Art Madrid'26 – Art Madrid\'14 Javier Rubio Nomblot

Supongo que es lógico interrogarse periódicamente sobre la utilidad del arte cuando uno se dedica en exclusiva a él. He observado que las respuestas no varían mucho; tampoco suele ser demasiado el tiempo que se tarda en encontrar una respuesta útil, es decir, adaptada a las circunstancias. Este vértigo, por lo demás, no es muy distinto de lo que hoy llamaríamos el síndrome del lienzo en blanco.

Lo obvio e inútil –“el arte no sirve absolutamente para nada” (Bloom)- no es una respuesta, sino más bien la pregunta; porque evidentemente, desde esa perspectiva maximalista, nada sirve absolutamente para nada –empezando por la existencia del hombre y del cosmos- así que, superado el síndrome de la máxima, el trabajo podría consistir, por ejemplo, en detectar señales mínimas, pequeños destellos. Esto no es muy difícil: es un hecho que el arte aporta cosas y cualquiera que dedique una tarde a recorrer unas cuantas galerías sabrá sin lugar a dudas que su forma de comprender el mundo ha cambiado imperceptiblemente.Habitualmente, para resolver el problema, empleo este sistema: es el más económico.

Si bien este tipo de estrategia permite seguir –la vida y la maquinaria productiva le conceden al ciudadano común un tiempo limitado para resolver sus pequeñas crisis cíclicas; si uno quiere dedicarse por entero a ellas debe hacerse nini, diríamos hoy-, deja casi todas las preguntas sin responder, por lo que las “crisis” se reproducen. La lectura, la acumulación de datos y argumentos, las hace mutar: se vuelven más resistentes; acaso más frecuentes, porque las preguntas son cada vez más numerosas e insistentes. A medida que las lecturas y las obras se vuelven más exigentes, los problemas que plantean los autores son más complejos. De nuevo: los cambios que producen en el espectador son más perceptibles.

Cuando di mi primer paseo por Art Madrid´14, recién terminado el montaje, me pregunté si el arte que estaba contemplando me ayudaba a ver y comprender el neomundo en el que creo vivir desde hace unos cinco años. La primera respuesta fue que no. No es tanto que la “crisis económica” en la que al parecer estamos inmersos alimente estrategias conservadoras e incluso, en el “arte emergente” de otras ferias, “vueltas al dibujo” o actitudes de austeridad extrema como el “chinchetismo” más lánguido y amanerado, cuanto que no hay preguntas acerca de la utilidad del arte en el neomundo y, consecuentemente, acerca de la razón de ser de la propia estructura –uno de los llamados “sistemas del arte” (Dickie). Por eso pensé, de inmediato: faltan las razones por las que el coleccionista debería comprar arte.

En una feria como ARCO, este tipo de discurso en gran medida huelga: el arte de la razón cínica (Foster) postwarholiano, que a lo largo de más de dos décadas ha ahondado de forma eficaz y sistemática en las relaciones entre historia, arte y mercado, no solo posee hace mucho su épica propia y sus paradigmas espectaculares –“la subasta de Hirst”, etc..- sino que, al coincidir en el tiempo con el nacimiento súbito –e inesperado- del neomundo “global”, pero también con la práctica universal de la “magia financiera”, con la apoteosis de los “fenómenos especulativos” y, finalmente, con la “crisis económica” europea y norteamericana, ha sentado las bases para una total racionalización del mercado del arte, al convertir a la obra de arte en un activo más, destinado a formar parte de cualquier fondo de inversión que se precie, adecuadamente regulado, equilibrado y diversificado. Hasta tal punto que, a raíz de la “crisis hipotecaria” norteamericana –e instantáneamente mundial-, el arte se ha convertido en un activo interesante (además de interesante). Este fenómeno, tan sugestivo, ha dado lugar a noticias y a una abundante bibliografía básica (Thompson, Thornton, Lindemann, etc..) conocida ya a nivel popular. ARCO –desde luego debemos felicitarnos por ello- forma parte de ese circuito del gran coleccionismo internacional dominado por cada vez más numerosos milmillonarios en el que los precios de las obras pueden llegar a ser realmente elevados.

Y en este contexto, en este nuevo mundo globalizado. ¿qué es del “pequeño coleccionista” y del “mercado local”? Ambos necesitan otra cosa.

