Art Madrid'26 – OTHERNESS: Recorrido comisariado por Natalia Alonso Arduengo

Natalia Alonso Arduengo será la comisaria encargada de llevar a cabo el Programa Comisariado, que girará alrededor del tema de la IDENTIDAD tomando como punto de partida los versos del poema Otherness de Mario Benedetti. Dentro del programa de Art Madrid’23 podremos disfrutar de un recorrido comisariado a partir de la selección de obras presentes en los stands de las galerías participantes. El visitante podrá seguir el recorrido de manera autónoma a través de las marcas identificativas o apuntarse con cita previa inscripción al recorrido guiado por la comisaria

¿Cómo nos vemos a nosotros mismos? ¿Quién queremos ser? ¿Qué imagen proyectamos? ¿Qué convencionalismos sociales imponen una determinada manera de estar en el mundo? ¿Es nuestra identidad tan nítida como creemos o se reformula constantemente a lo largo de nuestra vida?

Raquel Algaba

Entre pensamiento y proyección, 2022

Cerámica esmaltada, madera y textil

130 x 100cm

«Quizás el individuo no debería ser considerado como algo completo y definido sino, más bien, una consecución de yoes que se van dando la mano, como en una cadena de dominó», dice Raquel Algaba (Madrid, 1992). La artista de la Galería Arancha Osoro (Oviedo), trabaja en su obra acerca de la incapacidad de autodefinirnos de manera cerrada e inmutable. Somos sujetos en un estado de work in progress que nos reformulamos continuamente a partir de una multiplicidad de fragmentos.

Roger Sanguino

Geometría est imago LXVI, 2022

Óleo, acrílico y acero inoxidable / tela / madera

39 x 32cm

La complejidad de la identidad es explorada por Roger Sanguino (Venezuela, 1968), de DDR Art Gallery (Madrid), por medio de unos retratos que comienza trabajando en óleo y que finaliza incorporando un entramado de hilos de acero que se superponen a los rostros generando una especie de «camuflaje o segunda piel». ¿Ocultan su verdadero yo? ¿Se enmascaran ante una sociedad que reclama la nitidez aunque sea a costa de la hipocresía? Simon May en El poder de lo cuqui (Ediciones Alpha Decay, 2019) reflexiona:

El fraude alimentado por el culto a la sinceridad también termina desquiciando nuestra identidad: si nos negamos a aceptar que la persona que somos «genuinamente» es, en gran medida, opaca y que no estamos en condiciones de asumir que nuestras palabras y actos expresen más que fragmentos o momentos de nuestro ser, en vez de un yo constante, coherente y transparente, entonces estaremos conduciendo nuestra vida en función de una imagen falsa de nosotros mismos.

Federico Granell

Remind me, 2022

Acuarela sobre papel

70 x 50cm

El Yo inaprehensible fue objeto de profundo análisis en el Romanticismo. Los personajes de Friedrich encarados a la inmensidad del paisaje se enfrentaban, en segunda instancia, al vértigo de sí mismos, «al vacío lacerante de un negativo infinito y abismal en el que la subjetividad se rompe en mil pedazos» según expresó Rafael Argullol en La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico (Acantilado, 2006). Como los sujetos solitarios del pintor alemán cuyo viaje romántico es la búsqueda del Yo, los protagonistas de las obras de Federico Granell (Asturias, 1974), de Galería Metro (Santiago de Compostela), se sitúan, empequeñecidos, ante la sublimidad de un paisaje que les empuja a reencontrar sus señas de identidad.

