Art Madrid se consolida con 20.000 visitantes y 5 mill. de euros en ventas.

Unos 20.000 visitantes, entre los que se encuentran grandes coleccionistas y profesionales del arte, y unas ventas estimadas en 5 millones de euros, confirman la consolidación de Art Madrid como feria de referencia en nuestro país. Su edición 10º aniversario ha sido un rotundo éxito para todas las galerías participantes y una atractiva alternativa para los aficionados y coleccionistas de arte.

Un décimo aniversario merecía una celebración a la altura y así ha sido, la feria de arte contemporáneo Art Madrid ha clausurado su décima edición en la Galería de Cristal de CentroCentro con alrededor de 20.000 visitantes desde su apertura el miércoles 25 de febrero hasta el domingo 1 de marzo, y con grandes ventas, consolidándose como la segunda gran feria de arte de España después de ARCO. Además, el #ProgramaParalelo de actividades de Art Madrid’15, desarrollado a lo largo de todo febrero en colaboración con Fundación FiArt, el Círculo de Bellas Artes, PLOM Gallery y ONE SHOT HOTELS, ha contado con más de 2.000 participantes entre sus diversas propuestas.

Parece que el mercado del arte en nuestro país se recupera y Art Madrid ha sido reflejo de ese optimismo renovado e incipiente crecimiento. Lo demuestran sus cifras de ventas, estimadas en unos 5 millones de euros y que corresponden a piezas de artistas como Pablo Palazuelo, Diego Canogar, Xavier Mascaró, Chillida, Niki de Saint Phalle, Fernando Botero, Carmen Otero, los asiáticos Liu Guanguyn y Lai Wei-Yu, la fotógrafa Leticia Felgueroso, López Davis, Marcos Tamargo, Le Parc, Rubén Martín de Lucas o la jovencísima Alejandra Sampedro, todos ellos de muy diferentes perfiles y edades.

 

Obra de Santiago Talavera para MOPROO GALLERY.

 

PÚBLICO ESPECIALIZADO Y BUENA ORGANIZACIÓN

Entre sus visitantes, Art Madrid’15 ha advertido mayor presencia de público especializado y con voluntad de compra, y ha contado con Importantes coleccionistas como la Fundación Mª Cristina Masaveu, que adquirió varias piezas entre las que se encuentran una pintura de Rafa Macarrón y fotografías de la granadina Rocío Verdejo y de Xurxo Gómez Chao, y la Fundación Carmen & Lluis Bassat que adquirió las cinco fotografías de la serie Coca-Cola del artista cordobés Miguel Ángel Moreno Carretero.

La afluencia de público y su calidad han sido dos de los factores que más han destacado las galerías participantes. En palabras de Susanne Obert, de la Galería Schmalfuss de Berlín, “hemos podido profundizar en contactos de años pasados y hemos entablado relación con nuevos coleccionistas y clientes”. Xavier F. Gasulla y Rosa Mª Ferrer de la galería El Quatre (Barcelona), lo confirman y “después de unos años muy complicados en cuanto a la venta, este año parece ser que las cosas empiezan a dar un giro. [...] El optimismo en el ambiente se ha palpado de una manera que hace pensar en una mejora sustancial con respecto a las pasadas ediciones”.

 

Para Isabel Lázaro, directora de la galería Art Deal Project, su primer año en la feria dentro de ONE PROJECT ha sido “muy positivo” ya que “una feria es mucho más que alquilar espacios y Art Madrid lo tiene claro. Ha venido un público muy variado pero a su vez ha sido muy relevante el paso de coleccionistas y compradores, así como de especialistas del medio”. Fidel Balaguer, de Galería Balaguer (Barcelona), que también se estrenaba este año apunta a que “la organización buena es la que funciona y no se nota, y ha pasado ésto, las propuestas artísticas han estado a la altura y para nosotros ha sido una fantástica oportunidad para dar a conocer la obra de Alejandra Atares”.

La sevillana Patricia Acal, directora de la galería homónima, destaca las buenas reacciones de sus clientes, “críticas buenísimas relacionadas con las propuestas artísticas y la excelente selección de galerías”. “Ha satisfecho nuestros objetivos”, asegura la galerista Arancha Osoro, “creemos que es muy importante, en estos tiempos de confusión en que todo lo llamativo y diferente vale, una visión seria y a la vez amplia del arte, en la que quepan artistas consolidados (contemporáneos) y la apuesta por jóvenes promesas”. Miguel de las Heras, de la galería mexicana Hispánica Contemporánea, explica que en su caso “no se han vendido piezas especialmente caras pero sí ha habido mucha rotación y mucha demanda de obras de precios medios. Nuestra apuesta por los 5 artistas que llevábamos de la galería de México ha funcionado principalmente con los artistas nacionales Fontela, Mascaró y Valdés”.

Una cuidada selección de galerías y artistas, una buena organización y afluencia de público especializado y coleccionistas internacionales son claves y objetivos con los que Art Madrid seguirá trabajando en futuras ediciones.

