Art Madrid'26 – destacamos 6 artistas figurativos, jóvenes y españoles, que creemos debes conocer

 

Eloy Morales (Madrid, 1973)

 

Con un perfecto dominio en la técnica del dibujo como base de sus creaciones, este artista madrileño ha ido evolucionando hacia un estilo hiperrealista dentro del género del retrato y del autorretrato, siempre en primerísimos planos y de gran tamaño.

Con sus “autorretratos-cabeza”, como él define, busca desafiar a la conciencia del espectador. A pesar de estar impregnados en arcilla, pinturas u otras clases de sustancias, mantienen poses hieráticas y miradas prácticamente imperturbables.

Aunque está afincado en Madrid, ha comenzado una reconocida trayectoria internacional, y en 2015 expuso por primera vez en la Jonathan Levine Gallery de Nueva York.

Podemos ver sus obras en algunas galerías españolas como Moret Art (La Coruña) o Ansorena (Madrid)

 

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Manu Muñóz (Cabo de Gata, Almería, 1977)

 

Comienza su andadura en el mundo del arte en 1991 como graffitero. Dos años después decide dedicarse por completo al arte. Ha desarrollado su trabajo y participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales dentro y fuera de España: Japón, Bélgica, Estados Unidos, Alemania o Inglaterra.

El trabajo de Muñóz está marcado por una búsqueda constante de un lenguaje propio y de una práctica artística libre, lejos de cánones y reglas artísticas.

La mayor parte de su trabajo la ha llevado a cabo en Cabo de Gata, su ciudad natal. Entre los años 2009/10 estuvo de estancia en Londres.

Ha recibido premios locales y nacionales como el Certamen de Jóvenes Creadores de los Países Mediterráneos, Premio Andalucía Joven de las Arte Plásticas o el Certamen Pedro Gilabert. Además, completa su trabajo con el diseño gráfico y con algunas colaboraciones para el mundo de la moda.

 

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Daniel Sueiras (Alicante, 1976)

A través de la figuración presente en su obra, se acerca a la representación realista, aunque confiesa el artista que no pretende en absoluto el hiperrealismo sino “expresar ideas”.
Estudioso de las teorías de la evolución, su obra imprime un carácter existencialista cada vez más buscado por él.
Nos parece interesante la versatilidad que tiene adaptando su pintura a distintos estilos (barroco, gótico, clasicismos o culturas primitivas) o disciplinas, igual que lo hace con la representación escultórica (principalmente maderas y terracotas), que como él mismo dice, el formato viene supeditado a los conceptos.

Busca constantemente la descontextualización, una provocación que haga alterar al espectador, modificar los esquemas asumidos como cotidianos.

Sus obras pueden verse en galerías españolas como Marita Segovia (Madrid) o Moret Art (La Coruña)

 

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Antonio Montalvo (Granada, 1982)

 

“Uno no pinta para salir de dudas, sino para entrar en ellas”. La pintura es el arma a través de la cual se sirve para expresar lo que no es capaz de transmitir con palabras. En sus pinturas subyace un trasfondo melancólico, como un aura de tristeza provocada por un vacío. Con los bodegones vuelven a remitirnos la misma idea de ausencia y de abandono de lo humano y lo existencial. Aún así, subyace la belleza en cada escena a través de los elementos más sutiles.

Puede presumir de una carrera sólida con una proyección artística inmejorable. Su obra ha presenciado numerosas exposiciones colectivas e individuales participando en ferias tanto nacionales como internacionales.

Algunas de sus obras pueden verse en la galería madrileña Espacio Mínimo y en Mustang Art Gallery (Elche)

 

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José Carlos Naranjo Bernal (Villamartín, Cádiz,1983)

Podría decirse que es un artista investigador, en la búsqueda permanente de nuevas experiencias y vivencias vitales, las que le permiten seguir evolucionando desde el punto de vista artístico.
Su obra se halla entre los límites del Graffiti y el Arte Urbano, la constante exploración de la luz, acercándose magistralmente a la fotografía, y las referencias a la pintura de Goya. Con todo ello, José Carlos ha construido un lenguaje figurativo propio a través de una técnica académica y tradicional como es el óleo.
Escenas urbanas, abiertas, nocturnas, donde destaca únicamente lo esencial y desdibuja lo accesorio y donde técnica y temática se complementan perfectamente.

