinergias entre gastronomía y diseño con talleres, charlas, demostraciones y exposiciones con diseñadores como Luis Úrculo o Marre Moerel y chefs de la talla de Sacha Hormaechea, responsable de las cocinas del Sacha, para generar, por ejemplo, Tapas Como Haikus o Foodigamis con la cocinera japonesa Yoka Kamada y la maestra de origami Origlam.

 

 

 

 

Ahora, y hasta el 19 de julio, dentro del marco de DI_FOOD, se puede degustar la exposición TAPAS, comisariada por Juli Capella, en la que se pueden ver algunos de los grandes iconos del diseño español vinculado a la gastronomía. Un recorrido dividido en 4 ámbitos: Cocina, Mesa, Comida y Vinos, que demuestra cómo el diseño, la tradición, la gastronomía, la ciencia, la vanguardia, el arte y la innovación han ayudado a resolver muchas cuestiones relacionadas con la alimentación.

 

 

Botijo La Siesta de Héctor Serrano y La Mediterránea.

 

 

La muestra resalta en especial cómo la cultura española ha aportado inventos y soluciones ingeniosas a lo largo de su historia, soluciones funcionales pero también artísticas que se han convertido en piezas de exposición y motivo de análisis y ensayo. Las piezas van desde el objeto más pequeño como un salero, pasando por la vajilla, el mobiliario y la decoración interior de restaurantes, hasta llegar a la arquitectura, con ejemplos singulares de bodegas españolas. Sin olvidar, grandes nombres de la cocina española cuyas técnicas han revolucionado la gastronomía mundial y han incentivado el diseño de nuevas herramientas y utensilios.

 

 

Tabla para cortar pan de Curro Claret.

 

Y no paran, porque en septiembre presentarán “BIG FooD / Grrrreat market”, un evento gastronómico de tres días con las propuestas más innovadoras que surgen al unir grandes de la gastronomía con grandes del diseño. Una muestra llena de experimentación, imaginación y talento al servicio del gusto.

 

Vajilla Food on The Table de Marre Moerel.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.