Jorge Hernández

Metaverso, 2023

Acrílico y resina sobre tabla

180 x 190cm

Un paisaje de inmensidad desbordante también es aquel escenario en el que el artista Jorge Hernández (Huelva, 1973), de Galería Aurora Vigil-Escalera (Gijón), emplaza a muchos de los protagonistas de sus trabajos. Pero lossujetos de sus escenografías han avanzado un nivel frente al sujeto heredado de la pintura romántica. No se sitúan cara a cara ante la grandiosidad de la naturaleza, sino que, entre ambos, hay un elemento intermedio: unas gafas de realidad virtual. El abismo ahora es el metaverso. La búsqueda del Yo se diluye y la línea entre la identidad real y la virtual cada vez es menos nítida. Ambas se funden y confunden. Así explica Jordi Pigem en Pandemia y posverdad (Fragmenta Editorial, 2021) los riesgos de la tecnología:

Vamos hacia una sociedad cada vez más alienada, ya intuyó Erich Fromm. En su breve ensayo "The present human condition" ("La condición humana actual"), publicado en 1955, advertía que vamos hacia una sociedad tan rebosante de prodigios tecnológicos como carente de sabiduría para usarlos, una sociedad en que las personas no guían a la tecnología, sino que la tecnología las guía a ellas.

Frente a esta nueva circunstancia, ¿puede la identidad individual ser dirigida por cada cual de forma exclusiva? Agustín Fernández Mallo, en La mirada imposible (Wunderkammer, 2021), habla sobre la imposibilidad de la «identidad autocreada»:

La idea de que el sujeto arma su propia identidad y más o menos la controla no es más que una mentira consoladora. La identidad nos la construyen los otros en un proceso que incluye exclusivamente su mirada, y en el que poco o nada podemos intervenir. Ahora mismo, a lo largo y ancho del planeta Tierra, y ya sea directamente con nuestros nombres y apellidos o a través de datos y metadatos de segunda mano, hay decenas, centenas, millares de informaciones en las que cada uno de nosotros aparece; la identidad individual es entonces la suma e interacción mutua de todas esas informaciones que no solo no controlamos sino de las que tan siquiera tenemos ni jamás tendremos conocimiento; son para cada cual de nosotros una mirada externa e imposible. Asusta pensar que la identidad individual, lo que realmente soy, no está en mí sino fuera de mí, construida por otros. Desde una acepción contemporánea del término, la identidad es entonces una red compleja, producto de lo que los demás dicen que somos, no el núcleo cerrado y subjetivo de lo que cada cual piensa de sí mismo.

Carsten Breuer

Sophia Lauren, 2022

Acrílico sobre lienzo

160 x 100cm

La identidad como autoconstrucción sería, en palabras de Fernández Mallo, «una proyección delirante, una alucinación del ego» ¿Quién se esconde, entonces, detrás los personajes de Carsten Brauer (Kassel, 1966), de Galería Uxval Gochez (Barcelona). ¿Hasta qué punto esos rostros conocidos pueden controlar la mirada que se posa sobre ellos? Su identidad la hemos ido construyendo como espectadores por medio de la difusión en los medios icónicos de masas. Las nuevas tecnologías han acelerado y aumentado exponencialmente la «imposibilidad de una identidad autocreada». Cuanto más tiempo pase un usuario absorto en los dispositivos o aplicaciones, más información se puede extraer de su personalidad. Nuestro rastro digital es como una huella dactilar. El hombre y la mujer que dibuja Chamo San (Barcelona, 1987) de N2 Galería (Barcelona), no levantan la cabeza de la pantalla. Cada like, cada match y un puñado de hashtag configuran su «identidad-red».

Chamo San

Noia Amb Mobil, 2022

Lápiz, carboncillo y pastel al óleo

40 x 30cm

Señala Jordi Pigem:

Nuestro mundo no es perfecto, pero es un mundo feliz, al menos en apariencia, en el escaparate, en el anuncio, en el selfie, y en el yo que se exhibe a través de las redes sociales. En ese mostrar públicamente un yo retocado, los individuos incorporan lo que ya era habitual en empresas y organizaciones: desviar la atención y los recursos de la realidad a la apariencia, del producto al anuncio, del rostro a la máscara.

