Art Madrid'26 – JOAN MIRÓ UN PERMANENTE EN MADRID

El canto del pájaro al rocío de la luna, Joan Miró, 1955 Successió Miró 2016

 

 

Joan Miró, pintor, escultor, grabador y ceramista. Un artista polifacético conocido por ser uno de los mayores representantes del surrealismo en el S.XX. Su obra ahonda en el subconsciente y recuerda a cierto trasfondo infantil. Sus inicios estuvieron marcados por movimientos como el fauvismo, el expresionismo o el cubismo, pero pronto pasó de puntillas por este estilo naif que tanto le caracterizaba. A partir de su estancia en la capital francesa, su obra comenzó a teñirse de cierto aspecto onírico. 

 

 

Tres Bolas, 1972, Joan Miró Successió Miró 2016

 

 

La colección compuesta por 65 obras, en su mayoría de las últimas décadas de su carrera, también incluye obras anteriores. Además, también se puede disfrutar de de un óleo y cuatro esculturas de Alexander Calder, con quien compartía una gran amistad. Estos fueron un obsequio del propio Calder a Miró. 

 

La colección está compuesta por obras de diferentes propietarios que se encuentran en depósito de manera temporal. La Fundación Mapfre ha conseguido con esto que su sala de exposiciones sea una parada obligatoria para todos aquellos adeptos a estudiar la obra de Miró. 

 

 

Vista de la exposición

 

 

Esta muestra es una evolución del estilo del artista, se pueden encontrar obras características que muestran el fuerte esfuerzo que desempeñaba en cada etapa. Una de sus cualidades era reinventar constantemente las ideas prefijadas de cada estilo y dotarlas de un nuevo significado. Influenciado por el cubismo, buscaba distintos puntos de vista dándoles una nueva vida. La colección nos presenta a un Miró vitalista y entusiasta que fue libre para expresar toda la plenitud que sentía.

 

 

Portrait of Joan Miró, 1930. Colección Particular en deposito temporal 

 

 

Si algo destaca de dicho artista es su deseo de evitar los convencionalismos. En la recta final de su carrera, quizá una de las etapas más desconocidas por la crítica, Miró siguió fiel a su estilo. En dicha muestra, dividida en 5 secciones han conseguido captar la esencia de este visionario que decidió pasar su retiro en la isla paradisiaca de Mallorca.

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.