Art Madrid'26 – La Galería Art Lounge de Lisboa estará en Art Madrid15

Lego Splash. Pimax.

 

Art Lounge vio la luz en 2005. Fruto de la experiencia personal de su fundador, Ricardo Tenreiro da Cruz, que quiso fusionar a través de la galería una visión particular del mundo en el que confluyen dos perspectivas, por un lado, sus conocimientos y trayectoria profesional en el ámbito de la economía y el análisis de mercados y, por otro, su pasión por el arte, especialmente potenciada tras una estancia de estudios en Londres.

 

Behance. João Noutel.

 

Desde entonces, la actividad de la galería se identifica con una línea de actuación clara: traer a Portugal artistas de renombre internacional y que se coticen al alza, tanto por un efecto casi natural derivado de la globalización como por el deseo de rebasar las fronteras nacionales y contribuir a un mayor conocimiento del movimiento y realidad del arte en el exterior.

En este afán, Ricardo Tenreiro ha cambiado recientemente de local de exposiciones y cuenta hoy con un espacio de casi 500m2 e instalaciones de alta calidad pensando en atraer un sector del arte selectivo y riguroso, sirviendo de representante de Portugal y dando cuenta de la buena salud del sector en el país vecino en todas las ferias a las que asiste (México, Dubai, India, etc.).

Art Lounge aterriza en Art Madrid’15 con una propuesta ecléctica y enriquecedora de cinco artistas: Uiso Alemany, João Noutel, Pimax, Florian Raiss y Carmen Calvo. Así, contamos con obras escultóricas, pictóricas y piezas mixtas que diversifican la oferta de la galería.

Love Hurt. Pimax.

 

Podemos destacar a Pimax , creador conocido por sus performance. Con un bagaje previo que hunde sus raíces entre la música electrónica, el inconformismo social, las acciones protesta y el universo graffiti, Pimax deja entrever su actitud crítica, ácida y mordaz a veces, en muchas de sus obras. En sus últimas creaciones el artista trata de reflexionar sobre el paso del tiempo y el poder del instante congelado, plasmado a través de resinas y materiales de gran plasticidad.

 

Por encima del error. Carmen Calvo.

 

En el punto opuesto, aunque sin faltar el sentido crítico, está Carmen Calvo . Esta artista valenciana se nutre también de las influencias del pop-art, sobre todo en sus inicios, y ha ido desarrollando progresivamente un estilo propio en el que el recurso a la fotografía como estructura de base y el empleo del collage arroja resultados sorprendentes y estimulantes para el observador.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.