Art Madrid'26 – ONE PROJECT’19: EL TRIUNFO DEL COLOR

Contour Art Gallery, DDR Art Gallery, Granada Gallery, About Art, Flux Zone, RV Cultura e Arte y Víctor Lope Arte Contemporáneo

 

El color se convierte en el gran protagonista del nuevo One Project. Es el hilo conductor que une en distintos diálogos conceptuales y formales las obras. Lúcidas narraciones para perderse, para adentrarse en un comienzo que nos lleva a otro nuevo comienzo y en los que la realidad se camufla, se trasciende o se subvierte.

Un año más Art Madrid presenta el programa One Project, ideado para apoyar y promocionar a jóvenes artistas cuyas carreras se encuentran en un estado inicial o intermedio. El proyecto se materializa en una propuesta comisariada dentro de la feria en la que se presentan las obras de los creadores en formato solo show manteniendo a su vez una visión unitaria.

Alejandra Atarés

Jardin con fondo rosa, 2018

Óleo y acrílico sobre lino

150 x 150cm

Este año, una de las grandes novedades del programa es la incorporación de Nerea Ubieto, crítica y comisaria que presenta una exposición protagonizada solo por mujeres artistas. Esta elección, como afirma Ubieto, se basa “en la urgencia de equilibrar una balanza que sigue muy descompensada y romper una lanza a favor de todas nosotras”. Bajo el título “Ficciones, máscaras y paisajes: el color como telón de fondo”, se recogen los trabajos en su mayoría inéditos de siete artistas, destacando la presencia internacional y en concreto, sobresaliendo la participación latinoamericana.

Como explica la comisaria, son trabajos que nos invitan a construir universos propios, pues “mediante la creación podemos desprendernos de los lastres que ralentizan el desarrollo de la sociedad, disolver estereotipos, inventar otros nuevos, apropiarnos de aquello que deseamos cambiar y, efectivamente, transformarlo. No hay límites que valgan, solo máscaras más o menos creíbles; con mayor o menor carga de positividad, de color”.

Rūta Vadlugaitė

A Place for Bird Nests, 2015

Óleo sobre tela

73.7 x 101.5cm

Rūta Vadlugaitė

Hepatica, 2017

Óleo sobre tela

80 x 60cm

Los mundos de Rūta Vadlugaitė, artista representada por la galería lituana Contour Art Gallery (Vilna), se caracterizan por las grandes manchas de color dentro de un paleta reducida. Son composiciones en las que las líneas son rotundas, mínimas, pues el color lo domina todo. Con una clara debilidad por las tonalidades azules, los paisajes de Vadlugaitė describen espacios que tienen mucho de abstracción, de autobiografía, de intuición y rigurosidad como señala Ubieto, quien los define como “catapultas de idearios psicológicos múltiples” en las que se reflejan metáforas del ser de la artista.

Virginia Rivas

Jugando al escondite, 2016

Acrílico, grafito y cinta de carrocero sobre lienzo

20 x 20cm

Virginia Rivas

Oh, la mía pena, 2016

Acrílico, grafito y cinta de carrocero sobre lienzo

40 x 40cm

Grandes manchas de color también protagonizan las pinturas de la más abstracta y gestual Virginia Rivas, artista que participa con la galería online DDR Art Gallery (Madrid). La abstracción emocional de Rivas se caracteriza por los relatos expandidos, las pequeñas revelaciones acerca de vivencias o los pensamientos personales que interrumpen las composiciones. En conjunto, sus pinturas son como trazos de mundos interiores ahora exteriorizados y expuestos en un bello “dejarse ir”. Como señala la comisaria, Rivas nos invita a transitar por lugares quizá más íntimos, pero posibles incluso en el marco de una feria.

Mara Caffarone

Sin título, 2018

Pastel óleo sobre papel

70 x 50cm

Mara Caffarone

Selfie portrait, 2015

Aerosol sobre polietileno

150 x 60cm

Igualmente el trabajo de Mara Caffarone se mueve entre la abstracción y la gestualidad, a lo que se suma un marcado carácter sensorial. Representada por la galería argentina Granada Gallery (Comuna), en su obra se reflexiona sobre “los límites de la percepción y la necesidad de identificar aquello que observamos”, explica Ubieto. De la pintura pura Caffarone salta rápidamente a la incorporación de materiales extrapictóricos -especialmente, los plásticos y el aerosol-, al vídeo o a la instalación. De hecho, la propuesta que se presentará en Art Madrid incluirá vídeo, instalación y pintura en una experiencia artística que irá mucho más allá del tradicional y contemplativo modo expositivo.

