Cristina Lucas. Manchas en el silencio

Cristina Lucas. "Clockwise, 2016". Instalación. 360 mecanismos de reloj

 

 

Esta artista jienense recurre a la videocreación, la instalación y el happening como discurso contemporáneo con el que cuestionarse la realidad de lo establecido. Formada en Bellas Artes en Madrid, hoy regresa a la capital con este reciente trabajo, en el que se mantiene fiel a su esencia crítica. Fue galardonada con el Premio de cultura de la Comunidad de Madrid en 2017 en la categoría de Artes Plásticas. Cristina emplea el arte como medio de investigación histórica y como mecanismo de expresión con el que transmitir la eterna preocupación del hombre por ciertos universales: el tiempo, la humanidad. 

 

 

Cristina Lucas."El rayo que no cesa, 2015". Vídeo. Obra en creación.

 

 

La actual propuesta de Cristina Lucas gira en torno a tres ejes temáticos principales: la historia, el tiempo y la violencia. Sus obras, de gran formato, tratan de condensar el universo de sensaciones que se acumulan al plasmar la evolución de nuestra historia reciente, tanto desde una visión temporal, como desde la perspectiva de los conflictos bélicos que más afectaron a la población civil. De trasfondo, la conmemoración del 80 aniversario del bombardeo de Guernica.


La pieza central de la exposición es un vídeo-instalación titulado “El rayo que no cesa”. En ella Cristina ofrece una representación de los bombardeos aéreos sucedidos desde 1912 que provocaron víctimas civiles. Esta creación se sigue construyendo con las aportaciones de los participantes del taller Madrid 45, que la artista impartió en abril dentro del Programa de artes visuales de la Comunidad de Madrid.
 

 

 

Cristina Lucas. "2 Piper Prometeo, 2013". Vídeo.

 

 

La muestra se acompaña de un nutrido programa de actividades gratuitas abiertas a todos los públicos, desde visitas dinamizadas y de grupo, talleres intergeneracionales, charlas con especialistas… entre las que destacan los encuentros con el comisario de la exposición, Gerardo Mosquera, y la propia artista, en los que compartirán de primera mano sus visiones sobre la exposición (hasta el 5 de noviembre).

 

El arte es un lenguaje expresivo que no se conforma con seguir las pautas preestablecidas y se atreve a explorar nuevas opciones creativas. Sí, estamos ante algo intrínseco y consustancial al arte, porque una de sus finalidades es cuestionarse la razón de ser de nuestra realidad, ir un paso más allá de la ortodoxia instaurada, romper con el clasicismo y plantear un reto tanto para los artistas como para los espectadores. Y en este magma creativo, la incursión de nuevas técnicas y la combinación de disciplinas es el caldo de cultivo ideal para originar nuevos movimientos y tendencias.

Yoshi Sodeoka, “Utopia”

El arte experimental no empezó a designarse como tal hasta bien avanzado el s. XX. Hasta entonces, la eclosión y sucesión de movimientos artísticos dieron paso a manifestaciones cada vez más abstractas, más alejadas de la estética clásica, arquetípica e impostada, que había vivido pequeños episodios de evolución sobre la aparición de nuevas técnicas, pero con una producción muy basada en las exigencias del mecenas de turno. Era la dominación de los motivos religiosos, las reconstrucciones de relatos mitológicos, la tiranía de los retratos regios y nobiliarios, la expansión de los paisajes pomposos. Sin embargo, el siglo pasado fue la cuna del concepto de artista moderno, un autor autónomo, independiente, irreverente y difícil de dominar que quiso refugiarse también en un nuevo lenguaje para vivir al margen de los cánones.

Nacho Criado

Casi siempre, en sus inicios, las nuevas propuestas expresivas que se alejan del academicismo suelen recibir una dura crítica por parte del grupo más conservador y consolidado de las bellas artes. No olvidemos que esto mismo les había pasado a los impresionistas, abiertamente rechazados por los autores más tradicionalistas, que veían en su estilo una suerte de subversión (y hasta perversión) de la pintura. Hoy, en cambio, este movimiento de finales del s. XIX se ha consolidado como un referente ineludible de la historia del arte.

Cristopher Cichocki, “Fish With Enamel Illuminated by Ultra Violet Radiation”

Igualmente, toda forma experimental tiende a tratar temáticas menos amables y más arriesgadas que den cauce a las grandes inquietudes del momento. Por eso mismo, estas formas de expresión suelen asociarse con la crítica abierta al sistema establecido y el status quo de poder. Nada mejor que enturbiar la crudeza de un replanteamiento social con un golpe de efecto novedoso, como el que el arte experimental propone. Una ruptura de las reglas que exige una doble lectura para llegar al fondo del asunto. Porque, en esta corriente, pocas veces las cosas son lo que parecen.

Jim Drain

Así, el arte experimental se alimenta de recursos contemporáneos y construye su mensaje sobre el valor del propio discurso: importa más lo que se quiere decir que cómo se dice. La imagen, los elementos “extra-artísticos”, la influencia de otras profesiones y el impacto mediático juegan un papel fundamental en esta corriente aún hoy difícil de definir y concretar. El propio desarrollo del tejido artístico en cada momento y lugar determinan la expansión y acogida de estos modelos. La vieja y veterana Europa, tan apegada a su historia y herencia cultural, siempre ha ido a la zaga de otros focos pioneros, como los venidos del otro lado del charco. Quizás la ausencia de un peso histórico milenario y la inconsciencia de vivir una realidad con un pasado apenas bicentenario sirvan de impulso para marcar tendencia y erigirse en el campo de experimentación por excelencia. Perdamos el miedo a equivocarnos y probar.