Premiado y destacado por las innovaciones conseguidas en este campo, sus imágenes lo dicen todo, y su carrera apenas está comenzando. 

Algunas obras suyas se encuentran en colecciones españolas como la de CAC de Málaga, la Colección BMW Ibérica o la Colección Galería Luis Adelantado (Valencia)

 

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Jaime Sanjuan (Zaragoza, 1981)

Trabaja con los dedos pero no se mancha las manos.
Es nuestro último destacado de la lista, y lo hacemos por la singularidad de la técnica y del proceso de trabajo con respecto a los anteriores.

Casi hiperrealista, pero alejado del resultado fotográfico, distinguimos a un pintor y creador digital. Se graduó en Bellas Artes y, tras mucho tiempo apartado de la pintura, la retomó con fuerza a través de las nuevas tecnologías aplicadas al arte, concretamente con un ipad.

Es un trabajo puramente intuitivo que requiere gran habilidad. Retrato, paisaje, bodegón, juegos de luces y sombras, escenas que se detienen en el tiempo… Si existen los límites en esta técnica todavía no los conoce. Cercano a la técnica de la pintura al pastel, Jaime Sanjuan se considera un pintor “surrealista digital”.
Sin necesidad de trabajar en un estudio ni de renovar el material de pintura, sin duda hablamos de toda una revolución artística.

Algunas de sus obras pueden verse en la Galería Kafell (Zaragoza)

 

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Daniel Barrio. Artista invitado a la tercera edición de OPEN BOOTH. Cortesía del artista.


DESPIECE. PROTOCOLO DE MUTACIÓN


Como parte del Programa Paralelo de Art Madrid’26, presentamos la tercera edición de Open Booth, un espacio concebido como plataforma para la creación artística y la experimentación contemporánea. La iniciativa pone el foco en artistas que aún no cuentan con representación en el circuito galerístico, ofreciendo un contexto profesional de alta visibilidad en el que nuevas voces pueden desplegar su práctica, ensayar formas de relación con el público y consolidar su proyección en el panorama artístico actual. En esta ocasión, el proyecto está protagonizado por el artista Daniel Barrio (Cuba, 1988), quien presenta el site specific Despiece. Protocolo de mutación.

La práctica de Daniel Barrio se centra en la pintura como un espacio de experimentación desde el que analiza la mercantilización de lo social y la tiranía de la aprobación mediática. Para ello, trabaja con imágenes procedentes de la prensa y otros medios, que interviene pictóricamente con el objetivo de desactivar su significado original. Mediante este proceso, el artista propone nuevas lecturas y cuestiona los mecanismos de producción de sentido, concibiendo la pintura como un lugar de realización, terapia y catarsis.

Despiece. Protocolo de mutación se construye a partir de restos urbanos, materiales industriales y fragmentos de historia para interrogarnos sobre qué memorias heredamos, cuáles consumimos y cuáles somos capaces de construir. Suelo, paredes y volúmenes conforman un paisaje en tensión donde lo sagrado convive con lo cotidiano, y donde las grietas importan más que la perfección.

La evolución constante del arte exige un intercambio continuo entre artistas, instituciones y públicos. En esta 21ª edición, Art Madrid reafirma su voluntad de actuar como catalizador de ese diálogo, ampliando los límites tradicionales del contexto ferial y abriendo nuevas posibilidades de visibilidad para prácticas emergentes.



Este site specific surge de un impulso crítico y afectivo por desarmar, examinar y recomponer aquello que nos constituye cultural y personalmente. La obra se concibe como un todo indisoluble: un paisaje interior que opera como dispositivo de sospecha, donde suelo, paredes y volúmenes configuran un ecosistema de restos. Se propone una lectura de la historia no como una continuidad lineal, sino como un sistema de fuerzas en fricción permanente, articulando el espacio como un archivo adulterado; una superficie que se presenta como definitiva, pero que permanece en constante transformación.