Nuria Mora

Sin título, 2018

Acrílico sobre papel

110 x 75cm

Nuria Mora

Sin título (Placas tectónicas I), 2018

Acrílico sobre papel

181.5 x 146cm

Por su parte, “el factor lúdico y la flexibilidad indomable de las pinturas” de Nuria Mora llegan a desbordar cualquier soporte, “como si el pigmento geometrizado -explica la comisaria- naciese del fondo de las paredes y se colase por sus grietas generando capas epidérmicas y acumulativas”. Representada por la Galería About Art (Lugo), Mora es una de las artistas más destacadas del llamado Post Grafiti que, desde hace un tiempo, ha trasladado sus seductoras formas orgánicas y geométricas del muro al papel. No obstante, como no podría ser de otra manera, estas formas coloristas volverán a ser insurrectas y superarán los límites de los márgenes impuestos.

Sofía Echeverri

Juegos prohibidos III, 2014

Acrílico y óleo sobre lienzo

120 x 160cm

Sofía Echeverri

Trampland con olas, 2015

Acrílico sobre lienzo

180 x 220cm

Sofía Echeverri, que llega con la galería Flux Zone (Ciudad de México), tiene una manera muy particular de expresar sus relatos. Echeverri parte de narraciones en blanco y negro, de tendencia figurativa y geométrica, que pasan a ser actualizadas y trascendidas por medio del contraste que ejerce la introducción de vívidos colores -magentas, verdes y azules. Habitualmente, detrás de esta estrategia formal se encuentra una crítica conceptual: “el contraste cuestiona, dice la artista, lo que perdemos por lo que preferimos conservar”. Para Art Madrid se presenta una selección de tres de sus series más destacadas: “Juegos prohibidos”, “Trampland” y “Pedir la lluvia”, series en las que la seducción, el misterio y el desasosiego -incluso lo siniestro freudiano- configuran narraciones quebradas que sirven a Echeverri para escindir la realidad.

Manuela Eichner

Bruja, 2018

Collage sobre madera

60 x 45cm

Por otro lado, se presentan los juegos de máscaras de Manuela Eichner, creaciones con las que la artista reinterpreta modelos y mitos femeninos empleando el collage como medio fundamental desde el que subvertir los significados. Representada por la galería brasileña RV Cultura e Arte (Salvador de Bahía), Eichner nos introducirá en Art Madrid en una particular selva tropical en la que se describe todo un catálogo de perturbaciones del papel femenino tradicional. Se trata de un trabajo de reescritura visual con el que crea nuevos paradigmas, propone nuevas iconografías, donde la provocación llega a unir iconos de la tradición mitológica con estereotipos pornográficos y motivos vegetales para reflexionar sobre “lo salvaje domesticado”. Plantas y mujeres como protagonistas pues, como afirma Ubieto, en los dos casos se puede hablar “de cuerpos domados, sometidos, reducidos a mera decoración”.

Alejandra Atarés

Japonesa con palmeras nevadas, 2017

Óleo y acrílico sobre lino

114 x 146cm

Estas reivindicaciones las comparte con Alejandra Atarés quien, representada por la galería Víctor Lope Arte Contemporáneo (Barcelona), cierra la propuesta de One Project con dos de sus principales líneas de trabajo. Por un lado, nos invita a protagonizar vidas ajenas desde la representación colorista de mujeres que nos dan la espalda, nos ocultan sus rostros absortas ante borrosos horizontes. Por otro lado, también desde su característica figuración detallista de motivos repletos de color, nos traslada a paisajes de ensueño en los que “rompe con las normas de la perspectiva y de la espacialidad real para introducirnos en paraísos ficticios en los que el adentro y el afuera se confunden”. Como concluye la comisaria, se presentan distintas creaciones en las que “el color se propaga, contamina ambientes y conecta las siete propuestas en una ola de frescura y vigor”.

