Art Madrid'26 – Nueva zona lounge en Art Madrid\'15 con Mad Lab y Cervezas La Virgen

Cervezas La Virgen y el estudio de diseño Mad Lab son los responsables de vestir y alimentar la nueva Zona Lounge de Art Madrid, un espacio para descansar, para charlar con amigos y clientes, pero también para disfrutar de la mejor cerveza artesana y del mejor diseño de Madrid.

El fantástico equipo de Mad Lab / Ediciones de diseño.

 

Mad Lab, fundada por Antonio Serrano y Mar López, es una empresa que edita productos de diseño desde el corazón de la ciudad y pretende aportar a la cultura del diseño de nuestro país y del resto del mundo la visión “con lo que tengo y lo que sé, ¿qué puedo hacer?” para descubrir - y lo sabemos - que se pueden hacer muchas cosas.

Mad Lab trabaja con una filosofía de sostenibilidad en todas sus áreas de negocio, donde los productos deben de ser duraderos, de calidad contrastada, hechos con materiales certificados y altamente reciclables.

 

Estudio de Mad Lab y alguna de sus piezas, "La Butaquita" estará en Art Madrid'15.

 

El equipo de Mad Lab ha diseñado para Art Madrid'15 un espacio funcional y ecléctico, con dos ambientes para tomarse algo rápido o tomarse un respiro, para cerrar un acuerdo, ojear alguna de las publicaciones de arte de Art Madrid o hacer la lista de las obras favoritas de la feria y todo rodeado de maderas de procedencia local, pino y roble del país, y con objetos de diseño del estudio.

 

Cervezas La Virgen es una de esas empresas que ha decidido revolucionar su sector, en este caso el de la cerveza de calidad, y se han comprometido a hacer la mejor cerveza, solo con los mejores ingredientes. Sin trucos, sin prisas.

La fábrica es el corazón de Cervezas La Virgen y es una visita obligada para entender su filosofía de vida y de trabajo. Ellos elaboran cerveza de manera tradicional, respetando los tiempos de fermentación y reposo, seleccionando cuidadosamente todos los ingredientes sin perder su visión de empresa moderna y sostenible.

Fábrica de La Virgen en Las Rozas (Madrid).

 

Todas sus máquinas se calientan con biomasa (hueso de aceituna), el grano usado alimenta al ganado local, el lúpulo abona su huerta. El agua caliente sobrante se reutiliza para las siguientes cocciones… y así consiguen néctares como la Jamonera, la Veraniega, la Madrid360 o la clásica Madrid Lager. Junto a La Virgen, tendremos un rincón para disfrutar el mejor café y los dulces de TOMA CAFÉ. Ven a probarlo todo este año a nuestra zona lounge.

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.