Costa Gorel

Anunciación en Elche, 2022

Óleo sobre lienzo

200 x 211cm

El sujeto contemporáneo interpreta un doble papel. Por un lado, es actor de su identidad teatralizada y, por otro, es turista de su propia identidad cuando son otros los que la construyen. Los retratados por Costa Gorel (Moscú, 1993) de Dr.Robot Gallery (Valencia), hedonistas y desenfadados, se adaptan bien a esa doble narrativa. El collage de identidades supone para ellos una nueva práctica de la libertad. Sin embargo, la superposición o alternancia de máscaras (auto)impuestas limitan el acceso al Yo profundo. El crítico de arte y escritor John Berger y su hijo, el pintor Yves Berger, mantuvieron un lúcido diálogo por correspondencia entre los años 2015 y 2016. En Tu turno (Editorial GG, 2022) Yves le escribe a John:

Hay un dicho en francés que dice: "Je peux lite en elle/Luis comme dans un libre ouvert" ("Puedo leer en ella/él como en un libro abierto"). ¿No es esta una forma muy bonita de expresar este deseo que tenemos de acceder a lo que hay dentro? El interior de los que confrontamos y su misterio. Cómo deseamos penetrar en el mundo exterior, no para controlarlo, sino para sentirnos más plenamente parte de él, para trascender el aislamiento que sentimos en nuestra carne y superar la terrible frontera del cuerpo...

Oliver Okolo

Orange isn't Blue, 2022

Óleo sobre lienzo

109 x 88cm

¿En qué medida el cuerpo supone una frontera para acceder a quiénes realmente somos? Oliver Okolo (Nigeria, 1991), de OOA Gallery (Sitges), pinta la negritud y defiende la identidad racial de sus retratados. El artista toma como punto de partida referencias del arte occidental para deconstruir discursos hegemónicos y derribar fronteras levantadas por el color de piel. Jordi Díaz Alamá (Barcelona, 1986) de I néditat (Barcelona), da un paso más aunando la reivindicación racial y de género en la misma obra. Partiendo de la figura del torero, icono de hombre blanco heteronormativo, el artista viste de luces a un hombre negro que empodera su color y su sexualidad.

En el ensayo Hiperculturalidad (Herder, 2018), Byung-Chul Han sostiene que la desfactificación del mundo actual, aunque conlleva muchos inconvenientes, guarda algún aspecto positivo:

El horizonte se descompone en posibilidades multicolores a partir de las cuales se pueden construir identidades. En el lugar de un yo monocromático entra un yo multicolor, un «colored self».

Jordi Díaz Alamà

Valor y al Toro, 2023

Óleo sobre lienzo encolado a tabla

134 x 89cm

El Yo monocromático, tan alejado de los retratos de Okolo y Díaz Alamá, lo encarnaría el hombre con sombrero hongo de Magritte. En palabras del pintor surrealista: «El sombrero hongo no representa ninguna sorpresa. Es un sombrero poco original. El hombre con sombrero hongo es el hombre común y corriente». Los cánones establecidos, los estereotipos, la uniformidad de una sociedad que tiende a expulsar lo distinto y que siempre está preparada para juzgar y decir a los demás qué hacer o quién ser...

Siempre me aconsejaron que fuera otro / y hasta me sugirieron que tenía / notorias cualidades para serlo / por eso mi futuro estaba en la otredad

el único problema ha sido siempre / mi tozudez congénita / neciamente no quería ser otro / por lo tanto continué siendo el mismo

Xurxo Gómez-Chao

Le Fils de l´home, 2022

Fotografía

100 x 80cm






CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La pintura de Daniel Bum (Villena, Alicante, 1994) se configura como un espacio de elaboración subjetiva donde la figura emerge no tanto como motivo representacional, sino como necesidad vital. La reiteración de ese personaje frontal y silencioso responde a un proceso íntimo: pintar deviene una estrategia para atravesar experiencias emocionales difíciles, un gesto insistente que acompaña y atenúa la sensación de soledad. En este sentido, la figura funciona como mediadora entre el artista y un estado afectivo complejo, vinculando la práctica pictórica con una reconexión con la infancia y con una dimensión vulnerable del yo.

La fuerte carga autobiográfica de su obra convive con una distancia formal que no obedece a una planificación consciente, sino que opera como mecanismo de protección. La contención visual, la aparente frialdad compositiva y la economía de recursos no neutralizan la emoción, sino que la encapsulan, evitando una exposición directa de lo traumático. De este modo, la tensión entre afecto y contención se instala como rasgo estructural de su lenguaje. Asimismo, lo ingenuo y lo inquietante coexisten en su pintura como polos inseparables, reflejo de una subjetividad atravesada por el misterio y por procesos inconscientes. Muchas imágenes surgen sin un significado claro previo y solo se revelan con el tiempo, cuando la distancia temporal permite reconocer los estados emocionales que las originaron.


