Art Madrid'26 – FIONA TAN Y SU VIAJE AL LEJANO ORIENTE

Retrato de  Fiona Tan 

 

 

Fiona Tan, nacida en Sumatra en 1966, es una artista audiovisual de reconocido prestigio a nivel mundial. En 1988 se trasladó a los países bajos. Sus orígenes, de padre chino y madre australiana, hacen que ella misma se considera una “extranjera profesional”. Esta idea está muy presente en su obra . Su estilo personal y fuertemente marcado va desde la fotografía, al cine pasando por el videoarte. La alternancia de estas técnicas, muestra un reflejo de la sociedad colonial de oriente. La artista se centra especialmente en los mitos y leyendas de esta cultura poscolonial y globalizada.

 

 

Fiona Tan Desoriente (Disorient), 2009. Instalación de vídeo digital de dos canales

 

 

Tan, creó esta magnífica obra de arte para el pabellón de Holanda en la 53º Bienal de Venecia, aprovechando así que dicha ciudad aparece en la filmación. De hecho juega un papel muy importante ya que el documental refleja como Venecia fue uno de los puntos estratégicos para la realización de los viajes en los S.XII y XIV hacia el Lejano Oriente. Evoca el sueño de un “Gran Lejano Oriente” que descrito por Marco Polo ha servido de fuente de inspiración para tantas historias y obras de arte. 

 

 

Instalación de Fiona Tan, Coleccionar y clasificar, más allá del documento

 

 

En la instalación de Desoriente, igual que en otras que ha expuesto, la obra principal son dos pantallas donde narra su visión particular sobre el tema a tratar en cuestión. Con una voz masculina, que susurra fragmentos de los viajes de Marco Polo, se completa esta visión enfrentada de Oriente. En una de las pantallas, la más grande de las dos ,muestra una sucesión anacrónica de objetos y recuerdos temáticos, enfrentada a esa pantalla imágenes de la vida contemporánea de la vida del continente asiático.

 

 

Rise and Fall, 2009, two-channel video installation. Photo by Per Kristiansen, Stockholm. Courtesy the artist and Frith Street Gallery, London

 

 

La yuxtaposición de estas dos pantallas, aparentemente sin nada en común pero íntimamente conectadas, sugiere al espectador cierta sensación de desorientación. La artista, transforma la memoria cultural y el mito moderno y lo transporta hasta nuestros días con una reconstrucción de la Asia de Marco Polo. Podéis disfrutar de esta instalación hasta el 19 de marzo. 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.