Palimpsesto: la reflexión de Doris Salcedo sobre la violencia

Doris Salcedo. “Palimpsesto”, 2017.

 

 

La obra de Doris Salcedo (Bogotá, 1958) no es conformista, ni busca la comodidad del significado. Todo lo contrario. Esta escultora emplea el arte para reflexionar sobre el sufrimiento de los marginados, el impacto de la violencia política y el duelo como un proceso humano que nos dota de dignidad. “Palimpsesto” es un trabajo que encierra la esencia más pura del modus operandi de esta artista, y logra representar la violencia sin violencia.

 

 

 

Retrato de Doris Salcedo. Foto de ©Rui Gaudencio, 2014.

 

 

Las obras de Doris Salcedo son largos proyectos en los que invierte muchos recursos, tanto de tiempo como de esfuerzo intelectual. Cada pieza es el resultado de una confluencia de elementos que aúnan experiencias personales, investigación y reflexión sobre el sentido del de la obra y su valor comunicativo. Pero la finalidad es hacer visible un mensaje profundo que pone en valor la vida humana en un contexto convulso en el que los desastres naturales, los conflictos armados y la discriminación social empujan a millones de personas a desplazarse, migrar y arriesgar sus vidas.

 

 

 

Doris Salcedo. “Palimpsesto”, 2017.

 

 

Doris Salcedo no deja indiferente. Sus esculturas, lindando los límites del concepto clásico de esta disciplina, han merecido la atención de numerosas instituciones culturales a nivel internacional y algunos de los grandes museos le han organizado exposiciones monográficas, como el Museum of Contemporary Art de Chicago (2015), el New Museum of Contemporary Art (Nueva York, 1998), el San Francisco Museum of Modern Art (1999 y 2005) o la Tate Modern de Londres (2007).

 

 

 

Doris Salcedo. Diseño del proyecto “Palimpsesto”, 2017.

 

 

En esta ocasión, el Palacio de Cristal acogerá una escultura-instalación en la que se reproducen los nombres de miles de hombres y mujeres como forma de representar la tragedia, hoy ya cotidiana, de las personas que mueren en el mar en su huida desesperada de sus países de origen. El mismo día de la inauguración, el museo ha organizado un encuentro con la artista que, acompañada por Estrella de Diego, ensayista y catedrática de arte contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid, explicarán al público el mensaje de su propuesta “Palimpsesto”.

 

Aunque las definiciones tradicionales de arte incluyen de un modo u otro referencias a la belleza, el equilibrio y la estética, la posmodernidad introduce cambios en esta máxima y plantea una aproximación al arte desprovista de los conceptos heredados del pasado para reforzar su valor expresivo frente a la búsqueda de lo bello.

Shepard Fairey, "Free speech".

No obstante, los nuevos tiempos traen consigo otras imposiciones y pautas. En un mundo vertiginoso como el actual, donde se hace alarde de tolerancia, integración e igualdad, en ocasiones el exceso de cautela nos sitúa en el lado opuesto y la mesura social de lo “políticamente correcto” deriva en restricciones a la libertad de expresión, censura encubierta, dobles lecturas del mensaje. Hay quien dice que hoy “no se puede decir nada sin que te caigan encima”. Una visita rápida a las redes sociales desvela que, muchas veces, la supuesta libertad que hoy disfrutamos se ha transformado en un inmenso campo en el que andar “como pisando huevos”.

Montaje de la obra "Presos políticos" de Santiago Sierra, retirada durante la feria ARCO'18

No nos engañemos, esto también es un signo de nuestro tiempo. Las opiniones son mejor recibidas cuando se empaquetan con una envoltura de humor e ironía, o cuando se anclan en sitios-comunes ampliamente compartidos. En este contexto, la crítica desde el mundo del arte debería gozar de una mayor permisividad, pero los hechos recientes demuestran lo contrario. La censura por discursos de corte político ha protagonizado portadas de periódicos y todo parece indicar que hay ciertos temas que es mejor no tocar.

Shepard Fairey en su estudio, vía papermag.com

Esto lleva a algunos autores a optar por convertir su obra en estandartes con sentido social donde la carga estética universaliza el mensaje. Digamos que no se busca abiertamente la crítica política, económica o social en composiciones que no dejan espacio a la imaginación (para eso ya existe el fotoperiodismo). El propósito es crear imágenes icónicas con un mensaje embebido en el propio diseño, por eso en este ámbito el arte gráfico es el ganador. Nada nuevo bajo el sol, todo hay que decirlo, pero el logro está en que las creaciones contemporáneas son dignas herederas de todo el acervo compositivo y estético de las décadas precedentes, y en ese sentido, no se les puede quitar el mérito de “refundir” lo antiguo con lo nuevo para crear algo diferente y único.

Shepard Fairey

Big brother is watching you, 2006

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Earth crisis, 2014

Serigrafía sobre papel

61 x 46cm

Shepard Fairey

Icon Collage Set II, 2016

Serigrafía

97.5 x 76cm

Shepard Fairey es un artista paradigmático en este tema. En sus entrevistas, él mismo ironiza sobre la contradicción que supone criticar al capitalismo en sus obras y luego vender las ediciones por miles de dólares. Bueno, no hay que fustigarse por ello, de otro modo los artistas seguirían siendo aquellos que pueden permitirse vivir de rentas, y se eliminaría la voz de tantos otros que aspiran a vivir de sus creaciones. No olvidemos tampoco que hubo una época (no hace mucho), en que el arte urbano se consideraba vandalismo. Fairey, que se autodefine como artista y activista, ha tenido que enfrentarse a estas polémicas cuando algunas de las piezas que propone no son del gusto de todo el mundo. Y, con todo, una cosa es evidente: sus obras son inconfundibles y han ayudado a difundir un mensaje universal donde las críticas al sistema siempre están presentes. Evidentemente, algunos artistas responden sí a la pregunta con la que habríamos este post: el arte es una herramienta de crítica.