LA VIRGEN, CERVEZAS ARTESANAS CON AMOR

La virgen

Cervezas La Virgen fue creada en 2011 en Madrid de la mano de un grupo de jóvenes emprendedores cuyo objetivo es innovar y hacer cerveza de calidad, hecha con pasión al estilo tradicional. Una cerveza pura, viva y fresca, elaborada honestamente y con esmero, con ingredientes selectos y recursos sostenibles.

Con un marcado carácter madrileño, en su receta solo se encuentran malta de cebada, lúpulo, levadura y agua. Embotellada semanalmente se distribuye a más de 1.500 puntos de venta, representando una experiencia de consumo de cerveza diferente y auténtica.

En estos años, la marca ha experimentado un crecimiento exponencial y cuenta con un creativo equipo profesional formado por más de 70 personas. Cervezas La Virgen ha demostrado una constante apuesta por la calidad y la innovación en un sector en continuo crecimiento y es una referencia en el mercado de la cerveza artesanal español.

La Virgen

En #ArtMadrid18 tendrán un espacio propio en el que servirán bocados diarios y la mejor cerveza de Madrid. Tienes que probar su Jamonera, es algo especial, la Madrid Lager es todo un clásico y la 360 con extra de lúpulo es una bomba! Tienen recetas estacionales como La Negra (el desayuno perfecto!) o la de castañas, el verdadero sabor del invierno… Pero si quieres conocer un poco más a La Virgen, deberías ir a su fábrica, el corazón de Cervezas La Virgen, la mejor manera de entender la marca y la pasión que profesan a este brebaje delicioso y, sí te lo ponen fácil y hacen tours guiados todas las semanas.

La Virgen, además, patrocina la acción Tropicalismo que ofrece la galería sevillana Diwap en su stand C5, en el One Project de Art Madrid’18, el color y el frescor de las obras del artista Antonyo Marest con la música de MENEO dj y su Gameboy mítica.

¡Salud y arte para todos!

Aunque las definiciones tradicionales de arte incluyen de un modo u otro referencias a la belleza, el equilibrio y la estética, la posmodernidad introduce cambios en esta máxima y plantea una aproximación al arte desprovista de los conceptos heredados del pasado para reforzar su valor expresivo frente a la búsqueda de lo bello.

Shepard Fairey, "Free speech".

No obstante, los nuevos tiempos traen consigo otras imposiciones y pautas. En un mundo vertiginoso como el actual, donde se hace alarde de tolerancia, integración e igualdad, en ocasiones el exceso de cautela nos sitúa en el lado opuesto y la mesura social de lo “políticamente correcto” deriva en restricciones a la libertad de expresión, censura encubierta, dobles lecturas del mensaje. Hay quien dice que hoy “no se puede decir nada sin que te caigan encima”. Una visita rápida a las redes sociales desvela que, muchas veces, la supuesta libertad que hoy disfrutamos se ha transformado en un inmenso campo en el que andar “como pisando huevos”.

Montaje de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, retirada durante la feria ARCO'18

No nos engañemos, esto también es un signo de nuestro tiempo. Las opiniones son mejor recibidas cuando se empaquetan con una envoltura de humor e ironía, o cuando se anclan en sitios-comunes ampliamente compartidos. En este contexto, la crítica desde el mundo del arte debería gozar de una mayor permisividad, pero los hechos recientes demuestran lo contrario. La censura por discursos de corte político ha protagonizado portadas de periódicos y todo parece indicar que hay ciertos temas que es mejor no tocar.

Shepard Fairey en su estudio, vía papermag.com

Esto lleva a algunos autores a optar por convertir su obra en estandartes con sentido social donde la carga estética universaliza el mensaje. Digamos que no se busca abiertamente la crítica política, económica o social en composiciones que no dejan espacio a la imaginación (para eso ya existe el fotoperiodismo). El propósito es crear imágenes icónicas con un mensaje embebido en el propio diseño, por eso en este ámbito el arte gráfico es el ganador. Nada nuevo bajo el sol, todo hay que decirlo, pero el logro está en que las creaciones contemporáneas son dignas herederas de todo el acervo compositivo y estético de las décadas precedentes, y en ese sentido, no se les puede quitar el mérito de “refundir” lo antiguo con lo nuevo para crear algo diferente y único.

Shepard Fairey

Big brother is watching you, 2006

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Earth crisis, 2014

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Icon Collage Set II, 2016

Serigrafía

97.5 x 76cm

Shepard Fairey es un artista paradigmático en este tema. En sus entrevistas, él mismo ironiza sobre la contradicción que supone criticar al capitalismo en sus obras y luego vender las ediciones por miles de dólares. Bueno, no hay que fustigarse por ello, de otro modo los artistas seguirían siendo aquellos que pueden permitirse vivir de rentas, y se eliminaría la voz de tantos otros que aspiran a vivir de sus creaciones. No olvidemos tampoco que hubo una época (no hace mucho), en que el arte urbano se consideraba vandalismo. Fairey, que se autodefine como artista y activista, ha tenido que enfrentarse a estas polémicas cuando algunas de las piezas que propone no son del gusto de todo el mundo. Y, con todo, una cosa es evidente: sus obras son inconfundibles y han ayudado a difundir un mensaje universal donde las críticas al sistema siempre están presentes. Evidentemente, algunos artistas responden sí a la pregunta con la que habríamos este post: el arte es una herramienta de crítica.