Art Madrid'26 – Theo Jansen. Criaturas Asombrosas en Fundación Telefónica

 

 

“El mar no hace más que subir, y esto amenaza con hacer retroceder los límites de nuestra tierra hasta donde estuvieron en el medievo. Y todos sabemos que en ese minúsculo trocito que nos va a quedar poco podremos hacer. Por tanto, la gran cuestión es: ¿cómo hacer llegar más granitos de arena  a nuestras dunas? Sería fantástico si tuviéramos unos animales que removieran la arena de nuestras playas, que la arrojaran al aire, para que, a continuación, el viento se encargara de llevarla hasta las dunas”. Con estas palabras, el holandés Theo Jansen (1948, Scheveningen) hablaba por primera vez de sus criaturas en un periódico, entonces eran sólo un proyecto de ingeniería con mensaje ecológico y destinado a frenar algunos de los efectos del cambio climático. Sin embargo, sus Strandbeest, las Bestias de la Playa empezaron a tener vida propia, más allá de las manos de su creador.

 

 

 

 

Las esculturas cinéticas de Theo Jansen se componen de tubos plásticos de las instalaciones eléctricas, de cañas, botellas,... materiales industriales que toman forma de rudimentarios esqueletos gigantes y que se mueven gracias al viento que corre por las playas holandesas. Estos seres caminan por la arena, evolucionan en nuevas generaciones y mueren apenas pasado un año, convirtiéndose en artísticos fósiles de la era postmoderna. Jansen, que se formó como ingeniero y científico en la Universidad Tecnológica de Delft, quedó fascinado por el libro “El relojero ciego”, del zoólogo británico Richard Dawkins, sobre la teoría de la evolución y la selección natural de las especies y decidió crear criaturas cada vez más autosuficientes y autónomas, capaces de sobrevivir y perpetuarse en su hábitat.

 

 

 

 

 

 

Ahora, en Espacio Fundación Telefónica, en la exposición THEO JANSEN. ASOMBROSAS CRIATURAS, se pueden ver y tocar 13 de sus 40 sus creaciones vivas y fósiles, con nombres tan evocadores como Ordis, Currens Vaporis, Currens Ventosa, Rhinoceros Tabulae o Percipiere Primus...

 

 

 

“Las barreras entre el arte y la ingeniería existen sólo en nuestra mente”, asegura Jansen.  Pero las suyas son más que esculturas cinéticas que proporcionan experiencias estéticas a través del movimiento. Las Strandbeest nacen de un proceso creativo que mezcla la matemática ( trece “números sagrados” que Theo Jansen calculó hace 25 años con un ordenador Atari y que indican la longitud de los tubos que componen las patas y definen la peculiar forma de caminar de los animales de playa), la ecología (el contacto con la naturaleza y los materiales lleva a Jansen a inventar cada animal) y la evolución biológica (Theo las bautiza en un cajón de madera en octubre, dan sus primeros pasos durante el invierno, en primavera se liberan en la playa y al terminar el verano, las criaturas expiran). El objetivo de este meditado proceso: crear criaturas más veloces, más complejas y más autónomas. Hoy, Theo Jansen trabaja (desde 2006) en “Cerebrum”, una criatura dotada de antena y podómetro que le permitirá evitar obstáculos y alejarse del agua.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.