ARTE, DOS PUNTOS: BARCELONA VIVE EL ARTE CONTEMPORÁNEO

Del 18 de julio de 2013, al 2 de enero de 2014, Barcelona se convierte en lugar de peregrinación obligada para los amantes de la vanguardia. La ciudad condal es el escenario elegido para enseñar una de las mayores colecciones de Arte Contemporáneo del sur de Europa, la que se compone con los fondos del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y de la Fundación La Caixa, un fructífero acuerdo al que llegaron las instituciones en 2010 y que resulta en una colección conjunta de más de 6.000 obras de arte de los últimos 60 años.

El objetivo último de esta unión es aumentar la capacidad de generar conocimiento y sensibilidad con el arte más actual y reforzar la difusión del arte contemporáneo nacional e internacional.

“Arte, dos puntos. Barcelona vive el arte contemporáneo” está comisariada por Bartomeu Marí y Nimfa Bisbe que han reunido para la ocasión 400 obras de 125 artistas.

La exposición se repartirá entre las sedes de CaixaForum y del MACBA -de ahí lo de “dos puntos” -, la primera en la antigua fábrica textil del arquitecto Puig i Cadafalch, junto al Montjuïc y la segunda en pleno centro del Raval, en el edificio creado por Richard Meier en 1995. Un paseo físico y simbólico que va desde las primeras explosiones de vanguardia que se exploran en el MACBA, hasta las creaciones de los postmodernos y el arte de los años 80 y 90, en las salas de CaixaForum.

El MACBA presenta la muestra como “un relato poco convencional escrito con el arte de hoy que interroga distintos episodios de los encuentros y desencuentros entre modernidad y vanguardia”.

Entre los nombres destacados de “Arte, dos puntos” están Dau al Set, Christo, Jeff Wall, José Manuel Broto, Miquel Barceló, José María Sicilia, Tony Cragg, Richard Hamilton, Hernández Pijuan, Muntadas, Juan Muñoz, Marta Rosler, Joseph Beuys, Jannis Kounellis Oriol Vilanova, Bestué y Vives, Ignacio Uriarte, Tonet Amorós, Tony Ousler, Nancy Spero,Pepe Espaliú, Jaume Plensa, Mike Kelley,... para no perdérselo.

 

Han pasado 13 años desde el comienzo de su andadura, y en todo este tiempo el Festival de videoarte PROYECTOR no ha hecho más que crecer y consolidar su posición como un evento imprescindible en esta disciplina. Desde sus inicios, la iniciativa ha tratado de dar visibilidad a una disciplina que siempre ha estado relegada a un segundo plano en los circuitos de exhibición habituales. Aunque la videocreación no es nueva, ya que surgió con entidad propia en los años 60 del siglo pasado, la forma de acercarse a conocerla y disfrutarla no siempre ha sido sencilla. En muchas ocasiones, abundaba el modelo expositivo en el que se incluían algunas piezas sueltas dentro de un recorrido principal, como si el vídeo fuese la aportación anecdótica al conjunto. No obstante, nuestra cotidianidad está invadida de imágenes en movimiento, y se produce la paradoja de que el videoarte, pese a ser un formato de expresión artística muy en sintonía con los hábitos de la sociedad actual, sigue siendo una disciplina minoritaria.

Fotograma de “Hel City”, de Gregorio Méndez Sáez, 2019

PROYECTOR nació en cierta medida para revertir esta situación, para poner en valor el vídeo como formato creativo y para ofrecer un espacio amplio e itinerante en el que albergar multitud de propuestas, venidas de dentro y fuera de nuestras fronteras. En este tiempo, la consolidación del festival lo ha llevado a viajar por el mundo, pero también, a ser un referente que cada que cada año despierta mayor interés. En la convocatoria abierta para recibir propuestas se llega casi al medio millar, y el centenar de obras seleccionadas por el jurado son una muestra representativa de distintos modos de entender la videocreación y el entorno, con piezas llegadas principalmente de Europa, Latinoamérica, el Sudeste de Asia y Oriente Medio.

A su vez, PROYECTOR quiere ser algo más que una muestra de vídeo, y ofrece una nutrida programación en la que se organizan charlas, talleres, clases magistrales, encuentros con artistas, visitas y conciertos. Una experiencia completa que tiene siempre como telón de fondo la imagen en movimiento.

El Instante Francisco Ruiz de Infante. El bosque que se mueve (errores de medida)

En esta evolución, hay que considerar también otra circunstancia: el vídeo es un formato creativo que tiene sus propios códigos, pero es también una de las disciplinas más abiertas a la hibridación artística y a la ampliación de usos. El vídeo puede, por tanto, ser la idea genuina de un autor que concibe un proyecto autónomo para ser realizado en este formato, pero puede ser también el resultado complementario de una intervención o el registro documental de una acción previa cuya pervivencia queda garantizada al ser recogida en vídeo. La versatilidad de la imagen en movimiento y el potencial que ha adquirido en los últimos años nos permite hoy hablar de numerosas ramas de arte que se centran en la fusión de lenguajes y en la incorporación de técnicas y metodologías venidas de otros sectores, y en muchas de ellas el vídeo sigue siendo una pieza clave. Así sucede con el arte tecnológico, el arte sonoro interactivo, la grabación de performances, la transformación de big data a imagen, la inteligencia artificial, y un largo etcétera. Precisamente por ello, PROYECTOR ofrece una visión panorámica de esta realidad, con un programa sumamente interesante que juega con la variedad y riqueza de propuestas.

Fotograma de “Herdança”, de Thiago Rocha Pitta, 2007

La edición de 2020 se desarrollará del 9 al 20 de septiembre. Como ya viene siendo habitual, el programa se despliega en varias sedes repartidas por la ciudad de Madrid, cada una de las cuales albergará una pequeña fracción de las actividades previstas. Este año el festival contará con la colaboración de la Casa Árabe, White Lab, Cruce, El Instante Fundación, ¡ésta es una PLAZA!, Extensión AVAM (Matadero Madrid), Institut Français de Madrid, Medialab Prado, Quinta del Sordo, Sala Alcalá 31, Sala El Águila, Secuencia de Inútiles y White Lab, además de la colaboración de la Colección INELCOM y la colección de videoarte de Teresa Sapey.

El festival es también la ocasión ideal para articular el tejido cultural, ya que implica a numerosos profesionales del sector, desde comisarios, a creadores, desde gestores de espacios a críticos y docentes. La programación de 2020 cuenta además con la colaboración del Festival FUSO y el Museo Reina Sofía, que ceden algunas de sus piezas para exhibición.

En definitiva, una cita que los amantes del arte contemporáneo no nos debemos perder y que promete muchas novedades en esta 13ª edición.