Exposición Pixar en Caixaforum Madrid

Si alguna vez te ha picado la curiosidad sobre cuál es el proceso de creación que se esconde detrás de un producto de animación, esta es tu oportunidad de conocerlo desde dentro y dejarte sorprender. No os engañéis, esta no es sólo una exposición para niños.

 

 Mike y Sullivan en Monsters University

Mike y Sullivan en Monsters University

Muchas veces nos pasan desapercibidas las horas de trabajo que hay detrás de un producto de animación. Hasta cierto punto rebajamos ese esfuerzo diciendo: “bueno, pero eso está hecho por ordenador”, como si estas maravillosas máquinas, que han venido a revolucionar los esquemas de trabajo y producción, no tuviesen detrás el respaldo intelectual y el esfuerzo del hombre a lo largo de todo el proceso de creación. Pensamos que ya no se hacen películas como “Fantasía” o “Blancanieves” de Disney, laboriosamente dibujadas a mano. No obstante, y aunque el resultado pueda inducirnos a error, las modernas películas de animación son claramente deudoras de aquellas primeras, elaboradas casi de forma artesanal con mimo y esmero. Han cambiado los medios, ha cambiado la técnica, pero el trabajo de concepción, diseño y elaboración sigue siendo fiel a sus orígenes.

Ricky Nierva. Estudio de color para Mike. (Monstruos, S.A., 2001). Rotulador y lápiz sobre fotocopia

La exposición “Pixar” que acoge CaixaForum Madrid, del 21 de marzo al 22 de junio de 2014, nos permite conocer desde dentro este universo desconocido, del que muchas veces sólo nos quedamos con el resultado visible. Pixar ha sido una empresa pionera en el sector de la animación digital, avanzando de forma precoz lo que se presentía como un futuro transgresor, primero, revolucionario, después, y finalmente próspero y prometedor, que hoy se reconoce como una marca con personalidad y entidad propias.

Como una pequeña ventana abierta a los entresijos del mundo de la animación digital, la exposición es un recorrido didáctico sobre el proceso de creación de un largometraje Pixar, desde el diseño de los personajes, la confección de maquetas en resina o las pruebas de storyboard para testear el impacto y acogida del guión. Te sorprenderá ver la calidad y amplitud de los trabajos artísticos previos, realizados mediante distintas técnicas plásticas, mucho antes de que el primer trazo digital haya sido “esbozado” en un ordenador. Además, la sala esconde dos interesantes salas oscuras: una maqueta de zooscopio con personajes de Toy Story que sin duda os hará pensar sobre el funcionamiento técnico de este efecto óptico, y una sala de proyección de los primeros cortometrajes Pixar, toda una delicia para los amantes del sector.

 
 Bob Pauley. Woody y Buzz (Toy Story, 1995). Reproducción a rotulador y lápiz.

Esta exposición para todos los públicos no tiene desperdicio, y una vez dentro descubrirás (como yo) que has visto muchas más pelis Pixar de las que recordabas… No os perdáis las actividades complementarias a la exposición, hay interesantes conferencias sobre guión cinematográfico o la elaboración y definición de personajes en este tipo de filmes.

 

Más información:

Abre de lunes a domingo: de 10 a 20 h.

http://www.agendacentrosobrasociallacaixa.es/es/caixaforum-madrid/exposiciones-temporales-caixaforum-madrid/pixar

 

 

 

 

 

Dentro de los perfiles profesionales especializados que se pueden encontrar en el sector cultural, y más concretamente, en el ámbito de las artes visuales, una de las ocupaciones más recientes es la del comisario. Si la década de los 80 fue el auge del rol del artista, con su carácter innovador y la puesta en valor de su figura como articulador esencial de las propuestas creativas, el final de siglo trasladó el interés hacia los propios centros expositivos y su labor como custodios de la producción actual y como espacios para dar cabida a todas las propuestas. El cambio de milenio introdujo con fuerza en este panorama el rol del comisario. Quizás unido a una crisis de identidad social, quizás a la complejidad que está adquiriendo actualmente los proyectos contemporáneos, la necesidad de construir, articular y ahondar en los discursos artísticos se hizo evidente.

Aunque las funciones encomendadas a esta profesión no son nuevas en su totalidad, pues antes habían sido asumidas por conservadores, críticos o expertos según las temáticas, el rol ha adquirido solidez porque aúna todas estas finalidades al tiempo que permite la especialización de otros profesionales en sus respectivos ámbitos de competencia. Ahora bien, como algunos comisarios mismos señalan, no debe olvidarse el espíritu genuino de esta figura, que ha nacido para facilitar el entendimiento del discurso, crear narrativas dentro de un contexto en ocasiones caótico y disperso, mediar entre las obras y el espectador y crear puentes entre el arte contemporáneo y la sociedad.

El arte de nuestros días plantea multitud de incógnitas para el visitante que debe enfrentarse a propuestas muchas veces alejadas de los cánones estéticos pautados, lo que da paso a la incertidumbre y el desconcierto; pero, a su vez, estas obras emplean un lenguaje más cercano, unos materiales y hasta composiciones desprendidas de la sofisticación y el alarde técnico de antaño, algo que, lejos de favorecer la proximidad con el mensaje, genera cierto distanciamiento. Lo que acabamos de describir es parte de la esencia misma del arte actual. El cuestionamiento de las pautas formalistas y el recurso a elementos tangibles más utilitarios que embellecedores son los nuevos criterios de la creación, donde, por encima de todo prima el mensaje que se quiere transmitir.

Asimismo, otra característica intrínseca de la obra de nuestro tiempo es la preocupación de los artistas por temáticas más inmediatas, por cuestiones de carácter social, político y económico que buscar crear un revulsivo narrativo y conceptual, dejando atrás la prioridad estética o, mejor dicho, haciendo del discurso su propia estética. En este contexto, por extraño que pueda parecer, la creación contemporánea se encuentra con una barrera lingüística dificultando el entendimiento del espectador. Y a esta circunstancia se suma la abundante producción actual, abarcando un amplio abanico de temáticas que no son sino trasunto de nuestra sociedad diversa y globalizada.

El comisario contribuye a facilitar esa comprensión articulando un discurso coherente que permita la agrupación de ideas conexas para cohesionar el mensaje. Esto exige tener un profundo conocimiento del estado actual del arte, de las líneas de trabajo de los creadores, de las propuestas estéticas más recientes y de las demandas reales de la sociedad para tender un puente al diálogo y permitir el acercamiento al arte. Si el arte se ocupa de los mismos asuntos que nos preocupan a todos, ¿cómo no vamos a compartir sus postulados? La mediación cultural requiere del trabajo de los comisarios para abrir una pequeña ventana a la reflexión y para posibilitar un espacio de intercambio y de generación de ideas. Compartimos el pensamiento que José Guirao expresó en una entrevista reciente: “El comisario es alguien que desvela algo nuevo y sería un error que los comisarios se conviertan en gestores”.

Entendido así el papel del comisario, muchas instituciones se han subido al carro de crear convocatorias específicas para que los nuevos profesionales puedan dar salida a sus propuestas. Recordemos a modo de ejemplo la convocatoria “Inéditos” de La Casa Encendida, “Se busca comisario”, de la Comunidad de Madrid, o la convocatoria de Comisariado de La Caixa.