 

Uno de los propósitos del programa “Art Madrid-Proyector’20” fue ofrecer actividades en las que conocer la obra de algunos creadores invitados, y, a través de una charla interactiva, permitir al público abrir un diálogo directo con ellos. Por esta razón, del 12 al 14 de febrero, se organizaron en Medialab Prado tres clases magistrales con Patxi Araújo, Olga Diego y Lois Patiño, todos ellos autores que trabajan con la imagen en movimiento, pero que abordan sus proyectos desde una óptica diametralmente opuesta. Con esta agenda, pudimos tratar tres líneas esenciales de la videocreación actual: la fusión con la tecnología y la inteligencia artificial, la plasmación de performances con finalidades documentales y el videoarte con tintes fílmicos. Ya tuvimos ocasión de recordar la sesión con Patxi Araújo y su obra site specific “Sherezade” creada para la fachada de Medialab Prado. Hoy hablaremos del encuentro que tuvimos con Olga Diego y Lois Patiño.

Olga diego, foto de Javier Adiego

La clase magistral de Olga Diego se tituló “El vuelo como materia creativa”. Olga es una artista multidisciplinar que en los últimos años ha centrado su trabajo en la escultura y la performance o el arte de acción, que luego documenta con fotografía y vídeo. Este último aspecto es uno de los que más interés despierta para ella al reflexionar sobre cómo se produce la transformación de la pieza de un formato experiencial a uno grabado, y cómo los individuos nos hemos acostumbrado a consumir esta clase de productos finales, menos invasivos y desde un espacio de confort que nos proporcionan la intimidad de nuestros dispositivos.

Una de las principales líneas de investigación de Olga se relaciona con los sistemas de vuelo autónomo y la creación de artefactos capaces de elevarse sin apenas energía. ¿Se puede crear un material más ligero que el propio aire? Esta idea la ha llevado a experimentar con numerosas formas y conceptos científicos, a la vez que hacía un recorrido histórico por los inicios del vuelo y los progresos de la humanidad para inventar aparatos capaces de volar. No se trata solo de recuperar la historia de la aviación, algo que tiene una vertiente mucho más tecnológica y mercantilista, sino de indagar en las ideas, experimentos y pruebas que trataban de analizar el comportamiento del aire, las dinámicas de flujos y el diseño de estructuras aerodinámicas individuales, una inquietud que el ser humano puso de manifiesto desde el Renacimiento, con Leonardo Da Vinci.

Olga Diego, foto de Mario Gutiérrez Cru

Olga recupera muchos de estos conceptos y los aplica a sus proyectos recientes. En sus últimas propuestas ha trabajado también con figuras hinchables, como una alternativa al vuelo dirigido, empleando materiales plásticos para su construcción. Su última exposición “El jardín autómata”, que pudo disfrutarse en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante y la Sala de Exposiciones Lonja del Pescado, también en Alicante, es una gigantesca instalación formada por casi un centenar de esculturas inflable-electrónicas inspiradas en los hermosos, extravagantes y sugerentes personajes del Jardín de las Delicias, del Bosco. Esta nube de figuras humanoides y zoomorfas, que se mueven y laten gracias a los mecanismos electrónicos que los mantienen permanentemente inflados, retrata también los excesos del hombre, su falta de preocupación por la invasión del entorno, la sobreexposición al plástico y la explotación de los recursos naturales. Una composición que se fija en “el pecado”, como mensaje indirecto que se extraía, también, en la obra del Bosco.

Clase magistral de Lois Patiño. Foto de Marta Suárez-Mansilla

Por su parte, la trayectoria de Lois Patiño está íntimamente conectada al trabajo cinematográfico. Su clase magistral se tituló “Tiempo e imagen”. Sus piezas de vídeo, sean breves o largometrajes, encierran una preocupación muy ligada al lenguaje fílmico, pero en una senda que deja al margen las narrativas convencionales. Dentro de los motivos principales que ocupan su obra, Lois se decanta por estéticas más contemplativas, donde se prioriza el poder expresivo de la imagen en sí misma, sin buscar demasiados efectos añadidos en el cine convencional a través de efectos de sonido, diálogos u otros artificios.





Por eso, el trabajo de Lois resulta tan poético y lírico. Sus propuestas incorporan innovaciones tecnológicas para provocar efectos muy concretos en sus trabajos, pero todo ello ayuda a ahondar en los temas que preocupan a este creador y que, desde sus inicios, están presentes en su obra.

Lois Patiño, foto de Mario Gutiérrez Cru

Lois Patiño se ha interesado siempre por la relación del individuo con el paisaje y por cómo éste puede modular nuestra forma de comportarnos en sociedad y determinar nuestra idiosincrasia. ¿Hasta qué punto somos dependientes de nuestro entorno? ¿Cómo la cultura se define por la conexión con el paisaje? Estas y otras preguntas plagan la obra del autor en la que abundan muchas imágenes contemplativas.

Además, Lois nos presentó en primicia el trailer de su último largometraje “Lúa vermella” que a los pocos días de la clase magistral fue a presentar oficialmente a la Berlinale - International Film Festival de Berlín de 2020.