 


LA UNIVERSIDAD NEBRIJA REIVINDICA LA INTELIGENCIA ESTÉTICA FRENTE A LA ERA ALGORÍTMICA EN ART MADRID'26


El Espacio Nebrija acoge un proyecto curatorial que propone una alternativa crítica a la automatización del pensamiento creativo.

La Universidad Nebrija participa en la 21ª edición de Art Madrid con un proyecto curatorial que plantea una reflexión crítica sobre la relación entre pedagogía artística, mercado y tecnología. Bajo el concepto de Inteligencia Estética, la propuesta se posiciona como una alternativa a la lógica algorítmica de la Inteligencia Artificial, priorizando la sensibilidad, el gesto, la materialidad y la experiencia como formas de conocimiento no automatizables.

En un momento histórico en el que la Inteligencia Artificial irrumpe con fuerza en todos los ámbitos de la producción cultural, generando tanto fascinación como inquietud, la Universidad Nebrija apuesta por reivindicar aquellas dimensiones de la experiencia artística que permanecen irreductibles a la lógica algorítmica. No se trata de negar el impacto tecnológico ni de adoptar una postura tecnofóbica, sino de identificar y defender aquellos territorios del conocimiento que exigen la presencia del cuerpo, la sensibilidad, el gesto y la experiencia vivida.


Álvaro Fernández. Recordar/Olvidar. Técnica mixta sobre tela. 40 x 60cm. 2026.


El concepto central de la propuesta es el de Inteligencia Estética, entendida como una forma de conocimiento que integra lo sensorial, lo afectivo, lo intuitivo y lo cultural. Frente a la lógica de la Inteligencia Artificial, fundamentada en algoritmos, patrones de reconocimiento y capacidad de replicación masiva, la Inteligencia Estética prioriza dimensiones que permanecen ancladas en la experiencia humana singular: el gesto único e irrepetible, la presencia física del cuerpo en el acto creativo, la textura material de los soportes y pigmentos, la temporalidad del proceso de creación.

Esta reivindicación cobra especial importancia en un contexto en el que la IA generativa es capaz de producir imágenes en cuestión de segundos, procesando millones de referencias visuales previas para sintetizar nuevas composiciones. Sin embargo, lo que la máquina no puede replicar, es precisamente aquello que constituye el núcleo de la experiencia estética. La resonancia afectiva de un color específico aplicado con determinada presión sobre una superficie concreta, la decisión intuitiva que surge del diálogo entre el artista y la materia, o el error productivo que abre caminos inesperados.

La Inteligencia Estética se entiende así como una forma de resistencia epistémica, una defensa de aquellos modos de conocer el mundo que no pueden ser automatizados porque están constitutivamente vinculados a la experiencia encarnada, situada y temporal de los sujetos creadores.


Pablo Padilla Sadurni. ST. Paspartú resanado y acrílico. 18 x 18 x 48 cm. 2026.


Bajo el provocador neologismo NotanIA SipedagogIE, que condensa en su formulación misma la propuesta conceptual: "No tan IA, sí pedagogíe". Esta construcción lingüística, que juega con la presencia y ausencia de fragmentos de las palabras "Inteligencia Artificial" y "pedagogía", señala una toma de posición clara respecto al papel de la formación artística en el contexto tecnológico actual.

Se propone una pedagogía crítica que no rechaza la tecnología pero que se niega a subordinar los procesos de aprendizaje artístico a la lógica de la eficiencia, la optimización y la reproducción que caracterizan a los sistemas algorítmicos. Frente a la tentación de utilizar la IA como atajo o sustituto del proceso creativo, esta pedagogía reivindica el valor formativo del ensayo, el error, la experimentación material y el tiempo dedicado a la exploración sin un objetivo predeterminado.

Una pedagogía que se define también como empática, en el sentido de que reconoce y valora la dimensión afectiva y relacional del aprendizaje artístico, que no entiende la La creación como un acto individual aislado sino como un proceso que implica resonancias emocionales, intercambios simbólicos y construcción colectiva de sentido. El stand mismo, concebido como obra coral, materializa esta comprensión de la creación como experiencia compartida.


