Art Madrid'26 – NOS DEJAMOS SORPRENDER POR CHEMA MADOZ

Navegar contracorriente nunca ha sido fácil. Nos pone en una situación de tensión que obliga a sacar lo mejor de nosotros mismos y esforzarnos al máximo. No obstante, así se entrenan los atletas de élite y los nadadores olímpicos, en piscinas adaptadas para generar un torrente de agua que los deportistas deben combatir con denodados esfuerzos y tesón. Por remota que pueda parecer la comparación, este es también el camino que algunos autores eligen para buscar su identidad creativa y labrar un estilo propio que los identifique y con el que se sientan realizados. Luchar contra el medio suele ser la tónica habitual en estos casos, porque romper los moldes es exponerse a las críticas de quienes no saben aún entender el nacimiento de una nueva era, un cambio de paradigma.

ChemaMadoz, “Sin título”, 1999, © VEGAP2019

En cierta medida, así ha sido la historia de Chema Madoz. Pertrechado con su cámara de fotos desde la infancia, a sus 20 años decidió dedicarse por completo a esta disciplina y adentrarse en un terreno inexplorado, comparado con los cánones ya consagrados de los grandes fotógrafos. En sus primeras salidas, esperaba que la calle le ofreciera de forma espontánea las imágenes que él buscaba de forma reiterada en su mente. El azar, no obstante, se mostraba más retraído y arbitrario de lo que su ambición pretendía. Así, de forma progresiva, fue dando cabida a la composición de estudio, dejando a un lado la casualidad y el hallazgo, tan predicados de la fotografía naturalista, para dar forma a sus propias ideas e imágenes soñadas.

ChemaMadoz, “Sin título”, 2000, © VEGAP2019

Con todo, Madoz es deudor de la inspiración natural. Sin ser demasiado consciente de ello, al concluir una serie o un proyecto, constataba la casi permanente presencia de motivos naturales en su obra. Estos juegos de la imaginación y la mente se presentan como dobles sentidos visuales, un truco del lenguaje fotográfico donde no solo la calidad de la composición es determinante, sino el papel que también desempeña la mente del espectador, abierto a rellenar los vacíos de información y los contrasentidos de la imagen con sus propias ideas. Un vaivén de referentes que se alimenta de elementos de nuestro entorno, que aprovecha las texturas, los contornos, explota las formas ambivalentes, los usos polisémicos de los objetos que convierte en protaginistas de sus piezas.

ChemaMadoz, “Sin título”, 2004, © VEGAP2019

Precisamente en torno a la naturaleza, hoy podemos disfrutar de una exposición que reúne algunas de las obras más emblemáticas del autor realizadas entre 1982 y 2018, y que estará abierta al público hasta el 1 de marzo en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico. Como nos explica la comisaria de la exposición, Oliva María Rubio, la muestra “funde los reinos vegetal, animal y mineral, dando lugar a un reino propio en el que transforma hojas, ramas, nubes, maderas, plantas, flores y piedras ofreciendo las combinaciones más inesperadas”. Una trayectoria fotográfica que demuestra siempre la capacidad de sorprenderse ante la vida.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.