Art Madrid'26 – NOVELAS Y CUENTOS, MANOLO PRIETO

Las portadas de Manolo Prieto (1940-1957) en el Museo Nacional de Artes Decorativas

 

 

Este pintor y dibujante español de origen gaditano (1912-1991) comenzó su andadura en Madrid hacia el año 1930, aquí comenzó a trabajar como dibujante y diseñador en varias agencias de publicidad. Todo un pionero en el campo del diseño gráfico, se le conoce principalmente por diseñar el “toro” de la campaña de Osborne. Este emblema pasó a relacionarse con el imaginario colectivo de los pueblos de España. Junto a este símbolo, también ha trabajado para marcas tan representarivas como Iberia, Renfe, Danone, Frigo, Nestle?, Santa Luci?a o Trasmediterra?nea. 

 

 

Las portadas de Manolo Prieto (1940-1957) en el Museo Nacional de Artes Decorativas

 

 

 

La exposición es un homenaje a toda su carrera, con más de 200 obras. Comisariada por Juan Aguilar y Emilio Gil, ofrece un gran número de actividades que se desarrollarán a lo largo de este periodo. La afluencia es para público de todo tipo, ofreciendo así una gran oferta para la difusión de la obra de Prieto. “Lo que cuenta Novelas y Cuentos. Las portadas de Manolo Prieto (1940-1957)” acerca al espectador al trabajo más desconocido del dibujante. 

 

 

 

Las portadas de Manolo Prieto (1940-1957) en el Museo Nacional de Artes Decorativas

 

 

La colección, perteneciente a la editorial Dédalo, cuenta con 618 portadas que comprenden 17 años de soluciones compositivas pioneras para su época. Gracias a sus aportaciones en el diseño gráfico, muchas de las técnicas con las que se cuentan hoy en día han podido ser editadas y mejoradas. No sólo de portadas se compone la exposición, sino que les acompañan bocetos y pruebas de imprenta conservados por la Fundación Manolo Prieto.

 

 

 

Las portadas de Manolo Prieto (1940-1957) en el Museo Nacional de Artes Decorativas

 

 

 

Su trabajo se caracteriza por aportar un gran valor al campo de la investigación de las vanguardias históricas, más que amoldarse a los cánones publicitarios de su época. Todo un visionario que supo dar su propia voz a las marcas y hacerse un hueco en la historia. 

 

 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.