Art Madrid'26 – EL UNIVERSO CREATIVO DE M.C.ESCHER


Maurits Cornelis Escher, febrero de 1938. Xilografia, 39,1×67,7 cm Collezione Giudiceandrea Federico All M.C. Escher works © 2016 The M.C. Escher Company

 

 

El artista neerlandés Maurtis Cornelis Escher (1898- 1972) es conocido mundialmente por sus grabados xilográficos. El estilo de Escher es un paradigma, su relación con las matemáticas y la geometría han conseguido la creación de figuras imposibles que todavía en la actualidad se escapan a nuestra razón. Mundos imaginarios, escenarios paradójicos y los teselados, son una constante en su obra. Esta es su marca, los dibujos de 2 y 3 dimensiones llevan al espectador a lugares insospechados.

 

 

Obra de Maurits Cornelis Escher, grabado xilográfico

 

 

La obra de Escher, ha recorrido todos los lugares del mundo. Es uno de los artistas más copiados de la historia, hasta tal punto que los últimos años de su carrera los dedicó a destruir las planchas originales para evitar su difusión indebida. Gran parte de su colección está esparcida por el mundo formando parte de colecciones públicas y privadas.

Ahora, podemos disfrutar de más de 200 obras (en su mayoría xilograbados y litograbados) reagrupadas en el Palacio de Gaviria.

 

 

Vista de la exposición

 

 

El Palacio de Gaviria, permaneció cerrado durante muchos años. El grupo italiano Arthemisa, encargado de producir y organizar la muestra, ha llenado de juegos de lógica las estancias palaciegas. La exposición, comisariada por Mark Veldhuysen (CEO de la M.C. Escher Company) y el coleccionista Federico Giudiceandrea, incluye obras tan emblemáticas como  “Mano con esfera reflectante”, “Relatividad” (o Casa de Escaleras) y “Belvedere”. Gracias a estas piezas podemos acercarnos un poco más a la retorcida mente de éste hombre de ciencias.

 

 

Obra de Maurits Cornelis Escher, grabado xilográfico

 

 

Además, la exposición cuenta con experimentos científicos, áreas de juegos y otros recursos educativos para acercar el arte a los más pequeños. Una apuesta segura para todos los públicos y una oportunidad única poder disfrutar de una experiencia artística poco común. También es señalable la sección “Eschermanía", en la que se incluyen dibujos, litografías, aguafuertes y xilografías del artista que han influido en el mundo cinematográfico y del diseño, entre otros campos. 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.