Art Madrid'26 – Este otoño llega a Dallas

Alfonso de Olivares (1898-1936), Columna dórica, 1932. Asociación Colección Arte Contemporáneo, Museo Patio Herreriano.

 

 

La exposición "Spain and Modern Art 1915 – 1960", que acoge actualmente el Museo Meadows de Dallas, ofrece una narrativa visual del desarrollo y la evolución del arte moderno de nuestro país,  a través de la obra de los más importantes creadores españoles de la época.

La muestra, comisariada por Eugenio Carmona, cuenta con una selección de 97 obras de medio centenar de artistas datadas entre 1915-1957, las cuales 91 provienen de la Asociación Colección Arte Contemporáneo (CAAC) y 6 de los fondos del Museo Meadows. Cabe destacar que esta exposición reúne muchas obras que nunca antes se habían presentado al público estadounidense.

 

 

Manolo Millares (1926-1972), Collage, 1954. Asociación Colección Arte Contemporáneo, Museo Patio Herreriano.

 

 

Entre los artistas representados encontramos grandes figuras del arte moderno español como Picasso, Dalí, Juan Gris y Miró; artistas de renombre internacional como Eduardo Chillida, Óscar Domínguez, Pablo Gargallo, Julio González, Antoni Tàpies, Joaquín Torres-García, Josep de Togores,y Jorge Oteiza, que sin embargo fueron poco apreciados en su tiempo; a Rafael Barradas, Leandre Cristòfol, Ángel Ferrant, Alberto Sánchez, y José Guerrero, quienes influyeron sobre la práctica de sus contemporáneos, tanto en España como en los Estados Unidos; y a autores que –aunque fundamentales para la historia del arte moderno– permanecen todavía menos conocidos, como Alfonso Olivares, Pablo Palazuelo, Eusebio Sempere y Martín Chirino.

 

 

Joaquim Sunyer (1874-1956), Retrato de Josep M. Albiñana, 1918-19. Asociación Colección Arte Contemporáneo, Museo Patio Herreriano.

 

 

Las cinco secciones que dividen la exposición destacan las cinco sensibilidades que estaban presentes en los artistas modernos españoles. Estas son: "Forma: hacia un arte constructivo", "Lirismo y expresión libre", "Nuevas fisonomías, nuevos realismos", "Surrealismos expandidos" y "Naturaleza y cultura". Más allá de las evidentes conexiones que agrupan a los artistas representados, Carmona ha querido poner en relieve su diversidad de enfoques formales y conceptuales. "Para entender la amplitud y la intensidad del arte moderno español, es necesario olvidar los lugares comunes de los 'ismos' y mirar el contenido de las obras en sí mismas", explica Carmona, del mismo modo que subraya “las enormes contribuciones estéticas de los artistas españoles al arte moderno en general”.

 

 

Óscar Domínguez (1906-1957), Pájaros, 1947. Asociación Colección Arte Contemporáneo, Museo Patio Herreriano.

 

 

"El siglo XX fue una época fértil y creativa si observamos el arte moderno en España. Ni la Guerra Civil ni el régimen franquista detuvieron la creación de magníficas obras de arte en este periodo", comentó Mark Roglán, director del Museo Meadows, además de señalar que la exposición "repasa este importante periodo artístico y reconsidera artistas y obras que merecen un mayor reconocimiento y un lugar más destacado en la comprensión popular del arte moderno".

Esta exposición ha sido organizada por el Museo Meadows y la Asociación Colección Arte Contemporáneo, en colaboración con Acción Cultural Española, y podrá visitarse hasta el 29 de enero de 2017.

 

 

 

 

 

 


El círculo como dispositivo crítico y el marcador como catalizador contemporáneo


POSCA, marca japonesa de marcadores de pintura a base de agua, se ha consolidado desde los años 80 como un instrumento central en las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al arte urbano, la ilustración, el diseño gráfico y la experimentación interdisciplinar. Su fórmula opaca, cromáticamente intensa y de secado rápido, compatible con soportes tan diversos como el papel, la madera, el metal, el vidrio o el textil, ha favorecido una expansión técnica que trasciende el estudio tradicional y dialoga con el espacio público, el objeto y la instalación.