Decir que “el arte no sirve para nada” es una barbaridad. Por ejemplo: no hace falta ser una feminista radical, basta con ser una mujer, para comprender que La Creación de Adán de Miguel Ángel, en la que un colosal barbudo blanco heterosexual –y no la famosa “mujer negra lesbiana” de Haraway- le infunde la “humanidad” a un hermoso joven blanco heterosexual –y no a una mujer negra lesbiana-, el cual por lo demás es perfectamente incompatible con lo que muestran las impresionantes recreaciones a tamaño natural de los primeros homínidos inteligentes conocidos que se exponen en el Museo de Atapuerca de Burgos, para comprender que “el arte”, por recurrir una vez más a la famosa expresión de Goodman, “ha hecho el mundo”, esta vez sí, a su imagen y semejanza. También, ya puestos, se comprende por qué la posmodernidad –definitivamente estructuralista y científica- deshizo el mundo, el por qué de la “crisis-de-los-grandes-relatos-que-dieron-origen-a-la-modernidad” en expresión, ya de uso común, de Lyotard, por qué el “nihilismo contemporáneo negador de la sabiduría que proporciona la belleza” (Zecchi”), por qué “el hombre, el autor de ese cosmos llamado historia” (Haraway) como cosa a erradicar de forma prioritaria... Por eso, de nuevo: ¿está “haciendo el mundo” el arte que contemplo?

La respuesta, finalmente, es que sí. Pero no porque genere la imagen del mundo –eso sería imposible en una época en la que el cine, la televisión, la cartelería, las revistas, los ordenadores, las videoconsolas, saturan a diario la mirada del ciudadano-, sino porque desmonta ese torrente de imágenes y porque obliga a realizar un esfuerzo.

No hace falta leer El procedimiento silencio (Virilio) para entender que el cine de acción hollywoodiense, basado en el ritmo vertiginoso de las imágenes y los sonidos atronadores, imposibilita cualquier actividad mental, al igual que lo hacen “la publicidad”, los “informativos”, los “programas del corazón”, los “videojuegos”, etc.. El modo ortodoxo de entender el mundo, el relato, que ofrecen estos medios es radicalmente distinto, por ejemplo, del que impone una obra maestra como Copia Certificada de Kiarostami: el relato de la vida del espectador, e incluso su percepción del tiempo y del espacio, son alterados para siempre por la película, simplemente porque la estructura del relato ha sido alterada por el artista. Hace mundo. Un mundo distinto del de la ortodoxia, un mundo al que no tiene acceso aquel que necesita fabricar productos visuales de consumo fácil, de digestión instantánea, que exijan del consumidor un esfuerzo intelectual nulo. El de Kiarostami es un mundo que debe ser enteramente reconstruido por el espectador, un mundo que no existe sin su esfuerzo intelectual, sin su capacidad para descifrar los símbolos, para valorar los pequeños detalles…

La respuesta, por supuesto, es sí. Aunque no se aluda al triunfo inapelable de la tecnociencia que, desde su posición neutral y objetiva, toma incluso el timón de la moral; aunque no se celebren la redistribución de las inversiones a nivel planetario y el surgimiento de nuevas potencias donde no había nada; aunque no se aluda al cumplimiento de la distopía orweliana, a las 100 cámaras que filman a un ciudadano cada día, a los programas de espionaje informático global, a las redes sociales como antídoto contra la revolución (Gladwell), al ocaso industrial de Europa, al agotamiento del petróleo, a los inminentes movimientos turísticos masivos, a la sustitución del modelo jerárquico por el rizomático, cumpliéndose la profecía de Deleuze...

Ese neomundo en el que creo vivir, tan distinto a veces del que configura el relato ortodoxo de lo real, el mundo de un perturbado, procede de las perturbaciones que las obras de arte producen en el relato. Éstas están por toda la feria pero, por ceñirme al programa One Project, las hallaremos en José Luis Serzo, inventor de peripecias vitales; y en Anna Taratiel, que desmonta y ensambla de otra manera todo lo que ve, igual que Rubén Fuentes; y que Yolanda Tabanera en sus esculturas sagradas, tan profanas como los mandalas de plástico de Laura Ramis… Una heterodoxia que, a fin de cuentas, no es más que la condena del artista a hacer lo que debe (Houellebecq), ya caiga él –lo cual suele suceder-, ya alguna otra cosa, como proclaman en sus piezas ideológicamente diáfanas Curra Rueda, Manuel Barbero y Javier Ayarza.

 

Javier Rubio Nomblot

 



Liquitex en Art Madrid’26: Creatividad, innovación y compromiso con el futuro del arte

En la 21ª edición de Art Madrid, Liquitex renueva su compromiso con la creación contemporánea y consolida su papel como marca de referencia en acrílico profesional, así como aliado estratégico de artistas emergentes y consolidados.

