La galería Balaguer en Art Madrid\'15

La Galería Balaguer está situada en el corazón del barrio de las artes de Barcelona. La conocida calle Consell de Cent agrupa las principales salas de exposición de las ciudad, espacio al que la galería se trasladó en 2004, apenas dos años después de su apertura en 2002.

Una de las principales líneas de trabajo de la galería es el apoyo de los jóvenes talentos y la apuesta por la variedad de formatos. En este sentido, Balaguer incorpora a su sala piezas de fotografía, pintura, dibujo, escultura, grabado, vídeo o performances. En esta última disciplina la galería ha querido marcar un antes y un después en su trayectoria a través de un proyecto de exhibición que arrancó en 2011. Esta iniciativa, comisariada por Ariadna Rodríguez, ofrece un ciclo de performance de periodicidad bimensual que tiene lugar en la galería, actividad que viene a completar la variada oferta de eventos que se dan cita en este espacio.

 

Cristina en Miami. Alejandra Atarés.

 

Balaguer acude a esta cita de Art Madrid’15 con la fuerte propuesta de una única artista: Alejandra Atarés .

El trabajo de esta artista zaragozana se caracteriza por la viveza del color y la elección de un leit motiv original para articular sus series. En su última colección, Alejandra presenta piezas en las que aparecen mujeres de espalda enfrentadas a diversos paisajes urbanos y naturales. Como explica la artista, es una serie en la que se aprecia una evolución desde el retrato de gente a la que necesita conocer previamente, con un resultado más próximo a la realidad, hasta la creación de personajes inmersos en parajes fantásticos e imaginarios. Se trata de una nueva forma de retrato en la que la textura aplicada a los tejidos, en contraste con los fondos, de menor plasticidad, cobra una especial importancia expresiva.

 

Primavera. Alejandra Atarés.

 

En palabras de la artista Mercedes Mangrané “La obra de Atarés juega desde el descaro a plantear un reverso: no es la pintura quien nos da la espalda sino sus enigmas, que hemos de acercarnos para encontrar. La mirada que nunca desvelaremos, los rostros (seguramente autorretratos de la propia artista) que esconden su actitud, pero que, a modo de espejo, se reflejan en los paisajes de maravilla (de cuento) que, como espectadores, contemplamos”.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.