La obra se configura como un paisaje construido a partir de residuos urbanos, donde suelo, paredes y objetos conforman un cuerpo unitario elaborado con mortero de cal, PVC de cartelería teatral, espuma industrial y cera de ofrendas. El núcleo del proyecto es una estructura en forma de “L” de 5 × 3 metros que reinterpreta la técnica del fresco sobre soporte industrial recuperado, aplicando el mortero en húmedo durante jornadas continuas, sin búsqueda de perfección, permitiendo que la materia evidencie su propio carácter. En torno a esta estructura gravitan fragmentos arquitectónicos: bloques de espuma que simulan hormigón, un torso del Belvedere impreso en 3D y deformado, y un elemento escultórico de cera en el que se incrustan lijas utilizadas por obreros y artistas anónimos, preservando el esfuerzo de esos cuerpos ajenos.

Un elemento escultórico de cera blanca funciona dentro del conjunto instalativo como un punto de concentración sensorial que desafía la mirada. En su interior confluyen la fe acumulada de las velas de ofrenda y los residuos industriales del taller, recordando que la pureza y la devoción conviven con la materialidad del mundo cotidiano. La experiencia del espectador trasciende así lo visual: inclinarse, oler y aproximarse a la vulnerabilidad transforma la percepción en un acto íntimo y corporal. En su densidad quedan incrustados tacos de lija usados por artistas, artesanos y obreros, recuperados de contextos ajenos, donde la lija actúa como huella del esfuerzo de otros cuerpos, respondiendo a un protocolo de registro sin intención autobiográfica.

Despiece. Protocolo de mutación nos interpela: ¿qué memoria valoramos?, ¿la que consumimos o la que construimos con rigor? El público abandona la posición contemplativa para integrarse en el sistema, y el esfuerzo de desplazar la materia, el rigor documental y la materialidad envolvente configuran un cuerpo de resistencia frente a una realidad mediada. El proyecto se consolida así como un paisaje interior donde suelo, superficie y volumen articulan una anatomía de residuos. La adulteración opera como metodología analítica aplicada a los estratos de la realidad urbana, interviniendo la historia a través de publicidades teatrales y callejeras, residuos arquitectónicos y protocolos administrativos, proponiendo que el arte puede restituir la capacidad de construir una memoria propia, aunque inevitablemente fragmentada.



SOBRE EL ARTISTA

DANIEL BARRIO. Cuba, 1988.

Daniel Barrio (Cienfuegos, Cuba, 1988) es un artista visual cuya práctica articula el espacio desde la pintura, entendiendo el entorno como un archivo adulterado susceptible de intervención crítica. Formado en la Academia de Bellas Artes de Cienfuegos (2004-2008) con especialidad en pintura, y posteriormente en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid - ECAM (2012-2015) en Dirección de Arte, su metodología integra el pensamiento plástico con la narrativa escenográfica. Su origen cubano constituye el fundamento analítico de su trabajo: la experiencia de observar cómo los monumentos y los ideales se revelan frágiles al tacto le ha dotado de una sensibilidad particular para detectar las fisuras en aquello que se presenta como definitivo, estableciendo la realidad como superficie bajo permanente interrogación.

Su trayectoria incluye exposiciones individuales como "La levedad en lo cotidiano" (Galería María Porto, Madrid, 2023), "Interiores ajenos" (PlusArtis, Madrid, 2022) y "Tribud" (Navel Art, Madrid, 2019), así como participaciones colectivas relevantes en "Space is the Landscape" (Estudio Show, Madrid, 2024), "Winterlinch" (Espacio Valverde Gallery, Madrid, 2024), "Hiberia" (Galería María Porto, Lisboa, 2023) y la itinerancia de la Exposición de Arte Joven de La Rioja (2022). Miembro del Colectivo Resiliencia, su obra no persigue la producción de objetos sino la articulación de dispositivos pictóricos que generan protocolos de resistencia frente al flujo de imágenes descartables. En un contexto saturado de datos inmediatos, su práctica produce huellas y archiva aquello que debe permanecer, cuestionando no el significado de la obra sino la memoria que el espectador construye al interactuar con ella, recuperando así la soberanía sobre la mirada y habitando las ruinas como método de comprensión del presente.