Art Madrid'26 – LA DIVERSIDAD DE MARCEL BROODTHAERS

Foto de la exposición

 

 

Marcel Broodthaers (1924– 1976) un artista conceptual belga que basó su obra en la investigación y las nuevas propuestas, comenzó su carrera artística sumido en el mundo de la literatura y el cine, trabajando como periodista. A sus 40 años su visión cambió y dedicó su vida a la creación de nuevas propuestas plásticas.

 

Influido por el surrealismo y la experiencia de cineasta que fue adquiriendo a lo largo de los años, Broodthaers, continuó con su andadura por el mundo del arte con objetos encontrados creando collages. Ya en la recta final de su carrera, se decantó por obras de gran formato que añoraban un espacio más amplio que las salas de un museo.

 

 

Instalación de Marcel Broodthaers

 

 

Esta retrospectiva analiza toda la carrera del artista con tintes internacionales. La diversidad de tendencias se plasma en esta muestra de más de 300 obras y la publicación de un extenso catálogo que se puede encontrar en castellano e inglés. Los comisarios Jean-François Chevrier, Thierry de Duve y Benjamin H. D. Buchloh, han colaborado en la edición de textos.

 

Lo curioso es que no solo el MoMA ha contribuido a la creación de esta exposición, centros como, la Tate Gallery de Londres, la National Gallery de Washington, la National Gallery of Scotland, el MACBA de Barcelona, o el centro Georges Pompidou de París, han dejado sus piezas para llevar a cabo esta gran muestra.

 

 

Marcel Broodthaers. Sin título. Tríptico. Cáscaras de huevo sobre tres lienzos pintados. Imagen cortesía de María Gilissen Archives of Marcel Broodthaers.

 

 

Y no solo la gente que vaya a Madrid puede disfrutarla, anteriormente estuvo en Nueva York en el MoMa y en 2017 terminará en The Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf (Alemania), pero todavía estáis a tiempo de poder visitarla hasta septiembre en el Edificio Sabatini. Algo a tener en cuenta de la experiencia es que nos encontramos frente a una exposición dentro de otra exposición, ya que hace referencia a distintas disciplinas y manifestaciones totalmente dispares.

 

 

Decorado. Una conquista de Marcel Broodthaers (1975)

 

 

Broodthaers, se reinventó a sí mismo como lo hizo con el lenguaje de sus obras. Le otorgó a los objetos un nuevo significado adecuandolos al espacio donde cohabitan entre ellos. Muchos de los elementos utilizados por el artista son orgánicos, dotando de especial importancia a cáscaras de huevo o mejillones (alimentos famosos en la dieta belga). Esta exposición no deja indiferentes a los más curiosos.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.