Art Madrid'26 – ALEXANDER GRAHOVSKY: LOS COLORES DE LA ENTROPÍA

Alexander Grahovsky

CONVERSACIONES CON MARISOL SALANOVA. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’25

Alexander Grahovsky (Alicante, 1980) parte de un proceso caótico o aleatorio como quien colecciona imágenes y hace collages con escenas que le parecen interesantes y puede recrear a su gusto. En sus obras abarca temas de lo desconocido, la muerte o los animales, recurriendo al símil con los juguetes así como empleando personajes que se repiten y elementos como piedras flotantes. Es muy importante la narrativa en sus cuadros, la parte surrealista viene por cómo se construye una historia que no es lineal; hay escenas que se superponen, que se muestran en varias fases en zonas diferentes de cada cuadro y da pie a que la mirada deambule por la obra. Incluye referencias a pintura clásica o al cine, así que su interpretación depende del bagaje del espectador y de su estado de ánimo. El hilo conductor de su trabajo es transmitir que pese a las vicisitudes de la vida, todos seguimos celebrando de algún modo.


El faro al final del océano. 2024. Técnica mixta. 190 x 140 cm.


¿Qué rol juega la experimentación en tu proceso creativo?

La experimentación juega un papel básico en todo mi proceso creativo en dos niveles: a nivel técnico y a nivel narrativo. A nivel técnico porque me permito toda una serie de licencias o caprichos estéticos que convierten el acto de pintar en sí en un juego, en algo divertido y de alguna manera todo es posible. Y a nivel narrativo, por cómo construyo las historias, ya que no hay un guión o una idea principal que sujete todo sino que a partir de una serie de escenas aparentemente inconexas, intento construir una historia que se cruce, que obliga al espectador de alguna manera a poner de su parte para entender o crear su propia narrativa.

¿Cuáles son tus referentes?

Mis referentes van desde la pintura clásica, como El jardín de las delicias del Bosco o el Retablo del cordero místico, hasta artistas más actuales como Hurvin Anderson o Dominique Fung, pasando por Hopper, Hockney, Leonora Carrington y un sinfín de nombres más. Todas estas influencias del mundo del arte se combinan con otras que vienen del cine, como las películas de Parajanov o las del director de Midsommar. En concreto, Midsommar es bastante influyente en mi trabajo por esa estética. Luego, el mundo del cómic, sobre todo podría hablar de Moebius y en concreto de sus ilustraciones de ciencia ficción más surrealistas. También podemos encontrar influencias de los videojuegos, sobre todo a la hora de plasmar las escenas, ya que de alguna manera todo se aplana como si fuera una pantalla o el fondo de un escenario de un teatro, recordando a las aventuras gráficas de mediados de los 90 a finales.


Historia breve de un abrazo. 2024. Óleo, spray, lápices de colores y pasteles al óleo. 33 x 41 cm.


¿Cómo construyes los personajes tan dispares - y a veces recurrentes - de tus cuadros?

Los personajes se van construyendo conforme van pasando las obras, como si cada cuadro formara parte de una historia más grande que aún está por contar. Conforme empecé esta línea de trabajo, me di cuenta de que muchos de ellos se repetían y que, incluso al volver a utilizarlos o al hacer que formen parte de nuevas piezas, ya tengo en cuenta lo que he pintado de ellos, así como lo que les ha sucedido en otros cuadros. Por ejemplo, la muerte ha cambiado de ser un esqueleto que quizás parece que trae malas noticias, a un personaje algo burlón o gracioso que lleva un gorrito de fiesta. También encontramos el diablo, el mago, y la casa roja como refugio o zona de peregrinación donde de alguna manera muchas veces terminan, o pueden terminar los personajes de los cuadros. O el gato negro, que en principio aparecía sencillamente como un símbolo de advertencia, de querer decirle a los otros personajes que estuvieran atentos a lo que sucede a su alrededor, a convertirse en una especie como de medida del tiempo: sobre todo en las piezas grandes aparece normalmente tres veces. Como siempre me gusta jugar a que no sé si son tres gatos diferentes o es el mismo gato en tres puntos distintos de la historia. De esta manera también los personajes van ayudando a crear una narrativa y un compartir entre todas las piezas, un universo general del que todos forman parte.


El cuervo, el ciervo, las uvas y el vino que derramé. 2024. Óleo, spray, lápices de colores y pasteles al óleo. 60 x 74 cm.


¿Cuándo das el paso hacia la serie de los jardines y por qué?

Es en 2022 cuando decido reunir todas esas escenas surrealistas y bocetos que tenía dispersos por el estudio y me planteo qué sucede si conviven en un mismo espacio, qué sucede si todos esos elementos aparentemente inconexos se sitúan sobre el mismo plano. En este caso el plano es el lienzo y en concreto el escenario sería el jardín. Ahí es donde ese jardín, el jardín de las delicias y toda esa imaginería que tenemos en el inconsciente se hace visible. Y es a partir de ahí cuando decido seguir tirando del hilo de esta historia para ver a dónde me lleva. Y es cuando ya todos los personajes empiezan a aparecer y todo esto me permite, de alguna manera, tener un espacio donde jugar y encontrar una libertad creativa que no encontraba en mi anterior trabajo.


Deberías romperme el corazón en enero. 2024. Óleo, spray y lápices de colores sobre lienzo. 81 x 100 cm.


¿Qué vinculación tiene esta etapa de tu obra con tu pasado dentro del mundo del cómic?

Esta etapa de mi trabajo bebe mucho de todos los años que estuve leyendo cómics, desde que era un niño pequeño hasta intentando entrar en la industria del cómic americano. Estuve cerca, estuve cerca, pero no se vio. Es verdad que al final a mí me interesaban, más allá de lo que es el dibujo en sí, las narrativas un poco más experimentales, como pueden ser las de John Hankiewicz, Dave McKean o gente de este tipo. En ese sentido sí que me influye sobre todo la forma de construir las historias. No son viñetas secuenciales que primero pasa a, b, c, sino que el recorrido visual que se puede hacer por las piezas es como sería como una especie de página de cómic en la que puedes saltar de la primera viñeta a la séptima para tener que volver a la segunda, y dependiendo del orden que elijas, la historia se construirá de una manera o de otra. Sí que es verdad que, por ejemplo, muchas veces lo que hay a lo mejor son diferentes fragmentos de la misma escena, un antes, un principio, un nudo y un desenlace, pero se encuentran muchas veces rodeadas de otras escenas que bien influyen los sucesos que acontecen en cada una de estas otras escenas más pequeñas o sencillamente son escenas que conviven en el mismo universo. En ese sentido también me interesa mucho la idea de universo compartido, ¿no? De que todas estas piezas, toda esta línea de trabajo, forma parte de una historia más grande que en realidad parece que se quiere contar a sí misma, que aún no tiene claro hacia dónde va, pero parece que va encontrando su sitio y su camino. Como los personajes que empezaron sencillamente apareciendo y ahora ya cada uno va teniendo su propia historia detrás.






CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.