Redescubriendo la arquitectura de la capital

Vista del Instituto Eduardo Torroja. Edificio de 1953.

 

 

Este viernes 29 de septiembre comienza la 14ª edición de la Semana de la Arquitectura y el COAM ha programado, con ocasión del centenario del nacimiento de la activista Jane Jacobs, la proyección de “Citizen Jane, The battle for the city”. Esta película documental, dirigida por Matt Tyrnauer, relata la vida de esta urbanista neoyorkina que consiguió movilizar a las masas para detener un plan de construcción aberrante. El proyecto preveía el derribo de varios edificios del bajo Manhattan para trazar un entramado de carreteras de 8 carriles e invadir la ciudad de toneladas de asfalto. El filme llega ahora a la capital tras su estreno reciente en Estados Unidos.

 

 

Sede de la SGAE. Palacio Longoria. Edificio de 1904.

 

 

Este caso real es solo un ejemplo del impacto que las decisiones urbanísticas pueden producir en la conservación del patrimonio arquitectónico, aspecto esencial para definir la estética de una ciudad y conferirle identidad. El programa del COAM además cuenta este año con una ciudad invitada: París. El “Tándem París-Madrid 2017” pretende ahondar en la riqueza arquitectónica de estas dos ciudades y su transformación urbanística a través de la cultura. La propuesta ha contado con la colaboración de ambos ayuntamientos, las embajadas de los dos países, el Institut Française y el Instituto Cervantes, y ofrece una serie de actividades que se realizarán simultáneamente en Madrid y en París además de exposiciones “Réinventer Paris” y “Co-urbanismo” que se inauguran respectivamente en el Institut Française y L’Alliance Française de Madrid.

 

 

Tándem París-Madrid 2017.

 

 

Una de las formas de apreciar esa riqueza es conocer nuestra arquitectura de primera mano, por dentro y por fuera. Por este motivo, una de las propuestas que despierta mayor interés es la posibilidad de visitar por dentro edificios que habitualmente permanecen cerrados al público. El Festival Open House y el COAM dan la oportunidad de acceder a varios de estos espacios reservados como El Palacio de Lira, el Banco de España, Metrópolis o el Hipódromo de la Zarzuela. El catálogo supera el centenar de edificios y promete tener alta demanda, así que habrá que estar atentos para inscribirse con antelación. El año pasado hubo más de 40.000 visitantes y mucha gente no pudo acceder a los edificios porque se agotaron las plazas.

 

 

Antigua estación de metro de Chamberí, 1919.

 

 

Para cerrar la programación, a finales de octubre la propuesta “Madrid, otra mirada (MOM)” incluye una serie de conciertos, visitas, conferencias y exposiciones para dar a una mayor difusión del patrimonio urbanístico y monumental de la capital. El ayuntamiento ha contado con la colaboración de 107 instituciones que abrirán sus puertas para que los visitantes se acerquen a los edificios históricos y monumentales con otra mirada.

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.