Art Madrid'26 – ?Beyond Limits? y sus esculturas monumentales.

 

 

 

 

Con sus once ediciones, la exposición “Beyond Limits” de la casa de subastas Sotheby’s se ha ido consagrando como una de las citas anuales más importantes para los amantes y coleccionistas de esculturas contemporáneas monumentales.

 

 

Este año, el comisario de la exposición Simon Stock (Sotheby’s Senior International Specialist) ha seleccionado la obra de 16 artistas reconocidos internacionalmente. Como epicentro de la muestra ha querido situar la obra Lilas de Zaha Hadid, fallecida en marzo de este año, rindiendo tributo a su trabajo. La pieza, diseñada originalmente para la Serpentine Gallery de Londres en 2007, combina la tecnología y la forma orgánica para romper todos los límites y fusionarse con el paisaje, creando así una obra sin costuras, sello distintivo de la Reina de la Curva. Arquitecta controvertida, su condición de mujer, árabe y musulmana la hizo luchar en contra de las propias barreras que su profesión, dominada por hombres, le marcaba. Rem Koolhaas, su mentor, llegó a afirmar que Zaha Hadid era “un planeta inimitable en su propia órbita”.

 

 

Zaha Hadid, Lilas (2007)

 

 

Para esta edición, Simon Stock ha querido contar también con obra de nuestra escultora más internacional, Cristina Iglesias, escogiendo su Habitación vegetal XV (Doble pasaje) (2008), la cual explora los límites entre la apariencia y la realidad, a través del espacio físico y el simbólico, lo visible y lo oculto, el exterior y el interior. Un espacio creado para estar, para entrar, para sentir dentro, un espacio que incita a la imaginación y la reflexión en el espectador.

 

 

Cristina Iglesias, Habitación Vegetal XV (Doble Pasaje) (2008)

 

 

La única obra comisionada especialmente para la muestra ha sido Time and Again de Bruce Munro con 108 nenúfares de acero inoxidable flotando en las aguas del Canal Pond. La instalación representa su concepto del paso del tiempo a través de  36 radiales grabadas con guiños al sentido de infinito y que, divididas en grupos de 12, representan el pasado, el presente y el futuro. La obra se inspira en la propia historia de Chatsworth, relacionada con el cultivo de la planta en Inglaterra y en la obra Las crónicas de Narnia: la Travesía del Viajero del Alba, donde un galeón navega en un mar de lirios.

 

 

Bruce Munro, Time and Again (2016)

 

 

La muestra se completa con obras de Aristide Maillol, Richard Hudson, Joana Vasconcelos, Lynn Chadwick, Erwin Wurm, Ju Ming, Fernando Botero, Wendell Castle, Giorgio de Chirico, Charles Hadcock, Alexander Macdonald-Buchanan, Jedd Novatt y Emily Young. Todas las piezas están a la venta y pueden visitarse hasta el 30 de octubre en los jardines de Chatsworth.

 

 

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La obra de Cedric Le Corf (Bühl, Alemania, 1985) se sitúa en un territorio de fricción donde el impulso arcaico de lo sagrado convive con una actitud crítica propia de la contemporaneidad. Su práctica parte de una comprensión antropológica del origen del arte como gesto fundacional: la huella, la marca, la necesidad de inscribir la vida frente a la conciencia de la muerte.

Le Corf establece un diálogo complejo con la tradición barroca española, no desde la mímesis estilística, sino desde la intensidad afectiva y material que atraviesa aquella estética. La teatralidad de la luz, la encarnación de la tragedia y la hibridez entre lo espiritual y lo carnal se traducen en su obra en una exploración formal donde la geometría subyacente y la materia incrustada tensionan la percepción.

En el trabajo de Le Corf, el umbral entre abstracción y figuración no es una oposición, sino un campo de desplazamiento. La construcción espacial y el color funcionan como dispositivos emocionales que desestabilizan lo reconocible. Este proceso se ve atravesado por una metodología abierta, donde la planificación convive con la pérdida deliberada de control, permitiendo que la obra emerja como un espacio de silencio, retirada y retorno, en el que el artista se confronta con su propia interioridad.


