Art Madrid'26 – Arte para el que necesitarás una lupa

Dalton Ghetti.

 

 

 

Cuando los lápices ya no se usan para dibujar, sino como materia prima para esculpir. Este es el trabajo de Dalton Ghetti, un carpintero brasileño que dedica su tiempo libre a trabajar los lápices hasta crear estos objetos en miniatura con los que, sin duda, se nos quitarán las ganas de sacarles punta.

 

 

 

Dalton Ghetti.

 

 

 

Al contrario de lo que pudiera pensarse debido al pequeño tamaño de estas piezas, Dalton invierte en cada una de ellas una media de 2 o 3 meses, y en algunas de ellas más. Se interesó por este formato a la edad de 25, aunque para entonces ya contaba con experiencia como escultor. Como él mismo explica: “Un día, tomé un lápiz y comencé a tallar su punta. La idea era llamar la atención de la gente hacia las cosas pequeñas. Lo pequeño es hermoso…”.

 

 

 

 

Ant-Man (trabajo para Marvel, Londres, 2015).

 

 

 

Slinkachu es un artista británico que ha decidido hacer del entorno urbano su particular estudio de creación en el que instala sus universos en miniatura. A pesar de la contradicción aparente entre las dimensiones de las calles y los edificios y el de sus piezas, el resultado es fantástico. Desde 2006, Slinkachu recrea incansablemente escenarios diminutos. Su trabajo de fotografía se ha recogido en los libros Little People in the City (2009), Big Bad City (2010) y Global Model Village (2012).

 

 

 

Slinkachu.

 

Tatsuya Tanaka.

 

 

 

El artista japonés Tatsuya Tanaka trabaja desde 2011 en crear un calendario con una imagen diaria en miniatura, en la que reproduce escenas de la vida cotidiana, muchas veces con un toque de humor. Como él mismo expresa, muchos de nosotros compartimos pensamientos sobre cómo algunos pequeños elementos de la vida diaria se asemejan a otras cosas, como el brócoli a un frondoso árbol. Este artista ha querido reunir un catálogo de estampas en las que sacar partido a estos pensamientos con un cambio de escala radical. El proyecto se llama Miniature Calendar.

 

 

 

Tatsuya Tanaka.

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.