Art Madrid'26 – Café Lehmitz en fotos, una vívida experiencia

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

 

En esta ocasión, PHotoEspaña 2017 ha cedido “carta blanca” al reconocido fotógrafo Alberto García-Alix para que diseñe una muestra en conmemoración al vigésimo aniversario del festival. El artista ha escogido a seis fotógrafos que han sido referencia e influencia para él y que expondrán su obra en el Círculo de Bellas Artes, el Museo del Romanticismo y el CentroCentro Cibeles de Madrid. Estos fotógrafos son Antonie d'Agata, Pierre Molinier, Paulo Nozolino, Teresa Margolles, Karlheinz Weinberger y Anders Petersen.

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

Anders Petersen (Estocolmo, 1944) se acercó al arte con la pintura y la escritura. Tras conocer al fotógrafo Christer Strömholm se inició en la fotografía. Estudió en diferentes escuelas de arte de Estocolmo y colaboró como fotógrafo en distintas publicaciones suecas. Ha trabajado como profesor en la Universidad de Cine y Fotografía de Gotemburgo, Suecia. Numerosas veces galardonado, realiza regularmente exposiciones y talleres en Europa, Asia y Estados Unidos. En 1978, publicó en Alemania su libro ”Café Lehmitz”, con el que logró prestigio internacional y que se amplía con las obras presentadas en esta muestra.

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

Las fotografías de Anders Petersen relatan de una manera muy cercana y humana la vida de Café Lehmitz, un bar que el artista descubrió en el barrio rojo de Hamburgo y que era centro de reunión de travestis, prostitutas, drogadictos e indigentes. Allí creaban día a día sus historias y establecían sus relaciones, de las que el artista fue partícipe durante tres años. Desarrolló este proyecto entre 1967 y 1970 y, tras finalizarlo, lo expuso por primera vez en la barra del propio bar. Este trabajo obtuvo un gran reconocimiento y se considera clave dentro de la fotografía urbana europea. 

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

 

CentroCentro le ofrece al visitante la oportunidad de adentrarse en el extraordinario mundo de Café Lehmitz, para vivir una noche en este excéntrico local rodeado de sus peculiares protagonistas. Podrá visitarse en la  quinta planta hasta el 17 de septiembre.

 

 


CONVERSACIONES CON ADONAY BERMÚDEZ. PROGRAMA DE ENTREVISTAS. ART MADRID’26


La práctica del colectivo DIMASLA (Diana + Álvaro), (Valencia, 2018), se sitúa en un cruce fértil entre arte contemporáneo, pensamiento ecológico y una filosofía de la experiencia que desplaza el énfasis de la producción hacia la atención. Frente a la aceleración visual y material del presente, su trabajo no propone una oposición frontal, sino una reconciliación sensible con el tiempo, entendido como duración vivida más que como medida. La obra emerge así como un ejercicio de detenimiento, una pedagogía de la percepción donde contemplar y escuchar devienen modos de conocimiento.

En sus trabajos, el territorio no funciona como marco, sino como agente. El paisaje participa activamente en el proceso, estableciendo una relación dialógica que recuerda a ciertas corrientes eco-críticas, en las que la subjetividad se descentra y se reconoce como parte de un entramado más amplio. Esta apertura implica una ética de la exposición: exponerse al clima, a la intemperie y a lo imprevisible supone aceptar la vulnerabilidad como condición epistemológica.

Los materiales -telas, pigmentos, huellas- operan como superficies de inscripción temporal, memorias donde el tiempo deja rastro. La planificación inicial se concibe como hipótesis abierta, permitiendo que el azar y el error actúen como fuerzas productivas. De este modo, la práctica artística de DIMASLA (Diana + Álvaro) articula una poética del cuidado y del estar-con, donde crear es, ante todo, una forma profunda de sentir y comprender la naturaleza.



En un momento histórico marcado por la velocidad y la sobreproducción de imágenes, vuestro trabajo parece reivindicar la lentitud y la escucha como formas de resistencia. ¿Podría decirse que vuestra práctica propone un modo de reaprender el tiempo desde la experiencia estética?

Diana: Sí, pero más que resistencia o reivindicación, es conciliación, es amor. Parece lentitud, pero es detenimiento, es reflexión. Ocupar el tiempo desde la contemplación o la escucha es una manera de sentir. La experiencia estética nos lleva a un camino de reflexión sobre lo que hay fuera y lo que hay dentro.


El territorio no aparece en vuestra obra como un fondo o un escenario, sino como un interlocutor. ¿Cómo se negocia esa conversación entre la voluntad del artista y la voz del lugar, cuando el paisaje mismo participa del proceso creativo?

Álvaro: Para nosotros el paisaje es como un compañero de vida o un amigo cómplice, y lógicamente es una relación íntima que se extiende a nuestra práctica. Vamos a visitarlo, a estar con él, a co-crear juntos. Entablamos una conversación que va más allá de la estética; son conversaciones llenas de acción, contemplación, comprensión y respeto.

Al final, de algún modo, él se expresa a través del material y nosotros respetamos todas sus cuestiones, valorando al mismo tiempo aquello que nos inquieta, nos produce y nos estimula en torno a esta relación.


La conquista de los conejos I & II. 2021. Proceso.


En vuestro modo de hacer se intuye una ética de la exposición: exponerse al entorno, al clima, al otro, a lo impredecible. ¿Hasta qué punto esa vulnerabilidad es también una forma de conocimiento?

Diana: Para nosotros esa vulnerabilidad nos enseña mucho, sobre todo humildad. Cuando estamos ahí fuera y sentimos el frío, la lluvia o el sol, nos damos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos en comparación a la grandeza y la fuerza de la naturaleza.

Entonces, sí; consideramos esa vulnerabilidad como una fuente profunda de conocimiento que nos ayuda, entre otras muchas cosas, a despojarnos del ego y a entender que solo somos una pequeña parte de un entramado mucho más complejo.


A veces las montañas también lloran. 2021. Desprendimiento de rocas caliza, sol, lluvia, viento, resina de pino sobre acrílico en tela de algodón natural, expuesta en manto de esparto y caliza durante dos meses. 195 cm x 130 cm x 3 cm.


Vuestras obras a menudo emergen de procesos prolongados de exposición al medio. ¿Podría pensarse que la materia -las telas, los pigmentos, los rastros del entorno- actúa como una memoria que el tiempo escribe sobre vosotros tanto como vosotros sobre ella?

Álvaro: Esto da para una conversación larga sentados en una piedra; sería bastante estimulante. A ver, si las experiencias moldean el interior de las personas y esto nos hace ser quienes somos en un momento presente, diría que sí, sobre todo a lo primero. Salir de nuestra zona de confort nos ha llevado a aprender de la perseverancia de las plantas, la calma geológica de las montañas, y con ello a reconciliarnos con el tiempo, el entorno, la naturaleza, con nosotros mismos e incluso con nuestra propia práctica. Igual que las telas guardan la memoria del lugar, nosotros reaprendimos a poner detenimiento y comprensión. Al final, es una manera de profundizar en el sentir.


El zorro y sus camelos.2022. Detalle.


¿Hasta qué punto planificáis vuestras obras y cuánto espacio dejáis para que ocurra lo inesperado o, incluso, al error?

Diana: Nuestra planificación se reduce a la hipótesis inicial. Elegimos los materiales, los colores, los lugares e incluso a veces la ubicación, pero dejamos todo el espacio posible para que ocurra lo inesperado. Al final se trata de eso, de que la naturaleza hable y que la vida suceda. Para nosotros, tanto lo inesperado como el error forman parte de la complejidad del mundo, y en ello encontramos una belleza natural.