La caída. 2025. Óleo sobre lienzo. 195 × 150 cm.


En tu trabajo se percibe una tensión entre la devoción y la disidencia. ¿Cómo negocias el límite entre lo sagrado y lo profano?

En mi trabajo siento la necesidad de remitirme al arte rupestre, a las imágenes que llevo presentes. Desde que el hombre prehistórico tomó conciencia de la muerte, sintió la necesidad de dejar una huella, marcando con una plantilla en la pared una mano roja, símbolo de la sangre vital. El hombre paleolítico, cazador-recolector, experimenta un sentimiento místico frente al animal, una forma de magia espiritual y de ritos vinculados a la creación. De este modo, sacraliza la caverna mediante la representación abstracta de la muerte y la vida, la procreación, las Venus… Así, nace el arte. En mi interpretación, el arte es sagrado por esencia, porque revela al hombre como creador.


Entre perro y lobo II. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


Se observan trazos de la tradición barroca española en tu trabajo. ¿Qué encuentras en ella que siga siendo contemporáneo?

Sí, se observan rasgos de la tradición barroca española en mi trabajo. En la historia del arte, por ejemplo, pienso en los mosaicos árabe-andalusíes, en los que para mí se encuentra una geometría de diseños profundamente contemporánea. Y en la pintura y la escultura barroca española, el tema que aparece con mucha frecuencia es la tragedia: la muerte y lo sagrado están intensamente encarnados, ya sea en temas religiosos o profanos, en Zurbarán, Ribera, El Greco, pero también en Velázquez. Pienso, por ejemplo, en la notable pintura ecuestre de Isabel de Francia, por su geometría y por un retrato cuya luz recuerda a la de un Matisse.

Cuando pienso en la escultura, vienen a mi mente las maravillosas esculturas policromadas de Alonso Cano, Juan de Juni o Pedro de Mena, donde los ojos verdes están incrustados, junto con dientes de marfil, uñas de cuerno y pestañas de cabello. Todo ello ha influido sin duda en mi trabajo escultórico, tanto morfológico como ecuestre. Personalmente, en mi obra incrusto elementos de porcelana en madera tallada o pintada.


Entre perro y lobo I. 2025. Óleo sobre lienzo. 97 × 70 cm.


¿Qué te interesa de ese umbral entre lo reconocible y lo abstracto?

Por mi parte, toda representación en pintura o en escultura es abstracta. Lo que la impone es la construcción arquitectónica del espacio, su geometría secreta, y la emoción que provoca el color. Es, en cierto modo, un desplazamiento de lo real para alcanzar esa sensación.


El ángel anatómico. 2013. Madera de fresno y porcelana. 90 × 15 × 160 cm.


Tu obra parece moverse entre el silencio, el abandono y el retorno. ¿Qué te llama hacia esos espacios intermedios?

Creo que es al renunciar a imitar la verdad exterior, a copiarla, como alcanzo la verdad, ya sea en la pintura o en la escultura. Es como si me mirara en mi propio sujeto para descubrir mejor mi secreto, quizá.


Justa. 2019. Madera de roble policromada. 240 × 190 × 140 cm.


¿Hasta qué punto planificas tus obras y cuánto espacio dejas para que ocurra lo inesperado?

Es cierto que, en ocasiones, olvido por completo la idea principal en mi pintura y en mi escultura. Aunque comienzo una obra con ideas muy claras —dibujos y bocetos previos, grabados preparatorios y una intención bien definida—, me doy cuenta de que, a veces, esa idea inicial se pierde. Y no se trata de un accidente. En algunos casos tiene que ver con dificultades técnicas, pero hoy en día también acepto partir de una idea muy concreta y, al enfrentarme a la escultura, a la madera o a la cerámica, tener que trabajar de otra manera. Y eso lo acepto.