Verónica Bergua Tabuyo. Cartografía del tío Pablo. Video digital. Edición: 1/5. 2:40 min. 2026.


La metodología propuesta para el proyecto es tan rigurosa como abierta a la experimentación. Cada uno de los estudiantes participantes inicia su proceso creativo mediante la apropiación poética de un verso, una estrofa que funcionará como semilla conceptual y afectiva de la obra. La elección de la poesía, como forma de lenguaje que condensa significados múltiples y ambiguos, que trabaja con resonancias sonoras y visuales, que sugiere más que describe, constituye un punto de partida ideal para un proyecto que reivindica lo inefable, lo no totalmente traducible a código.

A partir de la elección de un verso, cada artista ha desarrollado un mood board concebido como un tablero de atmósferas y, al mismo tiempo, como una cartografía sensible del proceso. Este recurso permite expandir el imaginario del verso a través de objetos, imágenes, texturas, materiales y otros elementos que resuenan con la experiencia poética inicial. Se trata de una herramienta que hace visible el proceso de traducción intersemiótica: el tránsito del lenguaje verbal al visual, de lo textual a lo material, evidenciando las transformaciones y desplazamientos que se producen en ese recorrido.

El siguiente paso consiste en el desarrollo de una obra bidimensional que evita deliberadamente el lenguaje escrito. Esta restricción trata de priorizar la exploración visual y material por encima de la narratividad textual, de confiar en la capacidad comunicativa de la forma, el color, la textura y la composición. La obra debe hablar por sí misma, sin necesidad de explicaciones verbales que medien entre la pieza y el espectador.

El proceso de creación se concibe desde una lógica experimental próxima al laboratorio, donde la prueba, el error, la corrección y el ensayo forman parte constitutiva del método. No se busca un resultado predeterminado sino que se permite que la obra emerja del diálogo entre la intención inicial y las posibilidades (y resistencias) de los materiales.


Blanca Lanaspa. Testigo 176,8. Técnica mixta cerámica. 40,8 x 176,8 cm. 2026.


El stand que acoge al Espacio Nebrija se concibe una obra de arte en sí mismo, de carácter coral y transitorio. Inspirado en las Zonas SER de Madrid, esas áreas de estacionamiento regulado de uso temporal, el espacio expositivo se piensa como un territorio de tránsito simbólico, un lugar de ocupación efímera que invita a reflexionar sobre la presencia, el deseo y la temporalidad.

Esta metáfora de las Zonas SER resulta particularmente potente, pues así como estos espacios urbanos permiten una ocupación temporal del espacio público bajo ciertas condiciones, el stand se presenta como un territorio que los artistas ocupan temporalmente durante la feria, estableciendo un diálogo entre la permanencia (las obras como objetos físicos que permanecerán tras el evento) y la transitoriedad (la configuración espacial específica que existe sólo durante los días de la feria).

El carácter coral del proyecto subraya la dimensión colectiva de la creación artística. No se trata de una suma de individualidades sino de una polifonía de voces que se entrelazan, resuenan y dialogan entre sí. Cada obra individual mantiene su autonomía pero cobra nuevos significados en relación con las demás, generando un tejido de correspondencias visuales, conceptuales y afectivas.


Marialex Arcaya. La bodega. Acrílico sobre madera. 80 x 160 cm. 2026.


El proyecto reúne el trabajo de siete estudiantes del Grado en Bellas Artes de la Universidad Nebrija: Marialex Arcaya desarrolla "La bodega", una reflexión sobre el objeto cotidiano como contenedor de memoria e identidad. Partiendo del verso: “Y en el fondo del bolso de playa más querido hay arena, monedas oxidadas, y un recibo de helado que ya no existe. El verano puede conservarse en capas", la artista explora las bodegas venezolanas como espacios de nostalgia y pertenencia. A través de una serie de pinturas acrílicas sobre lienzo que representan productos y envases, investiga cómo los objetos más mundanos pueden funcionar como repositorios de recuerdos y marcadores de identidad cultural. Su obra plantea preguntas sobre qué borramos y qué conservamos, sobre cómo el paso del tiempo transforma tanto a los objetos como a nosotros mismos, celebrando la capacidad de renacer y transformarse que caracteriza la experiencia humana.