Desde 1955, Liquitex ha construido una trayectoria sólida basada en la innovación constante, la excelencia técnica y el apoyo activo a la comunidad artística. Su historia está estrechamente vinculada a la evolución del arte contemporáneo, acompañando a generaciones de creadores con materiales que amplían las posibilidades expresivas y fomentan la experimentación sin límites.



Pionera en la invención de la primera pintura acrílica en base agua, la marca ha transformado el universo del acrílico y continúa marcando estándares de calidad. Su catálogo destaca por fórmulas avanzadas, una intensidad cromática excepcional y una versatilidad que se adapta a múltiples lenguajes artísticos. Cada producto está concebido para ofrecer control absoluto del color, la textura y el acabado, permitiendo explorar nuevas técnicas y desarrollar obras con identidad propia. Para Liquitex, la innovación no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la libertad creativa.



Bajo el lema Just Imagine, la firma invita a cuestionar los límites y a entender el arte como un territorio de posibilidades infinitas. Esta filosofía se traduce en un compromiso tangible con el desarrollo artístico, ofreciendo materiales diseñados para acompañar procesos experimentales y narrativas contemporáneas.



Liquitex y el impulso al talento emergente: Espacio Nebrija

En Art Madrid’26, Liquitex refuerza su apuesta por la formación y la profesionalización del talento emergente a través del patrocinio de Espacio Nebrija, proyecto curatorial desarrollado por la Universidad Nebrija. Por segunda ocasión, esta iniciativa brinda a los alumnos del Grado en Bellas Artes la oportunidad de realizar su primera incursión en el circuito profesional.

Comisariado por Luis Gárciga, el proyecto propone una reflexión crítica sobre pedagogía artística, mercado y tecnología a partir del concepto NotanIA SipedagogIE: una pedagogía estética, empática y anti-algorítmica que reivindica la Inteligencia Estética frente a la automatización creativa. El stand se concibe como un espacio de tránsito, resistencia y experimentación, visibilizando los procesos, inquietudes y miradas de una nueva generación de artistas.

Gracias al respaldo de Liquitex, los participantes cuentan con materiales profesionales que les permiten desarrollar sus proyectos con plena libertad técnica y conceptual, en un entorno que fomenta la investigación, la experimentación y el pensamiento crítico.



Un modelo de marca responsable

La presencia de Liquitex en Art Madrid’26 reafirma su apuesta por un modelo empresarial responsable y comprometido con el futuro del arte. La reciente obtención de la Certificación B Corp avala su integración en una comunidad global de empresas que operan bajo principios de sostenibilidad, transparencia y responsabilidad social.

Este reconocimiento respalda una visión a largo plazo basada en la excelencia artística, el respeto medioambiental y el apoyo a las comunidades creativas —artistas, equipos y colectivos locales—. Valores que se reflejan tanto en el desarrollo de nuevos productos como en su implicación activa en proyectos culturales y educativos.

En esta nueva edición de la feria, Liquitex continúa impulsando la creatividad contemporánea, acompañando a los artistas en la exploración de nuevos lenguajes y reafirmando una convicción esencial: cuando el arte cuenta con las herramientas adecuadas, no conoce fronteras. Porque imaginar es siempre el primer paso para transformar la realidad.



SOBRE LIQUITEX

La marca referente mundial en acrílico profesional Liquitex se une a Art Madrid’26 como patrocinador, en su afán de empoderar a los artistas y apoyar la creación contemporánea a través del Espacio Nebrija. Por este motivo en la 21ª edición de la feria refuerza su misión de contribuir a que todo el mundo experimente su propia energía creativa, invitando a imaginar y contar historias a través del arte. La marca americana Liquitex está de enhorabuena por la recientemente recibida Certificación B Corp, que no solo le permite unirse y formar parte de una comunidad global de empresas con un objetivo común, sino que supone un logro que sin duda representa y pone en valor los compromisos a largo plazo de la marca.

Compromisos adquiridos con la excelencia artística, la sostenibilidad, la responsabilidad social gracias al apoyo de distintas comunidades (artistas, trabajadores y colectivos locales) y la transparencia en su modelo de negocio. Liquitex seguirá trabajando cada día de forma incansable en nuevos proyectos y en el desarrollo de nuevos productos. Siendo fiel a sus principios de innovación y calidad, buscando ser un motor de cambio positivo en la sociedad y para el medio ambiente, dejando una huella más positiva en el futuro de todos. .