Art Madrid'26 – Teresa Lanceta Adios al Rombo La Casa Encendida

 

 

La artista Teresa Lanceta (Barcelona, 1951) creció artísticamente rodeada de la vanguardia y el arte conceptual de los años 70 y sentía que, entre tanta individualidad y profundidad, faltaba algo de arraigo a la tierra, algo de oralidad, algo de piel y tradición… Tejiendo fue investigando en este código primigenio que conecta a colectivos de todo el mundo y de todos los tiempos, a la vez que permite una libertad creativa y formal sin límites, trenzada de tradiciones, ecología, artesanía y con un “crear colectivo, más allá del genio personal”, como recalca la propia artista.

 

 

 

 

Fue en 1995 cuando descubrió a las mujeres tejedoras nómadas del Medio Atlas. “Me quedé consternada. Allí vi un lenguaje extraordinario, absolutamente creativo y vivo. Yo llevaba muchos años tejiendo… y de pronto encontré en este sentido a auténticas compañeras”, asegura Lanceta. “Creo en la universalidad absoluta del arte y estas personas y estas técnicas dan sentido a mi concepción de la creación artística y de su capacidad de transmisión de lenguaje”, añade.

 

 

 

Así nació Adiós al Rombo, la muestra que hasta el 18 de septiembre se puede ver en La Casa Encendida de Madrid, una colección de alfombras, cojines, colchas, capas,... tejidos que en su silencio y su peso hablan de una tradición ancestral de mujeres reunidas que narran la Historia, con mayúsculas, de su pueblo. Su aproximación al tejido se centra en los elementos formales, en lo que los tejidos tienen de original y propio, su trama, su repetición de patrones, su código; al mismo tiempo que en el tiempo del tejido se cuentan e incorporan historias, lo narrado, lo vivido… Los tapices, explican en el texto de la comisaria Nuria Enguita, “trascienden su finalidad decorativa o su funcionalidad simbólica: forman parte de un modo de vida y un saber ancestral y cotidiano, y como tales despliegan su poder ornamental y artístico.”

 

 

 

Adiós al Rombo recoge obras de sus dos anteriores exposiciones e incluye tapices, pinturas, dibujos, un texto y una serie de vídeos realizada a partir de entrevistas con mujeres de la región o familiares emigrantes en España. Junto al trabajo de Lanceta, la exposición muestra documentos sobre el arte popular limítrofe al Sáhara y sobre el trabajo de jóvenes artistas que se interesan por las artesanías y las migraciones. 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.