Laura Nogales. Otra primavera. Acrílico y bordado sobre tela. 240 x 98 cm. 2026.


Laura Nogales participa con"Otra primavera", una instalación textil que explora la descomposición y deconstrucción del concepto de feminidad en un entorno transitorio: la ducha. Su obra, construida con retales, restos de ropa reciclados, medias y diversos tipos de rellenos, forma una masa abstracta que representa la feminidad descompuesta, en constante mutación. El desagüe funciona como elemento simbólico que todo lo traga, testigo de transformaciones íntimas. Nogales aborda cómo la feminidad como experiencia compartida sufre grandes altibajos en el contexto actual, donde el machismo retorna con fuerza en medios y redes sociales. Su propuesta textil genera ambigüedad emocional en el espectador, que puede sentirse atraído o repelido por la figura, reflejando las contradicciones inherentes a la experiencia de construir y defender la identidad femenina en un contexto adverso. Su trabajo ha tomado como refrencia el fragmento del poema: "Por encima de la ducha, el vapor dibuja mapas que se desvanecen".


Inés López. Sedentario. Fotografía digital. 30 x 40 cm. 2026.


Inés López presenta "Sedentario", una obra inspirada en el verso “Allí las partículas de polvo son un archivo en suspensión”. El proyecto reflexiona sobre la capacidad de los espacios domésticos para conservar aquello que el cuerpo olvida cuando dejan de ser habitados. La serie fotográfica se sitúa en el interior de una vivienda en construcción, en estancias suspendidas entre el uso y el abandono, donde la ausencia se manifiesta como acumulación silenciosa de materia, huellas y tiempo. Planos arquitectónicos y proyecciones en un edificio inacabado amplían la propuesta, estableciendo un diálogo entre el espacio proyectado y el espacio vivido, entre lo que ya fue habitado y lo que aún no ha comenzado a serlo. La obra plantea así una meditación sobre la transitoriedad del cuerpo frente a la persistencia silenciosa de la arquitectura.


Verónica Bergua Tabuyo. Cartografía del tío Pablo. Video digital. Edición: 1/5. 2:40 min. 2026.


Verónica Bergua presenta "Cartografía del tío Pablo", un proyecto profundamente personal que explora la relación entre acumulación compulsiva, salud mental y territorio emocional. A través de una instalación videográfica que combina la fotografía minimalista de objetos extraídos de la habitación de su tío, diagnosticado con esquizofrenia, síndrome de Diógenes y cleptomanía, Bergua construye un mapa visual del caos mental materializado en el espacio físico. La secuencia de imágenes, presentada a velocidades variables, genera en el espectador una experiencia de ansiedad que refleja la naturaleza de la acumulación compulsiva. Su obra invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con los objetos, sobre los límites entre necesidad y apego, y sobre cómo el territorio que habitamos puede convertirse en espejo de nuestro territorio mental. Su propuesta está inspirada en los versos: “Debajo de la cama… se acumulan objetos que no recordamos haber perdido”. “Un museo sin textos ni etiquetas: el cajón de cables de los dispositivos rotos”. “La caja de medicamentos caducados guarda la historia de dolencias que ya no duelen".


Blanca Lanaspa. Testigo 176,8. Técnica mixta cerámica. 40,8 x 176,8 cm. 2026.


Blanca Lanaspa presenta "Testigo 176,8", una obra que parte del verso: "El perchero de la entrada sostiene lo que somos antes de entrar y después de salir. Un umbral vertical donde las transiciones cuelgan". Su propuesta adopta la forma de un pegboard cerámico, un tablero de combinatoria con piezas extraíbles de diferentes superficies, esmaltes y texturas. Cada elemento funciona como un "accidente sensible", resultado de procesos donde intervienen tanto la planificación estética como el azar material. Las piezas exploran estados de la materia: brotes, fugas, desbordamientos, erosiones, superficies craqueladas, contracciones y expansiones. El carácter táctil e interactivo de la obra invita al espectador a una relación corporal directa con ella. Acompañada de un mood board que documenta el proceso de investigación cerámica, la pieza celebra la imprevisibilidad de los materiales y la belleza de lo no sistematizado.


