Art Madrid'26 – Fotografías que desvelan una naturaleza oculta

Finalista 2017, Jóvenes Fotógrafos del Año, 11-14 años 'Bear hug'. Ashleigh Scully.

 

 

 

Este concurso convocado desde 1964 por el Natural History Museum de Londres se supera cada año por el número de participantes y la calidad de sus fotografías. En la 53ª edición han concursado más de 50.000 fotógrafos profesionales y aficionados de un total de 92 países. De todas las obras presentadas a competición, se hace una selección de las mejores para montar una exposición abierta al público. Este año, Madrid es la primera ciudad donde aterriza esta muestra itinerante.

 

 

 

 

Finalista 2017, Comportamiento: Aves 'Resplendent delivery'. Tyohar Kastiel.

 

 

 

La naturaleza no deja de sorprendernos. A pesar de que el hombre moderno se ha habituado a vivir en el mundo de asfalto, rodeado de edificios, cemento, ladrillos y cristal, nuestra esencia nos indica que todo esto es artificial y que pertenecemos a otro entorno.

 

 

 

 

Finalista 2017, Retrato de Animales 'The power of the matriarch'. David Lloyd.

 

 

 

El entorno natural nos transmite paz, nos maravilla, nos acoge. De la naturaleza obtenemos todo, vivimos de ella, con ella, por ella. No debemos dejarnos llevar por la sensación equivocada de que lo controlamos todo, de que somos la especie dominante que tiene todo bajo su control y que los elementos se doblegarán ante nuestra superioridad.

 

 

 

Foto ganadora del Wildlife Photographer of the Year 2017. Brent Stirton.

 

 

 

 

Uno esperaría encontrarse con impresionantes imágenes de paisajes únicos, vertiginosos acantilados a contraluz, animales salvajes en plena caza o pájaros alzando el vuelo entre una espesa vegetación. Obviamente eso también está. Pero entre los finalistas de este año, destacan las imágenes más crudas de las consecuencias de la conducta del hombre sobre el entorno.

 

 

 

Finalista 2017, Imagen Individual 'Sewage surfer'. Justin Hofman.

 

 

 

Animales al borde de la extinción acosados por un ser humano depredador y ambicioso, mares plagados de plásticos y desechos que irresponsablemente no nos preocupamos en gestionar. Esta es la cruda realidad de nuestro impacto en la naturaleza. En esta ocasión, la imagen finalista del concurso nos quita la venta y ahonda en la necesidad de que tomemos consciencia de nuestros actos. La naturaleza es hermosa, pero debemos cuidarla.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Carmen Baena (Benalúa de Guadix, Granada, 1967) se articula como una investigación poética sobre la memoria del territorio y su traducción material en formas, texturas y gestos. Su práctica parte de una experiencia vital profundamente ligada a un paisaje específico del sur de España, entendido no solo como espacio geográfico, sino como sedimentación afectiva y simbólica. En este sentido, sus piezas pueden leerse desde una perspectiva centrada en la experiencia directa: el paisaje no como representación, sino como huella vivida que emerge a través del hacer.

Baena activa un diálogo singular entre materiales históricamente jerarquizados. El mármol, asociado a la permanencia y a la tradición monumental, convive con el bordado, una técnica ligada a saberes domésticos transmitidos de forma intergeneracional, históricamente relegados pero aquí reactivados como lenguaje artístico pleno. Esta coexistencia no se plantea como confrontación, sino como un campo de resonancias donde lo sólido y lo frágil, lo perdurable y lo táctil, se interpenetran. Desde una perspectiva atenta a los vínculos, a la experiencia encarnada y a los saberes construidos desde lo cotidiano, el hilo se convierte en una herramienta de conocimiento sensible.

El color, especialmente en las obras textiles, actúa como energía vibrátil más que como atributo formal. Frente a la contención cromática del mármol, el bordado introduce una temporalidad abierta, donde el gesto intuitivo y el accidente adquieren valor estructural. Así, el proceso deviene un espacio de escucha, en el que lo inesperado no interrumpe la obra, sino que la constituye. En el quehacer de Carmen Baena, crear es permitir que el territorio -externo e interno- siga transformándose.


El jardín florece X. 2025. Acrílico e hilo bordado sobre lienzo. 50 x 70 cm.


Tus obras evocan paisajes, relieves y topografías. ¿Cómo se articula en tu práctica la relación entre el territorio físico y el territorio simbólico o afectivo?