En este contexto, POSCA más allá de ser una herramienta de trabajo, opera como infraestructura material de la creación contemporánea; un dispositivo técnico que facilita la inmediatez del gesto sin renunciar a la densidad cromática ni a la precisión formal. Su versatilidad ha contribuido a democratizar el acceso a lenguajes tradicionalmente asociados a la pintura, posibilitando una circulación más horizontal entre prácticas profesionales y amateur.

Esta dimensión expandida del medio encuentra un marco conceptual particularmente pertinente en The Rolling Collection, exposición itinerante comisariada por ADDA Gallery. El proyecto propone una investigación colectiva en torno al formato circular entendido no sólo como contenedor formal, sino como estructura simbólica y campo de tensión espacial.



Históricamente, el círculo ha operado como figura de totalidad, continuidad y retorno. En el contexto de The Rolling Collection, el formato circular se desplaza de su carga simbólica clásica hacia una dimensión experimental y se convierte en un soporte que cuestiona la frontalidad rectangular hegemónica en la tradición pictórica occidental. La ausencia de ángulos obliga a replantear la composición, el equilibrio y la direccionalidad del trazo.

Lejos de ser una mera restricción formal, esta condición genera una economía específica de decisiones plásticas. El borde curvo tensiona la relación entre centro y periferia, diluye jerarquías internas y promueve dinámicas visuales centrífugas y centrípetas. El resultado es un conjunto de obras que interroga los modos de construcción de la imagen.



Tras su recorrido en 2025 por Barcelona, Ibiza, París, Londres y Tokio, una selección de la muestra se presenta en Art Madrid, reforzando su vocación internacional y su capacidad de adaptación a distintos contextos culturales. La propuesta para Art Madrid’26 reúne a artistas cuyas trayectorias se sitúan en la intersección entre arte urbano, ilustración contemporánea y prácticas híbridas: Honet, Yu Maeda, Nicolas Villamizar, Fafi, Yoshi y Cachetejack.

Aunque sus lenguajes son heterogéneos, desde aproximaciones más gráficas y narrativas hasta exploraciones cromáticas de fuerte carga gestual, la curaduría establece un eje común. Una actitud libre, experimental y marcadamente colorista. En este sentido, el color actúa como estructura conceptual que articula las obras y las conecta con la materialidad específica de POSCA.



La intensidad cromática propia del marcador dialoga con la contundencia formal del círculo, generando superficies donde la saturación y el contraste adquieren protagonismo. La herramienta se integra así en el discurso expositivo, siendo un elemento coherente con las estéticas de los artistas participantes

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es la incorporación activa del público. En el espacio expositivo, que ocupará la acción de POSCA durante Art Madrid’26, los visitantes podrán intervenir círculos dispuestos en la pared, utilizando marcadores POSCA, integrándose de esta manera simbólica a The Rolling Collection durante su paso por Madrid.



Esta estrategia introduce una dimensión relacional que desestabiliza la noción de obra cerrada. De esta manera la autoría se descentraliza y el espacio expositivo se transforma en superficie dinámica de acumulación de gestos. Desde una perspectiva teórica, podría leerse como una aproximación a prácticas participativas que, sin renunciar a la calidad formal del conjunto, abren el dispositivo artístico a la contingencia y a la multiplicidad de voces.

La elección de POSCA como herramienta para esta intervención colectiva no es casual. Su facilidad de uso, control del trazo y compatibilidad con múltiples superficies garantizan una experiencia accesible sin comprometer la potencia visual del resultado. El marcador funciona de esta forma, como mediador entre el ámbito profesional y la experimentación espontánea, borrando las jerarquías técnicas.



El propio título, The Rolling Collection, sugiere una colección en movimiento, no fijada a un único espacio ni a una configuración definitiva. El carácter itinerante, sumado a la incorporación de intervenciones locales, convierte la acción en un organismo en constante transformación. En este marco, POSCA se posiciona como catalizador material de una comunidad creativa transnacional. La marca, históricamente vinculada a escenas urbanas y prácticas emergentes, refuerza su identidad como aliada de procesos abiertos, experimentales y colaborativos.

POSCA x The Rolling Collection no debe leerse únicamente como una colaboración entre empresa y proyecto curatorial, es sobre todo, una convergencia estratégica entre herramienta, discurso y comunidad. La acción propone una reflexión sobre el formato, la circulación global del arte contemporáneo y la expansión de la autoría; POSCA aporta la infraestructura técnica que hace posible tanto la obra individual como la experiencia colectiva.