Art Madrid'26 – PERFORMANCE: MATERNIDAD 4. AMAMANTAR. TERESA BÚA

Teresa Búa. Cortesía de la artista.

INTERCESIONES. CICLO DE PERFORMANCE X TARA FOR WOMEN



Art Madrid celebra su 19ª edición del 6 al 10 de marzo de 2024 en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles. Durante la Semana del Arte, Art Madrid se convierte en plataforma expositiva para galerías y artistas nacionales e internacionales. Con la intención de propiciar un espacio de enunciación protagonizado por artistas emergentes, nuestra feria se ha unido a la Fundación Tara For Women que, en su misión de empoderar y fortalecer a mujeres con talento, se convierte en colaboradora del renovado Programa Paralelo de Art Madrid con el Ciclo de Performance: Intercesiones X Tara For Women.

PERFORMANCE MATERNIDAD 4. AMAMANTAR. TERESA BÚA


Viernes - 8 de marzo - 17:00h. Galería de Cristal del Palacio de Cibeles.



La maternidad, como la menstruación, tiene un tiempo diferente al del capitalismo patriarcal. La vida pasa muy deprisa y nuestros objetivos profesionales son prioridad en la actualidad. La maternidad se sitúa en una cuenta atrás en relación a nuestras carreras. ¿Cuándo me puedo permitir parar? ¿Puedo en realidad permitirme parar?

Yo he parado.

Teresa Búa ha comenzado el viaje de la gran pausa, la maternidad. La obsesión con los números: los minutos, las horas, los días, las noches, los meses, los años… los mililitros.

La madre lactante muestra en esta pieza la yuxtaposición entre el caos y la ternura, la pausa y la productividad absoluta, el ruido exterior y la búsqueda de la paz interior, el cómo hacer y el qué hacer…

Maternidad 4. Amamantar. Documentación. 2024.

Esta obra nos invita a presenciar la belleza de la experiencia materna como una fuente de creatividad en la intercesión de la vida y la producción como fuerzas interconectadas en la experiencia humana.

Teresa Búa presenta en esta performance una poesía numérica como autoafirmación del estado del ser. Criar es la mayor expresión de crear, dar vida es la superlativa producción.



SOBRE LA ARTISTA

TERESA BÚA. Muxía, A Coruña, 1991

Teresa Búa realiza el grado de Bellas Artes entre Pontevedra, Londres y Valencia. Se especializa en arte contemporáneo y moda en la UVigo.Combina Bellas Artes, diseño de moda y artesanía en sus proyectos artísticos. Su obra, presente en exposiciones nacionales e internacionales, se centra en el autoconocimiento, el patrimonio cultural de Galicia y la moda digital. La performance «Maternidad 4. Amamantar» aborda la maternidad como una experiencia creativa y reflexiona sobre el tiempo diferenciado de la vida materna en contraste con las demandas del capitalismo patriarcal.











CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.