El territorio físico donde nací y pasé mi primera infancia ha marcado toda mi obra. Yo nací en una cueva en la comarca de Guadix (Granada), donde se encuentra el mayor conjunto de casas trogloditas de Europa.

El paisaje en esta zona está lleno de contrastes, por ejemplo, frente a los verdes de la vega de los Frutales y los Álamos, encontramos los ocres rojizos de los cerros erosionados, o frente al blanco de Sierra Nevada, el blanco de la nieve que todavía queda en primavera. Encontramos los verdes en los llanos del trigo, de los cereales y gracias a la erosión y los registros que han quedado descubiertos, encontramos una serie de estratos que albergan registros geológicos continentales importantísimos.

Gracias a esto, esa zona está declarada por la UNESCO como un geoparque. En este entorno pasé una infancia feliz, muy sencilla, una vida muy sencilla, en contacto con la naturaleza y este es el territorio que aflora en toda la simbología de mi obra.


Horizontes en círculo XIV. 2023. Acrílico e hilo bordado sobre lienzo. 72 x 72 cm.


El bordado aprendido en contexto familiar y paisajes de tu infancia. ¿En qué momento te diste cuenta de que tu universo más cercano -personas, gestos, paisajes cotidianos- ya no era solo un recuerdo, sino un motor activo en la construcción de tu lenguaje artístico?

Me di cuenta de que el universo de mi infancia era el motor activo en la construcción de mi lenguaje artístico, a través de una amiga, después de su visita a mi casa-cueva. Ella, con su mirada, me hizo ser consciente de lo que hasta ese momento yo había realizado de forma intuitiva.

La mayor parte de las veces descubro cuál ha sido el paisaje, recuerdo o sensación que me ha inspirado la obra después de acabarla.


Viento marino III. 2025. Acrílico e hilo bordado sobre lienzo. 60 x 80 cm.


El mármol tiene un peso histórico y simbólico ligado a la monumentalidad, mientras que el bordado suele asociarse a tradiciones invisibilizadas o relegadas al ámbito doméstico. ¿Cómo negocias ese choque de estatus culturales en tu obra?

El mármol ha sido durante años el material que más me ha interesado para trabajar y con el que he realizado la mayor parte de mi obra escultórica. No fue hasta 2007-2008 cuando sentí la necesidad de incorporar la técnica del bordado, que es una técnica que yo había aprendido siendo adolescente.

Así empecé a investigar sobre papel, utilizando pespuntes con los que dibujaba paisajes y árboles que tenían una relación directa con las esculturas que estaba realizando en ese momento, y también, por otra parte, sobre pequeños retales de papeles variados. Investigaba con las posibilidades técnicas y plásticas del hilo, generando pequeñas obras donde el color, la textura y la vibración del hilo eran los protagonistas.

Más tarde pasé a trabajar en formatos más grandes sobre lienzo, donde también incorporé el acrílico. Así que estas dos técnicas tan contradictorias, mármol y el bordado, han convivido simultáneamente en mi estudio y en mi obra sin ningún problema. Actualmente, el bordado ha desplazado completamente al mármol.


Entre el Cielo y la Tierra III. 2020. Mármol y madera. 25 x 14 x 14 cm.


En tus piezas de mármol, el blanco y el dorado instauran una atmósfera casi meditativa; en cambio, en el bordado y el acrílico aparece un estallido cromático que activa el gesto y la vibración. ¿Es una elección consciente o los materiales te van revelando su color posible?

En el caso del mármol, la elección del blanco y el oro es una elección consciente con la que quiero transmitir la atmósfera espiritual del paisaje, la relación del ser con la naturaleza. Sin embargo, el estallido de color del hilo ha ido apareciendo y revelándose poco a poco de una manera más intuitiva, para más tarde ir descubriendo y utilizando más conscientemente las posibilidades de este material.


Susurro entrelineas XIII. 2023. Acrílico e hilo bordado sobre lienzo. 40 x 60 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Para la realización de las obras, la verdad es que no me gusta planificar demasiado. En el caso de las obras bordadas, hago pruebas en pequeños trozos de papel con el color, con la puntada que voy a realizar y con eso intento visualizar en mi cabeza cuál será el resultado final. Y de esta forma descubro, aprendo y aprovecho lo inesperado.

Por ejemplo, en algunas piezas, cuando he estado bordando, debido a la falta de tensión del hilo o a que esté demasiado flojo, se producen enredos que en principio podrían estropear la obra, pero que, al verlos, me doy cuenta de que me interesan mucho plásticamente. Entonces, eso lo he reproducido conscientemente después en otras piezas.