Las líneas del destino de Marina Vargas

 

 

Una fina línea invisible une en el espacio-tiempo una tirada de cartas del Tarot, unos jarrones de cerámica de Alcora del siglo XVIII y una portada de la revista Blanco y Negro fechada en 1930. La artista que ha dibujado esa línea áurea es Marina Vargas (Granada, 1980).


Como protagonista del programa expositivo Conexiones en su undécima edición, Vargas debía presentar una propuesta en la que se conectaran dos obras: una procedente de la Colección de la Fundación Banco Santander y otra de los fondos del Museo ABC. En este caso los jarrones y la portada (por cierto, de Ángeles Torner Cervera, una de las mujeres pioneras del diseño gráfico español) fueron integrados en la exposición Las Líneas del Destino gracias a un tercer elemento, una baraja del Tarot de Marsella. La magia estaba servida.

 

 

 

 

Marina Vargas se ha inspirado en una echada de cartas real de la fue objeto (video que también se puede disfrutar en la muestra) y ha reinterpretado las 9 cartas que le salieron y marcaron de esa manera su destino. Su versión de los arcanos está marcada por sus arabescos, sus líneas orgánicas, las “entrañas” que llenan el dibujo original y que lo rellenan de mitología, de símbolos y de creencias tradicionales, brujería y santería, mezcladas con el lenguaje más culto del arte.

 

 

 

 

 

Algunas de las 9 piezas, ampliadas y colocadas en soportes de madera, están deliberadamente descolgadas y apoyadas en el suelo porque la artista ha querido terminarlas in situ para que el espectador también disfrute del proceso creativo y la transformación de las obras.

 

 

 

 

El programa Conexiones ofrece a artistas de media carrera la oportunidad de presentar una muestra amplia en un espacio institucional, no galerístico, y les invita a mostrar al público proyectos basados en el dibujo como formato fundamental e inspirados en obras pertenecientes a las colecciones del Museo y la Fundación.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.