ALFOMBRAS QUE SE DERRITEN O UNA MIRADA AL PASADO, DE FAIG AHMED

Cuando maestría, imaginación y originalidad van de la mano, no podemos sino quitarnos el sombrero ante una obra. Así es el trabajo del artista Faig Ahmed, que fusiona tradición con contemporaneidad en sus impresionantes alfombras trenzadas, piezas que obligan a mirar atentamente y a analizar la confección y el mensaje que nos trasmiten.

Retrato de Faig Ahmed con una de sus obras (imagen de Sarah Benet, en www.animationpagoda.com)

Faig Ahmed (Azerbaiyán, 1982) es un creador incansable cuya obra rescata una de las principales señas culturales de esta región del mundo, conocida, al igual que otros países del entorno, por sus magestuosas alfombras, una tradición que se remonta varios milenios atrás como un signo de identidad colectiva hasta convertirse en un referente mundial. Sus dibujos hipnóticos de composición simétrica, que a veces semejan elementos mirados a través de un caleidoscopio, se desplieguan en capas tejidas de colores vivos con enorme impacto visual.

Faig Ahmed, obra de la serie "Liquid" (imagen www.animationpagoda.com)

Esta práctica sintetiza toda la historia del pueblo persa hasta convertirla en un símbolo cultural que transmite un amplio conocimiento acumulado a lo largo de los siglos. Esta tarea ha estado tradicionalmente atribuida a las mujeres, que siguen patrones de color y composición hasta dar el acabado perfecto que todos conocemos. La obra de Faig Ahmed es una forma de homenagear este trabajo meticuloso e invisible y ofrecer una relectura que tiene puentes con el pasado.

El artista de graduó en Bellas Artes en Baku, en la especialidad de escultura, y aunque su producción es muy diversa, se ha hecho célebre por sus trabajo con alfombras, un tipo de piezas con las que fue presentado en el pabellón de Azerbaiyán de la bienal de Venecia en 2007. Hoy, forma parte de importantes colecciones y museos alrederor del mundo.

Faig Ahmed, “Secret Garden”, 2017, (imagen de voltashow.com)

Como él mismo explica, el objetivo es canalizar el arte conceptual, con una fuerte base de abstracción colorista, a través de técnicas tradicionales, alejadas de lo que es habitual en el ámbito de las artes visuales. En su opinión, es imprescindible mirar al pasado para hallar esa conexión mística y espiritual que trata el paso del tiempo y nuestra ubicación en el momento de la historia. Su trabajo plantea una pregunta abierta sobre lo que es cierto y lo que no, lo que debería ser, lo que realmente vemos, y lo mucho que le debemos a nuestra herencia cultural para estar hoy donde estamos.

Faig Ahmed, "Set Your Life On Fire" (imagen de www.inverse.com)

El resultado es una obra ecléctica, que mezcla disciplinas y técnicas, en proyectos de grandes dimensiones sobre los que trabaja previamente en ordenador. Una tarea de descomposición y deconstrucción que lleva a cabo con gran inspiración para dar lugar a algo completamente nuevo y fascinante.

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.