Art Madrid'26 – Llega a Londres la mayor retrospectiva de expresionismo abstracto americano en más de medio siglo. La muestra tendrá lugar en la Royal Academy de Londres en colaboración con el Museo Guggenheim de Bilbao

 

 

Dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión, la Guerra Civil española y la Guerra Fría fueron acontecimientos claves en el desarrollo de un estilo propio fundado por un grupo de artistas estadounidenses en la segunda mitad del siglo XX, un movimiento dentro del cual artistas como Rothko, Pollock o De Kooning desarrollaron su obra de manera muy diferente. Las obras de estos artistas forman parte hoy de colecciones privadas y museos de todo el mundo. La exposición, comisariada por David Anfam, plantea un recorrido por una selección de 150 pinturas, esculturas y fotografías.

 

 

 

 

El expresionismo abstracto o Escuela de Nueva York nace en 1940 en Estados Unidos y se tiende a encasillar a los artistas que formaron parte del movimiento en dos categorías diferentes: los artistas de los campos de color (color-field) y los artistas más espontáneos que jugaban con la improvisación (action painting o dripping). La exposición de la Royal Academy rompe con esta diferenciación y plantea como objetivo principal poner en valor un estilo que desbancó en su día a París como capital de las vanguardias. El expresionismo abstracto americano no tuvo manifiestos ni relaciones con otros estilos artísticos importantes, de hecho, artistas como Pollock o Rothko rechazaban los términos “movimiento” o “escuela”, defendiendo su independencia como artistas.  

 

 

 

 

 

En la exposición “Expresionismo abstracto” de la Royal Academy no hay una separación de categorías, sino que Anfam plantea un recorrido por un movimiento “made in New York” que refleja perfectamente la sociedad americana del momento, una sociedad angustiada por los desastres de la guerra y todas sus consecuencias. Más de 160 piezas de unos treinta artistas repartidos por las salas temáticas y monográficas. Destaca en una de sus salas la pieza más grande pintaba por Pollock, el Mural que realizó en 1943 para la casa Manhattan de una de las coleccionistas del “movimiento” más importantes Peggy Guggenheim. 

 

 

 

 

 

Se trata entonces de un recorrido casi completo por los nombres más relevantes del expresionismo abstracto, que ha supuesto para la Royal Academy un difícil y arduo trabajo de acuerdos con colecciones privadas de Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Suecia, Francia, Italia, etc…, pero que sin duda es una representación de la historia de un estilo único. La exposición viajará en febrero de 2017 a España, donde será acogida por el Museo Guggenheim de Bilbao. 

 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.