Llega a París la muestra ?México 1900-1950. Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias?, con la exhibición de 203 obras.

Diego Rivera, Río Juchitán, 1953-1955 – México, Museo Nacional de Arte, INBA Asignación al Instituto Nacional de Bellas Artes a través del Sistema de Administración y Enajenación de Bienes de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2015

 

 

El Grand Palais de París, la Secretaría de Cultura de México, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Museo Nacional de Arte de México (MUNAL) se han asociado para organizar la exposición titulada “México 1900-1950. Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco y las vanguardias”.

Reflejo de sus múltiples raíces culturales, la muestra recoge la esencia de la identidad mexicana y la diversidad creativa de los artistas de la primera mitad del siglo XX. Según Agustín Arteaga, comisario de la muestra, “es verdaderamente una exposición dedicada a establecer una nueva narrativa sobre el arte mexicano y tratar de quitar esos clichés de que todo ocurre exclusivamente con la revolución y de que sólo existe un arte que tiene que ver con lo político y lo social”.

 

Frida Kahlo, Autorretrato con pelo corto, 1940 -  Nueva York, The Museum of Modern Art. Don d’Edgar Kaufmann, Jr., 1943

 

A través de cuatro núcleos temáticos, –"México antes de la Revolución", "México y la revolución", "Las otras caras de la escuela mexicana" y "Reencuentros entre dos mundos: hibridaciones"–, este magno proyecto acerca a sus visitantes obras maestras de Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Manuel Álvarez Bravo, Saturnino Herrán, Francisco Goitia, Roberto Montenegro, Marius de Zayas, entre otros.

Varios museos e instituciones públicos y privados de primer nivel mundial han tenido que sumar esfuerzos con sus préstamos para dar a luz esta ambiciosa exposición, entre ellos el Metropolitan y el Moma de Nueva York, la Tate de Londres, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, a los que se suman las aportaciones de varios coleccionistas de España, Estados Unidos, Inglaterra y Argentina.

 

José Clemente Orozco, El Muerto, 1925-1928 - México, INBA, Museo de Arte Carrillo Gil

 

Compuesta por 119 obras pictóricas, 27 esculturas, 25 dibujos, 11 grabados, 19 fotografías y dos videos, esta es “la exposición más grande yo creo dedicada a la historia del modernismo de México que se presenta en París, incluso más que la del 1953 y la del 2000, que eran unas visitas panorámicas que cubrían desde los períodos arqueológicos hasta nuestros días”, agregó el comisario.

Entre las piezas destacadas de la exposición encontramos Autorretrato con pelo corto de Frida Kahlo, el mural Río Juchitán de Diego Rivera, El Muerto de José Clemente Orozco, y Nuestra Imagen Actual de David Alfaro Siqueiros.

 

David Alfaro Siqueiros, Nuestra Imagen Actual, 1947 - México, INBA, Colección Museo de Arte Moderno.

 

Al evento de apertura, encabezado por la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu y la ministra francesa de Cultura, Audrey Azoulay, asistieron personalidades del mundo de la cultura, la política y la diplomacia de ambos países. Con esta iniciativa los gobiernos de Francia y México ponen en relieve los diálogos artísticos y los intercambios culturales que han mantenido a lo largo del tiempo y mantienen en la actualidad los dos países.


La muestra podrá visitarse en el Grand Palais de París hasta el 23 de enero de 2017.

 

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.