Café Lehmitz en fotos, una vívida experiencia

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

 

En esta ocasión, PHotoEspaña 2017 ha cedido “carta blanca” al reconocido fotógrafo Alberto García-Alix para que diseñe una muestra en conmemoración al vigésimo aniversario del festival. El artista ha escogido a seis fotógrafos que han sido referencia e influencia para él y que expondrán su obra en el Círculo de Bellas Artes, el Museo del Romanticismo y el CentroCentro Cibeles de Madrid. Estos fotógrafos son Antonie d'Agata, Pierre Molinier, Paulo Nozolino, Teresa Margolles, Karlheinz Weinberger y Anders Petersen.

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

Anders Petersen (Estocolmo, 1944) se acercó al arte con la pintura y la escritura. Tras conocer al fotógrafo Christer Strömholm se inició en la fotografía. Estudió en diferentes escuelas de arte de Estocolmo y colaboró como fotógrafo en distintas publicaciones suecas. Ha trabajado como profesor en la Universidad de Cine y Fotografía de Gotemburgo, Suecia. Numerosas veces galardonado, realiza regularmente exposiciones y talleres en Europa, Asia y Estados Unidos. En 1978, publicó en Alemania su libro ”Café Lehmitz”, con el que logró prestigio internacional y que se amplía con las obras presentadas en esta muestra.

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

Las fotografías de Anders Petersen relatan de una manera muy cercana y humana la vida de Café Lehmitz, un bar que el artista descubrió en el barrio rojo de Hamburgo y que era centro de reunión de travestis, prostitutas, drogadictos e indigentes. Allí creaban día a día sus historias y establecían sus relaciones, de las que el artista fue partícipe durante tres años. Desarrolló este proyecto entre 1967 y 1970 y, tras finalizarlo, lo expuso por primera vez en la barra del propio bar. Este trabajo obtuvo un gran reconocimiento y se considera clave dentro de la fotografía urbana europea. 

 

 

 

Anders Petersen. Café Lehmitz. 1967-1970

 

 

 

CentroCentro le ofrece al visitante la oportunidad de adentrarse en el extraordinario mundo de Café Lehmitz, para vivir una noche en este excéntrico local rodeado de sus peculiares protagonistas. Podrá visitarse en la  quinta planta hasta el 17 de septiembre.

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.