?Capa en Color? llega a España.

Robert Capa, [Pablo Picasso jugando en el agua con su hijo Claude, Vallauris, Francia], 1948. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

 

 

Presentada hace unos años en el International Center of Photography (ICP) de Nueva York con motivo del centenario del nacimiento de Robert Capa, la exposición “Capa en Color”, llega al Círculo de Bellas Artes de Madrid.


En esta ocasión, han viajado una selección de 150 instantáneas acompañadas con recortes de las publicaciones en las que aparecieron y documentación personal. Las imágenes en color de Capa “fueron una revelación para todos. La mayoría no se conocían ni habían sido publicadas”, comenta Cynthia Young, conservadora del Archivo Capa en el ICP y comisaria de la muestra.

 

 

Robert Capa, [En el trayecto de Namdinh a Thaibinh, Indochina], 1954. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

 

 

Húngaro de nacimiento y estadounidense de adopción, Robert Capa se convirtió en uno de los fotoperiodistas más prestigiosos de todos los tiempos. Ganó reputación internacional con sus fotografías de la Guerra Civil española, dando a luz una de sus instantáneas más famosas: Muerte de un Miliciano (1936). Después de España, Capa pasó a fotografiar la resistencia china a la invasión japonesa (1938); Italia, Inglaterra, Francia y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial (1941-1945); la Guerra de Israel por la Independencia (1948); y el fin de la guerra de Indochina francesa (1954), donde muere, el 25 de mayo, tras pisar una mina. A lo largo de su trayectoria como reportero, Capa capturó con sus objetivos imágenes sobre la crueldad y las atrocidades del combate bélico que transformaron los modelos establecidos de la fotografía de guerra.

 

 

Robert Capa, [Soldados británicos viendo un combate de boxeo a bordo de un barco de Inglaterra a África del Norte], 1943. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

 

Pero también existe color en el trabajo de Capa. En 1938, cuando se encontraba en China cubriendo la guerra chino - japonesa, Capa escribió una carta a un amigo de la agencia Pix en Nueva York pidiéndole que le enviara 12 rollos de Kodachrome y las instrucciones para usarlo. De estos experimentos iniciales, solo se conservan cuatro de las copias publicadas en la revista Life (17-10-1938).

Durante sus primeros dos años cubriendo la Segunda Guerra Mundial, Capa volvió a utilizar película a color con regularidad y con frecuencia llevaba dos cámaras, una cargada con blanco y negro (Contax) y otra con color (Nikon). Sin embargo, los complejos procesos de revelado en color hicieron que estas imágenes rara vez acabaran publicadas durante la contienda.

 

 

Rober Capa, [Mujer en bikini, Deauville, Francia], 1951. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

 

 

A finales de la década de 1940 y principios de 1950, Capa viajó por todo el mundo como corresponsal de la agencia Magnum, agencia que fundó en 1947 junto con Henri Cartier-Bresson, Chim (David Seymour), William Vandivert, y George Rodger. Durante ese tiempo, creó una enorme cantidad de imágenes en color que capturan momentos de ocio, así como retratos de sus más glamurosos amigos, incluyendo Ingrid Bergman, John Huston, Ernest Hemingway, John Steinbeck y Pablo Picasso, entre otros.

"El talento de Capa con la película en blanco y negro fue extraordinario, por eso usar el color a la mitad de su carrera fue como comenzar una nueva disciplina, pero también le abrió oportunidades", explica Cynthia Young. "La exposición muestra también cómo Capa se reinventa a sí mismo como fotógrafo durante los años en que no está cubriendo la guerra y los conflictos políticos. El trabajo con color fue muy importante a la hora de mantener la agencia Magnum a flote, porque las revistas querían más y más color en la posguerra".

 

 

 Robert Capa, [Ava Gardner en el rodaje de La condesa descalza, Tivoli, Italia], 1954. © Robert Capa/International Center of Photography/Magnum Photos

 

 

“Capa en color” se forma por completo con fondos de la Robert Capa Archive en la colección permanente del ICP.


El CBA presenta, dentro de su programación de Los lunes, al Círculo, una serie de actividades vinculadas a la muestra, que permanecerá abierta hasta el próximo 15 de enero.


 

La adquisición de la primera obra de arte siempre infunde respeto. Un sentimiento difícil de definir que mezcla el vértigo con la adrenalina. Pero por encima de la incertidumbre y la cautela, se impone una sensación placentera de conexión, entendimiento y deseo. Esa obra que, una vez vista, se queda en la memoria, reaparece en el recuerdo varias veces al día y parece querer decirte que está dispuesta a formar parte de tu hogar, es la candidata perfecta para decantar la decisión.

En los primeros pasos, muchos coleccionistas coinciden en señalar que no se parte de un plan establecido, sino que uno va adquiriendo piezas en función del gusto y de la conexión que siente con ellas hasta que, pasado el tiempo, se dan cuenta de que el volumen de obras que acumula puede recibir la etiqueta de “colección”. Así lo relata, por ejemplo, Alicia Aza, cuando afirma que

“No fui consciente de que estaba coleccionando hasta muchos años después, cuando un tercero me nombró como coleccionista y habló de mi colección. En 2005 tomé conciencia de lo que supone coleccionar y decidí articular una colección con una identidad de criterios y soportes”.

