Masquelibros V Feria del Libro de Artista

 

 

Es un objeto?¿Es un libro?¿Es un poema visual?¡Sí! y ¡No! porque es todo éso y mucho más, es el Libro de Artista, una disciplina muy influida por el surrealismo, las cajas collage, y los objetos encontrados del arte conceptual y profundamente enraizada con el mundo editorial. El libro de artista se ha hecho hueco en el panorama de la creación contemporánea y MASQUELIBROS se ha convertido en el punto de reunión de artistas, críticos, aficionados y coleccionistas de este género.

 

 

 

 

 

 

Para Asela Pérez BecerriL, directora de la galería Espacio Valverde y este año miembro del jurado del concurso MQL:  “Un libro de artista es un infinito dentro de otro infinito, me gusta la metáfora de la incertidumbre que supone crear algo dentro de lo creado. Valoro la semilla desde la que se desarrolla la idea y la manufactura porque, no olvidemos, un libro principalmente se toca y se ve”.

 

 

 

 

MASQUELIBROS celebra su 5ª edición los días 20, 21 y 22 de mayo en la BPM Eugenio Trías, antigua Casa de Fieras de El Retiro, con cerca de 80 expositores y una nutrida agenda de actividades para acercar el Libro de Artista a todos los públicos y demostrar la riqueza contemporánea y la versatilidad de esta disciplina. Este año han elegido como Artista Emergente  a Ana Vázquez-Anamusma (sí!! nuestra educadora en los Talleres Infantiles de #ArtMadrid!) que expondrá una selección de su obra y presentará dos piezas nuevas: “Soy texto” y “Vendo, cambio, busco”, una pieza participativa que se irá configurando los días previos a la feria a través de Twitter y RRSS.

 

 

 

 

Además, en MASQUELIBROS podremos disfrutar la magnífica pieza ‘La Perfecta Casada’, una instalación de 19 metros de largo de Elena del Rivero (Valencia, 1952), actualmente una de las voces imprescindibles del arte contemporáneo nacional e internacional y que tiene una particular relación con el Libro de Artista.

 

 

La feria se completa con una enorme agenda de actividades paralelas, conferencias en colaboración con el Museo Reina Sofía, mesas redondas, talleres y masterclass sobre edición y sobre collage (gracias a la colaboración de Miluca Sanz y la Asociación Madrileña de Collage) y una selección de instalaciones comisariada por Susana Blas que, además, forma parte de la Bienal Miradas de Mujeres con una relectura sobre el feminismo. Entre las editoriales presentes este año en MASQUELIBROS destacan NOCAPAPER, DUCKOUTMAGAZINE, CURADOR, Blankpaper, Libros del Zorro Rojo, Hilatina Editorial, Sopa Americana, Ed. Sonrisas, Ediciones Deciliosas/Edición Limitada… pero también habrá proyectos personales como Metaficciones, del artista David Trullo.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.