Art Madrid'26 – LOS FAUVES Y LA PASIÓN POR EL COLOR

La dance, Henri Matisse. 1910

 

 

La fundación MAPFRE presenta dicha exposición hasta el 29 de enero de 2017. Dicha muestra reúne más de cien obras en las que se incluye, pintura, dibujo, acuarela y piezas cerámicas. Este movimiento, famoso por ser la primera gran vanguardia del S.XX, destaca por la exaltación y saturación de los tonos puros. Abrió el debate sobre la importancia del color de forma independiente en la configuración de la obra artística.

 

Dicho grupo liderado por Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vladiminck, destacaron por su liberación de energía y su particular tratamiento de la libertad de expresión. A finales de la década de 1890 se agruparon en los talleres de Gustave Morear y de Eugené Carrière y comenzaron a crear este singular movimiento. Hacia principios del S.XX tomó forma y comenzaron a exponer, la primera fue en la Sala VII del Salon d’Automme. Después de las primeras críticas adoptaron el nombre de “fieras” (fauve en francés).

 

 

Restaurant de la Machine à Bougival, Maurice de Vlaminck. 1905

 

 

El fauvismo se caracteriza por ser una corriente heterogénea, nacida de la amistad de un grupo de jóvenes soñadores con una idea clara del futuro. Apenas duró dos años pero dejó asentados los cimientos de un reclamo artístico que se ha ido proyectando hasta nuestros días. De aquí nacieron el expresionismo y el cubismo, este testimonio ha quedado fuertemente grabado en la exposición de la Fundación MAPFRE. Comisariada por María Teresa Ocaña, esta plantea un recorrido cronológico seccionado en cinco partes.

 

 

Foto de la exposición 

 

 

La primera parte, "el fauvismo antes del fauvismo", hace una pequeña disertación sobre el grupo de formación de la corriente y muestra ese sentimiento de comunidad que intentan transmitir al espectador. La segunda, "los fauves se retratan", muestran pequeños autorretratos que se hacían unos a otros reflejando la percepción que tenían del grupo. La tercera parte, "acróbatas de la luz" reflejan esas estancias en la costa azul que les servían de inspiración y encajaban perfectamente en ese arte de luz y color. "La fiereza del color" evidencia la identidad de los fauves, totalmente desligada de la descripción naturalista. Y la última sección "senderos que se bifurcan" hace referencia a los distintos senderos que tomó el grupo a partir de 1907.

 

 

Landscape near Chatou, André Derain. 1904

 

 

Para culminar la exposición hay una sección dedicada a un grupo de cerámicas que conectan estrechamente con el diálogo mostrado con la pintura. Una visita muy aconsejada para estos días grises de invierno que necesitan un tono de color. El fauvismo, es un reclamo para todo tipo de públicos, no pierdas esta oportunidad. 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.