Pablo Padilla Sadurni. ST. Detalle. Paspartú resanado y acrílico. 18 x 18 x 48 cm. 2026.


Pablo Padilla presenta "Sin título", una escultura arquitectónica inspirada en el verso: “El calcetín desparejado no está perdido: habita un lugar que no existe”. Concebida como una analogía espacial de la búsqueda de plenitud, la pieza propone un arquetipo arquitectónico que remite al mundo de las ideas; un lugar imaginado, necesario y, sin embargo, inalcanzable. Construida en cartón fino, la obra adopta la forma de estructuras imposibles y laberínticas, habitadas por figuras a escala que recorren pasillos, escaleras y estancias sin salida. Estos espacios, simultáneamente tensos y contemplativos, combinan el romanticismo de la introspección con la frialdad inhóspita de lo brutalista. La obra crea un ambiente surrealista que oscila entre lo pacífico y lo tenso, invitando a una experiencia sensorial y emocional sobre la soledad compartida, el aislamiento y la búsqueda de refugios mentales que no existen en el mundo físico.


Álvaro Fernández. Recordar/Olvidar. Detalle.Técnica mixta sobre tela. 40 x 60cm. 2026.


Álvaro Fernández presenta "Recordar/Olvidar", una obra inspirada en el verso: "En el espejo del ascensor, dos personas se reflejan sin tocarse. Lo que media entre ellas no es aire: es la posibilidad de no decir nada". A través de obras híbridas que combinan transferencias manuales sobre tela con fotografías digitalmente intervenidas, Fernández explora el silencio, la presencia compartida y la coexistencia de mundos íntimos que no se tocan. Sus transferencias, realizadas mediante plancha de gel o aceite de lavanda, generan imágenes inestables y deterioradas, como memorias en proceso de desvanecimiento. La fragmentación y el desplazamiento de elementos fotográficos multiplican las escenas, creando capas de temporalidad superpuestas. Su trabajo materializa la fragilidad de los recuerdos y la potencia del silencio como espacio de intimidad no verbal.


Blanca Lanaspa. Testigo 176,8. Técnica mixta cerámica. 40,8 x 176,8 cm. 2026.


En un momento en que el debate sobre la Inteligencia Artificial y la creación artística se intensifica, con posiciones que oscilan entre el entusiasmo acrítico y el rechazo absoluto, la propuesta de la Universidad Nebrija para Art Madrid'26 ofrece una tercera vía, un posicionamiento crítico que no niega la realidad tecnológica pero que defiende con claridad aquellas dimensiones de la experiencia artística que permanecen irreductibles a la automatización.

El concepto de Inteligencia Estética propone una alternativa epistemológica que reconoce la validez de formas de conocimiento basadas en la sensibilidad, la intuición, la experiencia corporal y la resonancia afectiva. No se trata de conocimientos "menores" o subsidiarios respecto al conocimiento racional o algorítmico, sino de modalidades igualmente válidas y, en el ámbito de la creación artística, absolutamente fundamentales.

Este proyecto curatorial representa así una aportación valiosa al debate contemporáneo sobre tecnología y cultura, proponiendo que la formación artística universitaria no debe limitarse a preparar a los estudiantes para adaptarse al mercado o a las herramientas disponibles, sino que debe dotarlos de capacidad crítica, sensibilidad material y conciencia de la especificidad de su práctica.

Art Madrid'26 acogerá así una propuesta que, más allá de su calidad estética individual, constituye una reflexión colectiva sobre el presente y el futuro de la creación artística, sobre el papel de las instituciones educativas en la formación de nuevas generaciones de artistas y sobre la necesidad de defender espacios de experimentación, lentitud y materialidad en un mundo acelerado y crecientemente virtualizado. La Universidad Nebrija, a través de este proyecto, reivindica el valor insustituible de la Inteligencia Estética como forma de conocimiento y como práctica de resistencia frente a la homogeneización algorítmica, apostando por una pedagogía que sitúa en el centro la sensibilidad, el gesto corporal y la resonancia afectiva como dimensiones fundamentales de la condición humana.