Comparte esta misma opinión Marcos Martín Blanco, cofundador, junto a su mujer Elena Rueda, de la Colección MER:

“Coleccionar ha sido una pasión, movida por un estado visceral que te incita a ello. La colección en cuanto a las adquisiciones no ha sido especialmente complicada porque, reconozcámoslo: es fácil comprar porque son todas cosas bellas y tienes alguna idea clara de por dónde quieres ir, pero al principio esas preferencias no estaban tan claras. Es con el tiempo cuando va conformándose un criterio”.

No siempre sucede así, por supuesto, pero para el comprador que se inicia en este sendero, la vinculación personal que traba con su primera pieza es fundamental. Ahí está el germen de una relación duradera que no se limita a una simple cuestión estética, sino que es una ventana abierta al conocimiento, a la exploración, a un mundo que muchas veces nos es desconocido y despierta nuestra fascinación. La semilla de esa conexión es puramente sentimental, y es precisamente ese impulso el que determina las primeras adquisiciones. La primera pieza nunca se olvida.

Art Madrid'20, foto de Ana Maqueda

Superando las recomendaciones habituales que se hacen por parte de asesores y agentes, rara es la ocasión en que el amante del arte se decide a comprar por pura inversión. Esos caminos suelen abrirse más adelante, cuando ya el volumen de piezas es considerable. Además, hay quien está un poco en contra de este concepto clásico del coleccionista tradicional, abordado desde una visión excéntrica, elitista y poco accesible. Muy al contrario, los compradores de arte son, por encima de todo, amantes del arte, seres sensibles y permeables al estímulo creativo que en un momento dado se deciden a profundizar en esa relación que ya mantienen con el arte para llevarse una pieza a su casa.

No es tan complicado superar esa pequeña barrera psicológica que convierte al visitante en comprador si se aborda el tema desde una óptica más personal e intimista que de consideración social. Para ello son de gran ayuda las obras de pequeño formato, la obra gráfica o la fotografía seriada, cuya horquilla de precios, por lo general más asumible, permite hacer una comparación más próxima a los gastos que pueden abordarse de manera cotidiana. De este modo, la compra de arte entra dentro del abanico de actividades factibles y se transforma en algo próximo y posible.

Art Madrid'20, foto de Marc Cisneros

En ese momento comienza una relación con el arte distinta, basada en la pura experiencia y en la convivencia con la pieza adquirida. Quizás pueda verse como un acto de atrevimiento, pero en numerosas ocasiones es más una cuestión de necesidad y de transformación. Los coleccionistas también coinciden en señalar que la adquisición de obra es un ejercicio de análisis personal y de abrirse a un nuevo campo de conocimiento que antes nos era ajeno. Alicia Aza explica que la razón por la que adquirió su primera pieza de videoarte, de Sergio Prego, es porque no la entendía y porque la veía como un reto y una oportunidad de superarse personalmente. Esta ventana abierta al conocimiento da lugar a nuevas conexiones y a entablar vínculos con los creadores, como una de las partes más fascinantes del proceso. Candela Álvarez Soldevilla explica que

“creo que lo más interesante en el mundo del arte es hablar con los artistas. Son personas provistas de una sensibilidad especial a las que escuchar y entender”

Y Alicia Aza también dice:

“Puedo compartir la satisfacción de poder contar hoy en mi círculo de amistades más cercanas con muchos artistas y eso supone un largo camino recorrido”.

Así, con obras que se presentan como asumibles dentro del horizonte de gastos que cada uno estima viable, es fácil encontrar una pieza que nos atrape. Desde ese momento, nuestro hogar también evoluciona hacia un espacio en el que el arte tiene un lugar y una presencia permanentes, y no cabe duda de que eso nos transforma por dentro.

Art Madrid'20, foto de Henar Herguera

Jaime Sordo, propietario de la colección Los Bragales y fundador de la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo 9915, siempre ha definido su relación con el arte como una verdadera pasión y una necesidad vital. Para los compradores que se inician en esta senda tiene la siguiente recomendación:

“Es condición imprescindible que sienta la necesidad de convivir con la pasión de disfrutar de las obras. Otro aspecto muy importante es que antes de la toma de decisiones para las compras se informen, con lo cual es necesario leer prensa y libros especializados, visitar exposiciones y museos y mucho contacto con el galerismo, que es una fuente importante de información y muy concreta de los artistas que representa. Por último, la presencia en ferias de arte nacionales e internacionales. Todo ello genera información y formación”.

En efecto, las ferias se han convertido en un buen lugar para el descubrimiento porque condensan una amplia oferta y permiten una toma de contacto diversa y global de forma concentrada. Por esta razón, muchos compradores de nueva generación se inician en el contexto de un evento como Art Madrid, cuya cercanía y calidad constituyen una oportunidad única de conocer, empaparse y contagiarse de la pasión por el arte.


(*) citas extraídas de varias entrevistas difundidas en medios de comunicación públicos entre 2013 y 2019.