La larga noche. Óleo, acrílico y carbón sobre lienzo. 160 x 200 cm. 2024


La figura humana aparece con frecuencia en tus obras: frontal, silenciosa, suspendida. ¿Qué te interesa de esa presencia que parece a la vez afirmativa y ausente?

No diría que me interesa nada en especial. Empecé a pintar esta figura porque había emociones que no lograba comprender y había un sentimiento que me era muy difícil de digerir. Este personaje surgió en un momento bastante complicado para mí, y el hecho de hacerlo y volver a hacerlo, repetirlo una y otra vez, hizo que durante el proceso no me sintiera tan solo. Al mismo tiempo me mantenía fresco y me conectaba con el niño interior que en ese momento estaba roto, y me hizo pasar el trago un poquito menos amargo.


Santito. Acrílico y óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm. 2025


Hay en tu trabajo una dimensión afectiva muy fuerte, pero también una distancia calculada, una especie de frialdad formal. ¿Qué papel juega esa tensión entre emoción y contención?

No sabría decir exactamente qué papel juega esa tensión. Mi pintura parte de lo autobiográfico, de la memoria y de situaciones que he vivido y que han sido bastante traumáticas para mí. Quizá, como mecanismo de protección —para que no se pueda acceder directamente a esa vulnerabilidad o para que no resulte dañina— aparece esa distancia de manera inconsciente. No es algo planificado ni controlado; simplemente surge y está ahí.


Pintor de noche. Acrílico sobre lienzo. 35 x 27 cm. 2025


Tu lenguaje plástico oscila entre lo ingenuo y lo inquietante, lo próximo y lo extraño. ¿Cómo conviven para ti esas tensiones, y qué función cumplen dentro de tu búsqueda visual?

Pues creo que tal cual soy yo. No podría convivir lo uno sin lo otro. No podría existir lo ingenuo sin lo inquietante; para mí van necesariamente de la mano. Me atrae mucho lo misterioso y el acto de pintar cosas que ni yo mismo comprendo del todo. Muchas de las expresiones o de los retratos que realizo surgen del inconsciente, no están planificados. Es a posteriori cuando empiezo a entenderlos, y casi nunca de manera inmediata. Siempre pasa un tiempo considerable hasta que puedo reconocer cómo estaba yo en ese momento en el que los hice.


Qi. Acrílico sobre lienzo. 81 x 65 cm.2025


La sencillez formal de tus imágenes no parece una cuestión de economía, sino de concentración. ¿Qué tipo de verdad estética crees que puede alcanzar la pintura cuando se despoja de todo lo accesorio?

No sabría decir qué verdad estética hay detrás de esa sencillez. Lo que sí sé es que es algo que necesito para estar en calma. Me abruma cuando hay demasiadas cosas en el cuadro, y desde siempre me ha llamado la atención lo mínimo, cuando hay poco, cuando casi no hay nada. Creo que ese despojamiento me permite acercarme a la pintura desde otro estado, más concentrado, más silencioso. No sabría explicarlo del todo, pero es ahí donde siento que puedo trabajar con mayor claridad.


Crucifixión. Acrílico sobre lienzo. 41 x 33 cm. 2025


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Normalmente me siento más cómodo dejando espacio a lo inesperado. Me interesa la incertidumbre; tenerlo todo bajo control me resulta bastante aburrido. Lo he intentado en algunas ocasiones, sobre todo cuando me he propuesto trabajar en series muy planificadas, con bocetos cerrados que luego quería trasladar a la pintura, pero no era algo con lo que me identificara. Sentía que desaparecía una parte fundamental del proceso: el juego, ese espacio en el que la pintura puede sorprenderme a mí mismo. Por eso no suelo planificar demasiado y, cuando lo hago, es de una manera muy sencilla: algunas líneas, algún plano de color. Prefiero que sea en el propio cuadro donde suceda todo.