¡FELIZ DÍA DEL LIBRO 2018!

Por suerte, hablar hoy del Día del libro es algo habitual. Se trata de una celebración consolidada que todos esperamos con ilusión. Llega la primavera y el buen tiempo, y los paseos por el parque en los que sentarse a leer un libro son uno de los mayores placeres de la vida.

Obra de Alicia Martín en A Cidade da Cultura, Santiago de Compostela

El 23 de abril es una fecha señalada. En este día se conmemora el aniversario de la muerte de Cervantes así como el nacimiento de Shakespeare, en 1616, además de otros hitos relevantes para la literatura universal. Por este motivo, la UNESCO decidió en 1995 dedicar un día a esta celebración, y desde 1996 esta fiesta se celebra a nivel mundial, si bien la organización de ferias y encuentros en torno al libro son muy anteriores. De hecho, en España se registra la primera feria del libro en 1926 durante el reinado de Alfonso XIII.

Son muchas las actividades que se dan cita en estas fechas. Podemos destacar la exposición “Pasa página. Una invitación a la lectura”, en el museo de la Biblioteca Nacional. Se trata de una propuesta en la que se invita a los visitantes a reflexionar sobre el papel de la lectura y el impacto en la vida personal de la gente. ¿Qué significa leer? Un recorrido que se completa con elementos sonoros y audiovisuales, fotografías y libros reunidos bajo la máxima “cuanto más lees, más vives”. Una gran verdad.

Paradójicamente, la feria del libro de Madrid (la 77ª edición) se celebra dentro de un mes en el parque del Retiro, este año con Rumanía como país invitado. Este encuentro es la ocasión ideal para aunar distintas disciplinas artísticas en donde las lindes se difuminan y confunden, empezando por el cartel de la feria, que este año ha estado a cargo de la ilustradora Paula Bonet, o los stands dedicados al libro de artista o a editoriales volcadas en proyectos mixtos de ilustración y narrativa.

Y para quienes quieran iniciarse en el arte con una buena lectura, os traemos una breve lista de recomendaciones:

"Cartas a Theo" (Vincent Van Gogh): recopila las cartas que Van Gogh envió a su hermano Theo y son un testimonio directo de la experiencia artística personal de este autor imprescindible.

"Salvador Dalí: diario de un genio" (Salvador Dalí): un diario personal para conocer la intimidad más oculta de este genio calificado tantas veces de lunático.

“Leonardo da Vinci. La biografía”, de Walter Isaacson. Este escritor ya ha abordado la biografía de otros grandes maestros. En esta ocasión se revisa el relato vital de esta figura del renacimiento que sigue estando de plena actualidad.

“Joan Miró. El niño que hablaba con los árboles”, de Josep Massot. El escritor ha realizado una profunda investigación sobre la vida de este artista icónico del S. XX en torno al que sigue habiendo un gran desconocimiento.

"Guernica. La obra maestra desconocida", de José María Juarranz. Este libro es el resultado de varios años de investigación en la que se indaga sobre el contexto histórico, político, social y personal que motivó la realización de esta obra maestra del S. XX.

Aunque las definiciones tradicionales de arte incluyen de un modo u otro referencias a la belleza, el equilibrio y la estética, la posmodernidad introduce cambios en esta máxima y plantea una aproximación al arte desprovista de los conceptos heredados del pasado para reforzar su valor expresivo frente a la búsqueda de lo bello.

Shepard Fairey, "Free speech".

No obstante, los nuevos tiempos traen consigo otras imposiciones y pautas. En un mundo vertiginoso como el actual, donde se hace alarde de tolerancia, integración e igualdad, en ocasiones el exceso de cautela nos sitúa en el lado opuesto y la mesura social de lo “políticamente correcto” deriva en restricciones a la libertad de expresión, censura encubierta, dobles lecturas del mensaje. Hay quien dice que hoy “no se puede decir nada sin que te caigan encima”. Una visita rápida a las redes sociales desvela que, muchas veces, la supuesta libertad que hoy disfrutamos se ha transformado en un inmenso campo en el que andar “como pisando huevos”.

Montaje de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, retirada durante la feria ARCO'18

No nos engañemos, esto también es un signo de nuestro tiempo. Las opiniones son mejor recibidas cuando se empaquetan con una envoltura de humor e ironía, o cuando se anclan en sitios-comunes ampliamente compartidos. En este contexto, la crítica desde el mundo del arte debería gozar de una mayor permisividad, pero los hechos recientes demuestran lo contrario. La censura por discursos de corte político ha protagonizado portadas de periódicos y todo parece indicar que hay ciertos temas que es mejor no tocar.

Shepard Fairey en su estudio, vía papermag.com

Esto lleva a algunos autores a optar por convertir su obra en estandartes con sentido social donde la carga estética universaliza el mensaje. Digamos que no se busca abiertamente la crítica política, económica o social en composiciones que no dejan espacio a la imaginación (para eso ya existe el fotoperiodismo). El propósito es crear imágenes icónicas con un mensaje embebido en el propio diseño, por eso en este ámbito el arte gráfico es el ganador. Nada nuevo bajo el sol, todo hay que decirlo, pero el logro está en que las creaciones contemporáneas son dignas herederas de todo el acervo compositivo y estético de las décadas precedentes, y en ese sentido, no se les puede quitar el mérito de “refundir” lo antiguo con lo nuevo para crear algo diferente y único.

Shepard Fairey

Big brother is watching you, 2006

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Earth crisis, 2014

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Icon Collage Set II, 2016

Serigrafía

97.5 x 76cm

Shepard Fairey es un artista paradigmático en este tema. En sus entrevistas, él mismo ironiza sobre la contradicción que supone criticar al capitalismo en sus obras y luego vender las ediciones por miles de dólares. Bueno, no hay que fustigarse por ello, de otro modo los artistas seguirían siendo aquellos que pueden permitirse vivir de rentas, y se eliminaría la voz de tantos otros que aspiran a vivir de sus creaciones. No olvidemos tampoco que hubo una época (no hace mucho), en que el arte urbano se consideraba vandalismo. Fairey, que se autodefine como artista y activista, ha tenido que enfrentarse a estas polémicas cuando algunas de las piezas que propone no son del gusto de todo el mundo. Y, con todo, una cosa es evidente: sus obras son inconfundibles y han ayudado a difundir un mensaje universal donde las críticas al sistema siempre están presentes. Evidentemente, algunos artistas responden sí a la pregunta con la que habríamos este post: el arte es una herramienta de crítica.